Un aterrizaje en mi nueva vida
Escrita por 100 autores · ES
Llevaba años sobrevolándolo todo —la escuela, el bar de los cacahuetes, el campo de fútbol—, viéndolo desde tan arriba, siempre en gris. Aquel lunes decidió aterrizar, y eligió la pista más blanda: la cocina de la iaia. La sopa de letras era una manchita amarilla allá abajo. —¿Qué tal el cole, cariño? Mateo no contestaba: flaps, altitud, tren de aterrizaje. Pero cada cucharada acercaba el bol. Aparecieron los bordes azules, la cuchara doblada, el color. —Hoy echo de menos al abuelo. Le llevé tulipanes amarillos, sus favoritos. ¿Tú lo sigues viendo? Mateo se paralizó. Pestañeó. Y allí, nítidas en la cuchara, leyó dos palabras: te quiero. No volvió a despegar. Por primera vez en mucho tiempo, contestó con el corazón. Durante años, Mateo había resuelto la vida pensándola; ahora le tocaba lo más difícil: aprender a vivirla sintiéndola.
Y es que con el paso del tiempo te das cuenta de que lo importante en esta vida es actuar, ser valiente. A Mateo siempre se le había atragantado el dar ese paso hacía delante hasta que tuvo que mudarse a Barcelona. Ahí se tuvo que enfrentar a una nueva realidad dónde tenía que empezar de cero tras haber pasado de plantearse un cambio a vivirlo. Al entrar el primer día en la oficina y tomarse el primer café rodeado de preguntas vacias de sus compañeros apareció Javier, una señal del destino.
Pensó que era lo que siempre había deseado!! Pero qué sería capaz de decirle? O preguntarle!!! Le ardía el estómago y la mente le iba a 1000!!! Pensó que debía relajarse y tomó una bocanada de aire y sin pensarlo se fue derecho a él!!! Después de unos pasos que le parecieron eternos se encontró frente a él, lo miró a los ojos y en ese momento se quedó en blanco... Que podría preguntarle sin que pareciese que todo estaba preparado, volvió a mirarlo y se dio la vuelta y volvió a su mesa....
Mateo se quedó mirando el café frío que tenía delante. Llevaba veinte minutos ensayando la pregunta en su cabeza y ahora, con ella a tres mesas de distancia, todo le sonaba forzado. Sacó el móvil, fingió leer algo importante y la observó por encima de la pantalla. Ella reía con alguien por teléfono. Él se levantó sin pensarlo, con las llaves en la mano, como quien va a pedir la cuenta. —Perdona —dijo al pasar junto a su mesa—, ¿tú no eras la del tren de Inca? Ella colgó el teléfono despacio, y Mateo supo que se había equivocado de persona
Durante varios días había seguido intercambiando mensajes creyendo que hablaba claramente con una antigua compañera de la universidad. Confundido, revisaba cada poco tiempo las conversaciones. hasta que llego el momento que ella le bloqueo y no puedo seguir mandando mensajes. Claramente Mateo se frustro, y decidió seguir investigando por Instagram hasta dar con lo que realmente estaba pasado. Claramente Mateo se frustro, y decidió seguir investigando por Instagram hasta dar con lo que realmente estaba pasado.
A veces las pistas no llegan como pistas, sino como ruido: perfiles que se cruzan, publicaciones realmente irrelevantes… o acaban siendo piezas que encajan demasiado bien, como un estruendo en tu cabeza. Mateo no sabía si estaba investigando o aprendiendo a ver patrones donde antes no había nada. Pero hay casualidades que insisten, que se repiten hasta volverse casi una forma de sentido. No podía dejarlo pasar por alto. Y quizá ahí empieza todo: en lo que parece azar, pero termina abriendo una puerta a algo que nunca había ocurrido antes, porque él sí quiso saberlo.
Entonces llega a ver un simple pero reluciente fulgor que sobresale de la puerta abierta ya hace tiempo, donde ya la humanidad se desvanece en un simple destello de promesas y mentiras que nunca se habrían cumplido. Mateo jamás en su vida ha pensado en la mera oportunidad de destacar en la vida, solo aceptaba su simple futuro como si la vida le fuera en aquello Entonces, como persona simple sin destacar,decidira cruzar la puerta o quedarse oculto?
Mateo Crespo tragó saliva. No era valiente ni especial; solo alguien que siempre había preferido pasar desapercibido. Miró la puerta entreabierta y oyó un ruido al otro lado. “Si entro, ya no hay vuelta atrás”, pensó. Dio un paso, luego otro, y justo cuando iba a empujarla, una voz susurró desde dentro: “Te estaba esperando”. Pero cuando Mateo cruzó la puerta, entendió que no había entrado en una habitación, sino en una decisión que llevaba años esperando.
Ante él, se mostraba una carta. El autor era desconocido, aunque esa caligrafía le provocó un escalofrío de los pies a la cabeza. Sin darse cuenta ya estaba parado sobre la carta. Mirandola fijamente casi sin saber como ya la tenía en las manos, sudaba, aunque la temperatura del lugar era fresca y con bastante humedad, lo que es extraño ya que la carta se mantenía en buen estado. Tendría que llevar ahí poco tiempo. Secándose el sudor, comenzó a leer el contenido de la carta. Evitando omitir que esa caligrafía no le transmitía una buena sensación
A medida que avanzaba por las líneas, el pulso comenzó a acelerársele. “Sé que has estado buscando respuestas durante todo este tiempo. Las encontrarás donde todo empezó. Cuando leas esto, yo ya estaré lejos y nadie podrá detener lo que está a punto de ocurrir. Hay cosas que jamás debieron salir a la luz, pero ahora es demasiado tarde.” Tragó saliva y continuó leyendo. Sus ojos descendieron hasta la última línea, escrita con una presión tan fuerte que parecía haber marcado el papel. Sus ojos descendieron hasta la última línea, escrita con una presión tan fuerte que parecía haber marcado el papel.
Al leer aquello, algó hizo click en su cabeza. Mateo tomó una decisión. Rápidamente, abrió el armario y cogió un par de mudas. Las metió en la maleta y se fue en dirección al aeropuerto. Hizo lo que siempre quiso hacer, coger el primer vuelo disponible. Se había dejado llevar, y eso le llenó de valentía; una nueva aventura comenzaba.
Mateo miró la maleta y comenzó su camino, allí dejaba atrás diez años de rutina y toda su vida, pero ahora tocaba avanzar hacia delante con miedo si, porque tenía miedo al cambio pero el cambio significaba evolucionar, conocer gente nueva que le aporte y no le reste, avanzar es necesario se dijo a sí mismo mientras comenzaba su camino hacia su nueva vida llena de sorpresas. Convencido de que iba a ser capaz de salir hacia delante pasase lo que pasase porque él sabía de qué madera estaba hecho Él estaba formado por cada una de esas personas Que habían conversado o abrazado asi que él iba sin miedo. Pero no tardó en encontrarse lo inevitable
Ahora se enfrentaba a algo que llevaba intentando evitar mucho tiempo: el reencuentro con su compañero de clase que tanto le había hecho sufrir durante su infancia. A Mateo le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo, pero recordó que llevaba consigo a todas las personas que habían dejado huella en su vida, y de repente, toda desconfianza se esfumó. Por fin afrentaba su problema. Miró a su antiguo acosador a los ojos y le dijo:
-¿Porque?¿Porque yo? -Tienes todo lo que yo no tengo, confianza, la familia que te ama y autoestima, todo lo que a mi me ha faltado desde pequeño. Le respondió el acosador. Entonces se quedo mirando al acosador sin saber reaccionar, pensando en que por dentro no era tan malo. Al final respiro y con voz alegre le propuso:
- ¿Quieres venir conmigo? El acosador no respondió. Solo bajó la mirada como si aquella frase hubiera abierto una grieta. Mateo Crespo mantiene la mirada fija en él, aunque por dentro siente miedo. - ¿Conmigo? - pregunta el acosador , desconfiado - ¿estás intentando burlarte de mi? - No - responde Mateo - estoy intentando salvarte. El acosador soltó una risa seca. - ¿Salvarme tú? Pero si no sabes ni defenderte. Mateo no contesta enseguida. - ¿Salvarme tú? Pero si no sabes ni defenderte.
Sintió una punzada en el pecho. Seca, directa, profunda. La inseguridad que tenía en sí mismo había traspasado su propia frontera y ahora los demás también dudaban de él. - Tienes razón. Ni siquiera soy capaz de salvarme de mi.
Mateo se quedó en silencio, mirando al techo como si ahí estuviera la respuesta. No llegó. Solo volvió ese ruido de fondo que nunca se va del todo. Y por un momento, pensó en todas las veces que había intentado arreglarlo y en como siempre terminaba en el mismo punto. Respiró hondo, pero el aire pesaba más que él. Quizás no era salvarse, sino aprenderse a no hundirse más. Se levantó despacio, como si cada movimiento tuviera un coste invisible, y así siguió adelante, sin saber bien hacia donde. Siguió, y cuando menos lo esperaba apareció algo que le llamó la atención
Siguió, y cuando menos lo esperaba apareció algo que le llamó la atención. A unos metros, junto al banco de una parada de autobús casi vacía, había una mochila azul. Parecía corriente, pero estaba abierta y dejaba asomar una libro muy peculiar, blanco como la nieve y lleno de anotaciones en caracteres ininteligibles. Mateo dudó unos segundos antes de acercarse. Al levantar la vista, vio a una mujer observándolo desde la acera de enfrente. ¿Es suyo? —preguntó Mateo. La mujer sonrió, como si lo estuviera esperando desde hace mucho tiempo.
Y no dudó en abrazarla y preguntarle sobre sus vacaciones en Canarias, a lo que ella respondió con un breve silencio, pero había algo en el ambiente que le hacía sentir seguro, el cantar de los pájaros en ese amanecer se sintió como lo que siempre había buscado, lo tenía enfrente Como la sensación de sentir que tienes un fantasma a tu lado sin ninguna mala intención
Mateo se giró sobresaltado al sentir esa soledad que hace ruido, esa mano sombría inexistente que te guía. Al no ver a nadie entendió que estaba solo, decidió salir de ahí, bajo corriendo al bar, a su bar, a preguntar por ella, por la chica que aparecía constantemente en sus sueños. - Buenas tardes Dani, ponme lo de siempre.- dijo mientras se sentaba en su butaca de confianza. El señor Seller le sirvió su ron favorito y Mateo le preguntó si había oido hablar alguna vez de una tal Isabel Meleno. Mateo fue a preguntar a su bar de confianza si había oido hablar de una chica que se aparecía en sus sueños, esta misteriosa chica se llama Isabel
Isabel aparecía y desaparecía como si de un fantasma se tratase. Siempre en el momento indicado, cuando menos la esperaba. Aunque de la misma forma, siempre se marchaba cuando Mateo intentaba acercarse más, saber más de ella…blup. Como si Isabel se evaporase con el viento. Aunque de la misma forma, siempre cuando Mateo intentaba acercarse más, saber más de ella…blup. Como si Isabel se evaporase con el viento.
Pero esta vez no iba a ser igual, no se iba a repetir ese mismo patrón. Decidió plantarse en la puerta de su casa y así poder aclarar lo que había entre ellos. mateo estuvo esperando durante varias horas pero sabía que no se le podía escapar. Y cuando drrrepente la vio aparecer a lo lejos Mateo se levantó, le costó reconocerla porque no parecía ella, tenía un look muy distinto, no parecía ella. Y cuando se tenían enfrente Mateo soltó la primera frase para aclarar lo que pasaba entre ellos. Ella le frenó para que no siguiese hablando y le dijo: Si quieres saber la verdad ven a este mismo sitio mañana a las 22:00.
Mateo desconcertado aceptó. El resto del día fue un tormento. ¿La verdad?- se preguntaba. Intentó pasar el dia distraído pero nada le quitaba de su cabeza esas palabras. Cuando aún faltaban tres horas para la cita se quedó mirando embobado el armario. ¿Tan importante será la ropa que me ponga como para estar aquí de pie mirando pantalones y camisetas? Pensó. Apenas había dormido y quizá el sueño empezaba a hacerle mella. La intriga le carcomía. Por fin llego la hora, más que puntual, Mateo llegó unos treinta minutos antes. Se sentó y espera a que ella llegara para contarle "la verdad".
Mateo nunca había estado tan nervioso como en ese momento, pensando en todo lo que ella le podría contar. La verdad, ¿sería algo que le cambiaría la vida a Mateo para siempre? Mientras miraba la manecilla del reloj moverse, los minutos parecían no pasar, largos, lentos, eternos para Mateo. Finalmente la vio llegar, con su pelo ondeando al viento, sus ojos brillantes pero sin esa sonrisa que tanto le gustaba a Mateo. En su lugar había una mueca de preocupación y una mirada sería. Finalmente, ella abrió la boca y le dijo la verdad: "Antes de seguir más allá creo que deberías saber lo que realmente soy, a lo que pertenezco".
Mateo no respondió de inmediato. La observó en silencio, intentando encajar aquella frase en todo lo que había vivido desde la llamada. Afuera, la ciudad seguía como si nada, indiferente, y a través del cristal, la luna permanecía inmóvil, observando ajena todo, como si también supiera la verdad antes que él. Ella bajó la mirada un segundo, como si buscara la forma correcta de decir lo siguiente, sin romperlo del todo. Y entonces pronunció su nombre completo, el que él no usaba desde hacía años. Y entendió que aquello ya no era una conversación, sino una condena.
Mateo no respondió. Se quedó inmóvil, como si aquellas sílabas hubieran encontrado una grieta por la que colarse hasta un lugar que llevaba años sellado. Al otro lado de la mesa, ella bajó la mirada. —No quería hacerlo así —murmuró. Él soltó una risa breve, cansada. —Entonces no lo hagas. Pero ambos sabían que ya era tarde para la misericordia. Sobre la madera, la fotografía tembló entre sus dedos. Y lo que vio en ella le robó hasta el derecho a negar la verdad. Porque hay descubrimientos que no cambian el pasado, pero consiguen romperlo igualmente.
Todo parecía tener sentido. Los recuerdos encajaban unos con otros. Entonces apareció un detalle olvidado. Nada capaz de alterar lo que había ocurrido. El pasado permanecía intacto, ajeno a cualquier revelación. Y, sin embargo, algo se rompió. De pronto, los mismos acontecimientos comenzaron a verse de otra manera. Lo que se había entendido como una decisión empezó a parecer una consecuencia. Nada había cambiado realmente. Pero la historia construida alrededor de ellos ya no era la misma. Porque a veces la verdad no modifica el pasado. Solo lo ilumina desde un ángulo diferente.
Las palabras que había escuchado seguían persiguiéndolo. No eran nuevas. Quizá siempre habían estado ahí, escondidas entre silencios y recuerdos incompletos. Lo inquietante era que ahora encajaban de otra manera. Al doblar una esquina, creyó reconocer una figura al otro lado de la calle. Se detuvo un instante, observando bajo la lluvia, mientras una duda inesperada comenzaba a tomar forma en su mente. mientras una duda inesperada comenzaba a tomar forma en su mente
Tenía algunas contradicciones internas. Era como si dentro de sí mismo hubiera mas de una persona, una le decía una cosa y la otra lo contrario. A veces sé agobiaba porque las dudas no le dejaban decidir, pero poco a poco fue aprendiendo a diferenciar esas voces de la suya propia, y aprendió que dudar no era algo malo, porque eso le permitía justamente elegir. Aprendió a relativizar los problemas, a decidir entre tantas dudas, y a escucharse entre tantas contradicciones.
Pero a veces, la bruma que nublaba su pensamiento volvía sin avisar y obligaba a Mateo a preguntarse si las decisiones que había tomado eran realmente las que deseaba. Pero justo cuando estaba a punto de convencerse de ello, una llamada inesperada hizo que se quedara inmóvil mirando la pantalla del móvil.
Frunció el ceño. No reconocía el número. 610…. Ni idea. Descolgó. -¿Si? -¿Mateo? -Sí -Soy yo, Sergio. Menos mal que te localizo. Necesito tu ayuda. -¿Qué Sergio eres? -¿No te acuerdas de mi? Soy Sergio, el de la tortuga. Y entonces, recordó. Una tarde de final de verano y una tortuga avanzando por la calle con una determinación admirable. No iba a ninguna parte, ¿o si? -Se ha vuelto a escapar, necesito que me ayudes de nuevo a encontrarla. -Está bien. Te veo en 5 minutos al final de la calle. Salió a la calle, miró el cielo y pensó que la vida tenía una extraña manera de recordarle que no todo era tan transcendente como parecía.
Y claramente no lo era, es algo difícil de ver, de entender y que por desgracia la vida nos pone malditas piedras en nuestro camino para tropezar. Y el tropezar no nos hace malos, ni debiles . Pensamos que ser débiles nos hace menos que el resto, pero yo no lo veo asi, a situaciones en la vida que te hace ver que esa debilidad te hace ser mas que el resto. Y eso lo ha visto el, es consciente, lo sabe ¿pero que es lo que le falta? Entonces ¿que es lo que le hace feliz?
que le hace feliz, las tardes en el parque con los cascos a todo volumen, las comidas con su familia o las quedadas con sus amigos. No lo sabe y tampoco le hace falta descubrirlo. Por ahora seguir con su vida siguiendo lo que le mueve aunque no sepa muy bien que es. Y sobre todo disfrutar del momento. Porque somos lo que vivimos y disfrutar del presente nos hace lo que somos y seremos en el futuro.
Mateo cerró su cuaderno con una sonrisa agridulce, saboreando el eco de esa reflexión. Miró a través del ventanal de la cafetería, contemplando el ritmo acelerado de la ciudad en la tarde. Se levantó con calma, acomodándose la chaqueta. -Es ahora o nunca -se susurró a si mismo, convencido por fin de que su momento de actuar había llegado. Dio el primer paso hacia la calle, sabiendo perfectamente que no había vuelta atrás.
Y de repente, cuando iba a cruzar la calle con mucha prisa vio como un coche atropellaba a su vecina. Llamó inmediatamente a la ambulancia. Cuando se aseguró que la ambulancia había llegado, siguió su camino.
No quiso mirar atrás, siguió su camino tomando una profunda respiración. No quería saber que era exactamente lo que había pasado... simplemente quería seguir con su vida. Él era consciente de que esto le iba a afectar severamente y que no iba a ver la vida de la misma manera. Por lo tanto, llamó a su amiga Vanessa para despejarse tomando unas cervezas Por lo tanto, llamó a su amiga Vanessa para despejarse tomando unas cervezas
—¿Sabes qué es lo peor? —preguntó Mateo—. Que llevo tanto tiempo esperando que las cosas cambien, que ya no sé quién sería sin esta incertidumbre. Vanessa guardó silencio unos segundos. —Quizá la vida no te está haciendo esperar. Quizá te está enseñando a vivir mientras esperas. Mateo bajó la mirada. Por primera vez, entendió que el tiempo no siempre se pierde cuando no se consigue lo que se quiere.
Tras mucho tiempo, estaba exhausto, pero comprendió que todo tenía un sentido. El círculo se cerraba de manera perfecta, aunque no era lo que él deseaba, estaba más cerca de conseguirlo. Levantó la cabeza y empezó a andar sin decir nada. Tras un duro golpe, comprende que tiene claro los pasos a seguir para llegar a su objetivo
Con el tiempo, empezó a entender que no siempre todo tiene que salir perfecto, pues nadie ni nada lo somos. Empezó a creer más en el, lo que le llevó a hacer grandes cosas maravillosas y a hacer nuevos proyectos, que con el tiempo y mucho esfuerzo, tomaron forma y éxito Y entonces, le dió un golpe de inspiración…y tuvo una idea…
Tal vez no era la mejor pero era suya y el creía en su causa, era algo que cambiaría la manera de pensar de la gente , era la manera en que crearía su revolución y aunque pareciera solo un granito de arena el sabia que si ejecutaba lo que estaba pensando seria libre porque tener esa idea pero no llevarla a acabo seria como no haberla tenido Asi que se levanto y en voz muy alta dijo:
Se acabó, no puedo seguir tolerando este comportamiento soez en esta sala. El silencio se hizo extenso e incómodo. Mateo tenía cierta paciencia pero no aguantaba insinuaciones de ese calibre por parte de desconocidos hacia su propia familia, una forma despectiva y cruel. Así que posteriormente golpeó la mesa e hizo que todos los presentes en dicho espacio salieran inmediatamente. Ellos salieron despavoridos y hasta con cierto miedo. La multitud despavorida huyó por el comportamiento de Mateo ya que…
A las personas les daba miedo la actitud de Mateo,tan prepotente,borde y antipático, pero lo que no sabían esque estaba pasando por uno de los momentos más duros de su vida,tenía ansiedad ,depresión y lo único que encontraba era soledad y un vacío inmenso Hasta que llegó una persona que le sacó de ese vacío...
y sucio contenedor de basura. En ese momento se dio cuenta de que siempre te salva quien menos te lo esperabas. Gracias a ese gesto él pudo seguir su camino hacia la playa donde le estaba esperando su madre con un bocadillo de tortilla de patatas y un tinto de verano. Después se durmió la siesta tumbado en la toalla
Podía sentir como el sol quemaba su cara, pero él no busco refugiarse en la sombra. Se dejó estar, como un objeto olvidado, renunciando al control. De pronto, una voz rompió su letargo. – Mateo, no puedes rendirte al pecado capital que es la pereza. Intentó abrir los ojos, quiso decir que prefería quedarse allí, quieto, pero se aseguró de sellar esas palabras dentro de sí, pues ese era el acuerdo. De todas formas, eso nunca funcionaba. No sabía cuánto tiempo había estado allí pero la arena se le había pegado a las manos.
No supo como reaccionar Decidió que lo era mejor irse de allí... Alejarse de todo aquello que podía culparle de que hubiese sido él Sabía que no era lo acertado pero en ese momento no supo como reaccionar Y de repente se encontró con un antiguo compañero de trabajo Estaba igual que siempre, no había cambiado nada, seguía en las mismas Lo había visto todo, sabía todo lo que estaba sucediendo...
Parecía que Mateo estaba dispuesto a enfrentarse a ello, pero un mar de dudas nubló su cabeza. ¿Sería realmente capaz de plantarle cara? ¿O prefería seguir siendo invisible como hasta ahora? Mateo siempre había sido un chico tranquilo, de esos a los que les gusta pasar desapercibido, pasar de puntillas, pero a la vez observar hasta el más mínimo detalle. Y si algo tenía claro, es que odiaba las injusticias. No podía quedarse de brazos cruzados, no esta vez. Debía trazar un plan perfecto. Mateo se armó de valor. Le gustaba el anonimato y la tranquilidad de su círculo, pero ser invisible no era una opción esta vez. Decidió luchar.
Y esta vez lucho por él mismo y para dejar constancia, junto a su amiga Gema fueron a tatuarse la palabra «Gobernarme». Cada vez que Mateo dudaba de sí mismo, lo miraba y recordaba lo que significaba: ser tu mejor amigo, no negociar lo innegociable y desearte la vida que deseas para quienes más quieres. Y así no rendirse ante sus miedos, prometiéndose no volver a ser su propio enemigo. También cogió el teléfono y marcó el número al que siempre quiso llamar. Gobernándome y eligiéndome ahora sé que es esa persona a la que debo llamar.
Y llamé. Mateo vivió durante muchos años con la preocupación de saber qué pensará la gente de él. Sentirse querido era la mayor de las preocupaciones, eso le consumía mucha energía y psicológica y mentalmente le agotaba. Su sueño principal era ser millonario, tal vez para poder ocultar ese complejo que siempre tuvo, y para impresionar a los demás… eso que tanto le importaba. Esas ganas de querer mostrar esa superioridad y éxito al mundo podrian acabar por ponerse en su contra. ¿Cómo de importante es sentirse querido? ¿Y obsesionarse con el dinero? ¿La opinión de los demás es tan importante como pensamos?
Todo el mundo quiere encajar, encontrar su espacio, con quien compartir su tiempo, pero, ¿qué tan importante es esto si no sabemos quienes somos?. No hay nada más valioso que uno mismo y saber transmitir eso al resto hace que encontremos a quienes merecen realmente la pena. Si tú no te quieres, difícilmente vas a valorar al resto como se merecen ni vas a ser respetado fomo deberías. Todo lo bueno que tienes lo sabrán apreciar aquellos merecedores de tu potencial. Por eso necesito saber quien soy Todo lo bueno que tienes lo sabrán apreciar aquellos merecedores de tu potencial.
Mateo respiro hondo y en lugar de dejarse arrastrar por la frustración, cerró los ojos y repitió para asimismo una frase que su abuelo solía decir cuando los planes se desmoronaban “Fiha kheir” hay un bien en ello, algo bueno saldrá de esto. Sabía que, aunque hoy no entendiera el motivo de este tropiezo, el tiempo terminaría, revelando la enseñanza oculta, abriendo una puerta mucho mejor. Y con una sonrisa se dió cuenta de que no todo lo que se pierde es una pérdida.
Porque llevo semanas intentando arreglar algo que ya pasó —dijo Mateo. La mujer guardó silencio unos segundos antes de responder. —Hay cosas que no se arreglan. Solo se entienden más tarde. Mateo asintió. —Puede ser. Caminaron unos metros más entre el bullicio de la tarde. —Nunca te lo había contado —añadió él—. Soy musulmán. —No lo sabía. —Tampoco es algo que mencione mucho. Pero forma parte de quién soy. Ella sonrió. —Entonces me alegra saberlo. Los dos siguieron andando sin prisa.
Los dos siguieron andando sin prisa. La noche era tranquila, pero Luna no conseguía quitarse la sensación de que algo iba mal. Mateo caminaba en silencio, con la mirada fija al frente. Al girar una esquina, ella se detuvo de golpe. Un hombre los observaba desde el otro lado de la calle. Cuando sus ojos se cruzaron, él sonrió y levantó una fotografía. En la imagen aparecían Luna y Mateo… tomadas apenas unos segundos antes. Y entonces Luna vio en el fondo de la fotografía robada de ellos dos algo que hizo que se le helara la sangre.
Acercó la imagen a la pantalla del móvil y amplió la esquina superior derecha. Al principio pensó que era una sombra o una persona cualquiera pasando por detrás en el momento de la foto. Sin embargo, cuanto más aumentaba el zoom, más claro resultaba. Era un hombre. Un hombre observándolos. No sonreía. No hablaba con nadie. No parecía estar caminando. Simplemente estaba allí, de pie, mirando directamente hacia ellos. Luna sintió un escalofrío recorrerle la espalda. —No puede ser… La fotografía había sido tomada hacía casi tres meses, durante una escapada de fin de semana a la costa con Mateo. Recordaba perfectamente aquel día.
Pensarlo le traía la nostalgia de aquel momento: cómo el sol se reflejaba en el mar, cómo sentía la libertad que tanto ansiaba encontrar al contemplarlo, deseando parecerse a él. contemplaba el mar queriendo encontrar la libertad
Mateo Crespo suspiró, sintiendo cómo el salitre le golpeaba el rostro mientras el viento desordenaba sus pensamientos frente a la inmensidad del horizonte. —A veces, la respuesta está mucho más cerca de lo que creemos —murmuró para sí mismo, antes de darse la vuelta para abandonar la soledad de la costa y enfrentar la realidad que lo esperaba en la ciudad. Sin embargo, justo cuando empezaba a caminar, algo en la arena captó toda su atención. Sin embargo, justo cuando empezaba a caminar, algo en la arena captó toda su atención.
Era un objeto verde y brillante. Fruto de la curiosidad, se acercó para desenterrarlo. Era una botella de cristal con un mensaje en su interior. Le llamó tanto la atención que no lo pensó dos veces y la rompió para leer su contenido. Cuando tuvo el trozo de papel en su mano y lo leyó algo dentro de si mismo cambió. Esa botella no estaba enterrada en la arena por casualidad. Alguien que lo conocía bien la había dejado ahí para que leyese el mensaje que contenía.
Mientras que Mateo analizaba, un niño en la playa lo encontró analizando la botella, la cosa es que el niño no sabía nada sobre esa botella como Mateo, pero la curiosidad hizo que estos dos se hicieran amigos con la finalidad de ver que había dentro Mateo encuentra la botella y aparece un niño el cual no sabía nada y con la finalidad de ver que hay se conocen
Ambos se sientan al coger la botella y observan un objeto extraño en el interior de esta. Mateo le ofrece al pequeño el objeto de cristal al verle emocionado y empieza a correr su imaginación : ojalá fuera una moneda de chocolate o bien una canica … De repente, cuando va a abrir la botella, suena un estruendo trueno y el aire sopla más fuerte que nunca. Lluvia, frío, relámpagos ¿será la botella la causante de este misterio? Lluvia, frío, relámpagos ¿será la botella la causante de este misterio?
Mateo Crespo salió de casa. —Hoy va a ser un día normal —dijo. Un trueno respondió inmediatamente como si se riera de él. En la acera, una botella rodaba sola. Mateo la miró. —Vale… esto es nuevo. Otro relámpago. La botella se paró. Mateo suspiró. —Definitivamente es culpa de la botella. Mateo suspiró. —Definitivamente es culpa de la botella.
Dentro de su corazón hay algo que se mueve y grita. Son unas ventanas entreabiertas con la pintura desconchada. Quiere el alma salir a saludar cuando se cierran de golpe por miedo. Es más fácil la vida cuando te escondes detrás de ese cristal. El vino entra en el pecho con más rapidez que las personas. El vino entra en el pecho con más rapidez que las personas.
No sabía que, unos metros más allá, una persona llevaba semanas esperando el momento exacto para acercarse a él. Mateo observaba la lluvia deslizarse por el cristal cuando notó una presencia a su lado. Era un hombre de unos cincuenta años, abrigo oscuro y mirada cansada. Sin pedir permiso, dejó una fotografía sobre la barra. Mateo la cogió con curiosidad. La imagen estaba amarillenta por el tiempo. Al verla, sintió cómo se le helaba la sangre. El niño que aparecía en ella era él. En el reverso de la fotografía había una fecha, un nombre y una pregunta que Mateo no estaba preparado para responder.
Era la respuesta más difícil que tenía que responderse, ¿era feliz realmente?, mateo miro de nuevo la foto y se dijo a si mismo, “si lo era” pero no estaba seguro de serlo ahora mismo como en esa foto, volvió a mirar la fecha y se dio cuenta que aunque ahora era otra persona, más maduro más “inteligente” más responsable, no era igual de feliz. Cogió el teléfono y decidió llamar a la persona que aparecía en la foto, a pesar de que había pasado tiempo y no estaba seguro Al escuchar su voz través del teléfono se quedó callado unos segundos, analizando qué decirla después de tantos años.
El silencio se prolongó tanto que el sutil zumbido de la línea telefónica empezó a resultar incómodo. Mateo carraspeó, intentando disimular el vuelco que le acababa de dar el corazón. -¿Mateo? ¿Sigues ahí? -preguntó ella al otro lado, con un tono nostálgico. -Sí, perdona -consiguió decir él. -Es que... me has pillado por sorpresa. Ha pasado mucho tiempo. -Sí, es que... de eso quiero hablarte y explicarte algo.
Y justo ahí todo se paralizó por un momento. Mateo no sabía la que se le venía encima pero mucho menos si sería capaz de gestionarlo. -¿Explicarme? -Si, explicarte. Por que hay cosas que merecen su tiempo. Ya sabes… -Si, si, la vida moderna, la vida acelerada, siempre lo dices, pero déjate de gilipolleces y dímelo ya. - Es posible que tengas que mudarte a otro país. -¿Por que tendría que mudarme a otro país?
-No sé, se te vé estresado, si te mudas, alomejor cambia la cosa. -No te creo.-Dijo Mateo mientras le miraba con cara rara. En ese entonces, Mateo decidió acabar la conversación e ir a dar un paseo, no se veía con ganas de hablar, se sentía manipulado, "mudarse a otro país, que ideas tan horribles", se decía a si mismo, mientras no se daba cuenta de que se había alejado de casa demasiado, y no reconocía este sitio. mientras no se daba cuenta de que se había alejado de casa demasiado, y no reconocía este sitio.
Mateo siguió caminando hasta que encontró una plaza con una fuente apagada, tres bancos torcidos y un cartel que decía: “Bienvenido a donde no tenías que llegar”. Intentó volver por la misma calle, pero ahora había una tienda de colchones cerrada y un señor disfrazado mirando al suelo. Mateo entendió algo importante: no estaba en otro barrio, estaba en el típico sitio raro donde acabas cuando dices “yo controlo” y claramente no controlas nada. Mateo miró el mapa del móvil y entendió el problema: no se había perdido él, si no que no podía reconocer nada de lo que veía.
Era imposible encontrar ni siquiera un rastro de lo que aquellas calles habían sido antes y aunque él estaba donde se suponía que debía estar, nada de lo que sus ojos veían se asimilaba a aquel lugar donde Mateo pasó tantas horas. -¿Y qué mierda ahora? ¿A dónde voy? - se preguntó con algo de miedo. Paralizado, se tomó un momento para respirar y recapacitar sobre todo este viaje. En realidad era bastante ingenuo pensar que todo seguiría exactamente en el mismo lugar en el que estaba cuando Mateo decidió marcharse de allí.
Mateo lo comprobó nada más cruzar la esquina. El barrio seguía allí, pero no era el mismo. El videoclub donde pasaba las tardes de adolescente había desaparecido, la tienda de prensa estaba cerrada y el bar en el que celebró su primer trabajo se había convertido en una cafetería moderna llena de gente mirando portátiles. Caminó despacio, intentando reconocer algo entre tantos cambios. Fue entonces cuando vio a alguien observándolo desde el otro lado de la calle y se quedó inmóvil. Porque, pese a los años transcurridos, habría jurado que aquella persona no seguiría allí.
Mateo Crespo observo el cielo gris y comprendio que cada paso de los ultimos meses lo habia traido hasta aqui, a este instante de calma en su nueva vida cotidiana. Camino hacia casa con una sonrisa serena en el rostro esa tarde.
Después de todo era el mejor día de su vida. Se había dado cuenta de las cosas que son importantes de verdad en la vida. Quizás era eso lo que necesitaba, una vida vista desde muchos angulos. Cuándo llegó a casa Mateo era un poco mas Mateo que antes. Una pieza más.
Mateo sentía que esta experiencia que había vivido le había servido para darse cuenta de lo que de verdad importa. MATEO. Mateo se dio cuenta que no puede amar sin ser amado y la única persona que puede querer a Mateo incondicionalmente es él mismo Ahora que Mateo se sabe amar a sí mismo empieza a darse cuenta de lo importante que es
Y así dejó la necesidad de encajar en moldes ajenos.. Ya no necesitaba que el resto del mundo validara sus acciones...
Ya no necesitaba que el resto del mundo validara sus acciones... Mateo miró el reflejo en el cristal empañado y, por primera vez en años, se reconoció. Las cicatrices de sus errores seguían ahí, pero ya no dolían como antes. El silencio de la habitación, antes asfixiante, ahora se sentía como un refugio. Esbozó una sonrisa leve, guardó la vieja fotografía en el cajón y apagó la luz. Sabía que el camino sería largo, pero los primeros pasos ya eran suyos. Y abrió la carta que tenía desde hace mucho tiempo…
Mateo desdobló con cuidado el papel amarillento. La letra, algo temblorosa, ocupaba apenas unas líneas. “Si estás leyendo esto, es porque has encontrado el valor que yo no tuve.” Frunció el ceño y volvió a leerla despacio. No había firma, aunque no la necesitaba. Reconocía cada trazo. —Vaya… —murmuró. Guardó silencio unos segundos, apoyado en el borde de la mesa de la cocina. Después sonrió, una sonrisa pequeña, casi triste. Tomó el teléfono, buscó un contacto que llevaba años sin llamar y se quedó observando el nombre en la pantalla.
El tiempo pareció detenerse. El reloj en su móvil no paraba de cambiar. Marcó, pero, ¿qué esperaba? El tono rompió el silencio. ¿Contestaría? - Deje su mensaje después de la señal... "pip" El pitido lo devolvió a la realidad. Guardó el teléfono en su bolsillo y salió a la calle. La noche ya cubría las casas y las sombras le acompañaron en su paseo. Su pierna vibró. Volvió a vibrar. Sacó el teléfono. Le había devuelto la llamada. Después de tantos años... ¿qué sería de el?
Mateo colgó de golpe. Y es que a veces las grandes metas se cumplen, a pesar de que ese objetivo que se persigue sea perjudicial para otras personas y aun así uno vaya a por él. Porque él siempre busca soluciones para todos, pero decidió que, tras esa llamada, seguiría luchando por su ambición. Aturdido y buscando aire, se puso a caminar sin rumbo hasta que encontró aparcado su viejo Seat 127 de color rojo. Se montó de un salto y aceleró a fondo por la avenida. Creía conducir un coche de carreras, pero un derrape brusco le demostró que no habría paz
Fue exactamente ese momento en el que se dio cuenta de que esto era algo más serio. Sería una carrera a vida o muerte. Justo después vio pasar toda su vida por sus ojos como si lo volviera a vivir en tan solo unos segundos. Llegó a sentir una adrenalina grandísima, jamás había sentido nada igual Pero, esto no acababa aquí y la carrera solo empezaba.
Se dijo Mateo a si mismo, y, en ese mismo momento, empezó a trazar su plan, consciente de que no sería fácil, pero también de que nada ni nadie le haría cesar en el intento de dar hasta el último aliento para conseguir su propósito. Mientras deambulaba por los pasillos, café en mano, analizaba fríamente quien podría serle de ayuda y quien un obstáculo, sabedor de que debía eliminar todos los obstáculos posibles antes de pasar a la acción. Una vez sacadas sus conclusiones, sacó su teléfono e hizo la llamada que pondría el plan en marcha.
-Holaa? Hola, alguien me escucha, no puede ser, este era el número que me dieron, no contaba con que no funcionase, como podemos seguir con el plan entonces. Al otro lado, una voz grave y tenebrosa dijo: -Mateo, ahora entenderás todo, tu plan puede esperar, a las 5 en los patos, te espero, ven solo. Y colgó el teléfono desde el otro lado de la llamada. Al otro lado, una voz grave y tenebrosa dijo: -Mateo, ahora entenderás todo, tu plan puede esperar, a las 5 en los patos, te espero, ven solo. Y colgó
En ese mismo instante, a Mateo se le cambió la cara, se le puso de un tono blanquecino, incluso amarillento. Su estómago empezó a rugir acompañado de un malestar en todas y cada una de sus extremidades. Se sentó en una silla ubicada en la esquina de su salón y se tapó la cara con las manos mientras su cabeza se convertía en un torbellino de posibles situaciones. Mil pensamientos le recorrían la mente cada segundo y sentía que todo se le escurría entre los dedos sin poder hacer nada al respecto. Su vida se desmorona ante sus ojos sin que él pueda impedirlo. Todo esto es demasiado pero no puede evitar darle vueltas como si fuese a cambiar algo.
- ¿Qué he hecho para llegar hasta aquí? Mateo se culpaba a sí mismo mientras una voz en su cabeza le decía. - ¡Vamos Mateo, aún no está todo acabado! Se armó de valor, concentró todos sus pensamientos para que todo volviese a estar bien y una vez más se levantó con esperanzas Sin duda, se había levantado una vez más, pero¿Valía la pena?
No, ya nada valía la pena. Pero luchaba cada día por que su mente creyera que si. El dolor le comía por dentro, ya no se movía por amor o felicidad se movía por supervivencia. Había muchas cosas sin atar, muchas cosas que tenia que arreglar, ese era el motor que lo impulsaba a vivir, a seguir, a comer sin hambre y pegarse duchas frías para poder pensar. Es duro verse solo, no tener familia pero hay que seguir solo… -Venga Mateo, hay que seguir luchando hay que arreglar las cosas y después todo acabará
Mateo, asintió cabizbajo, y prometió mantenerse fuerte ante cualquier adversidad que la situación le pusiese por delante. Al día siguiente, Mateo recibió una llamada del extranjero, la embajada de su país en Rusia requería de su presencia, y como siempre, Mateo, dispuesto a todo, acudió sin rechistar. Al llegar a la embajada, le comunicaron que la situación a nivel mundial era cada vez más delicada, y que estaban llevando a cabo el a partir de ahora llamado “ Plan Crespo”, a través del cual, juntando a las mejores mentes del mundo, intentarían enfrentar a la amenaza que acechaba la paz mundial.
Sabía que era una tarea complicada y que la gente no lo tomaría en serio de primeras, pero ahora necesitaba ser rápido y concretar los perfiles que participarían. Por eso mismo, comenzó su búsqueda en Internet para descifrar quiénes podrían cumplir los requisitos y completar el equipo de "Plan Crespo". Apuntó todas sus opciones hasta que sus ojos leyeron un nombre que le erizó la piel de la nuca. No podía ser. No. No otra vez. Buscó por Internet quiénes cumplían los requisitos para estar en "Plan Crespo", hasta que leyó un nombre que le erizó la piel de la nuca.No podía ser.
Mateo parpadeó, sintiendo un frío repentino en la boca del estómago. El nombre brillaba en la pantalla del móvil con una claridad cruel: era su propia hermana, a quien creía desaparecida en el extranjero desde hacía años. Con las manos temblorosas, pulsó sobre el enlace del expediente para comprobar que no se trataba de una macabra coincidencia. Los datos de nacimiento coincidían al detalle. "No puede ser", se repitió en voz alta, mientras la habitación parecía encogerse a su alrededor. El cursor parpadeó sobre una foto de perfil borrosa que confirmó su peor pesadilla.Es mi hermana.
De pronto la sintió. Antes de que ella llegase. Como si de un sexto sentido o una conexión cuántica se tratase. Como cuando reconoces el perfume de esa persona antes de dar la vuelta a la esquina. - Cuánto tiempo hermanito. (dijo como si sus palabras quisieran expresar justo lo contrario, que se habían visto justo unos momentos antes). - Me alegra tanto verte. - Sigues por aqui? - ¿No es obvio?. - ¿Te acuerdas de lo que hablamos la última vez que nos vimos?. - Hasta las pausas que hiciste. En ese instante, el vello de la parte trasera del cuello empezó a erizarse. - Ya sabes que me ayudó muchísimo que me dieses tu versión.
Mateo no era capaz de creer que fuese real lo que estaba pasando, ¿realmente podía creer en ello? Fuese como fuese, debía seguir adelante sin importar nada más. Salió de la habitación, bajo rápidamente la escalera y llegó a la calle. Señalo con la mano para pedir un taxi. - hacía donde vamos señor? - pregunto el taxista - a donde sea pero lejos de aquí - respondió Mateo
El taxista asintió sin hacer más preguntas, arrancó el coche y, mientras se alejaban de las luces de la ciudad, Mateo miró por la ventanilla como si intentara dejar atrás algo que ni siquiera quería nombrar. , Mateo miró por la ventanilla como si intentara dejar atrás algo que ni siquiera quería nombrar.
Demasiadas cosas en ese inmenso paisaje. Desde personas sin rostro bloqueando colas. Hasta famosos sin responsabilidades que pisaban a los demás. A lo lejos, Mateo pensaba "Quizás yo solo tengo que escoger". La decisión mas importante. Ser bueno o malo? Lo peor de todo, es que ninguno de los dos bandos estaba claro.
No sabia en quien confiar, ni los buenos parecían tan buenos ni los malos tan malos. Aunque su intuición lo tenia claro, Mateo no estaba tan seguro, y estuvo dias dandole vueltas. Hasta que por fin encontró la respuesta que buscaba. No se trataba tanto de escoger el mejor bando posible, sino de como hacer frente a este. Como afrontar las cosas siempre muy importante para él, y en esta ocasión decidió hacerlo con confianza y una actitud positiva.
Meteo fue a afrontar su mayor miedo pero eso no le iba a impedir vivir su vida , y no una vida normal y serena , no , una vida con emoción , amor , sin miedo , aunque siempre sabe que hay obstáculos en el camino y problemas, pero eso lo hace más divertido no ? , camino todo rector con la mirada fija hacia su meta que era enfrentarse alguien mejor dicho a él mismo , porque los miedos son reflejos nuestros al final -mateo : si no hay obstáculos , como se que he logrado ganar la carrera? mateo : si no hay obstáculos , como se que he logrado ganar la carrera? ,
Pasaron 10 días, su duda seguía presente. ¿Habrá acabado todo ya?, ¿será libre al fin?. Nada más lejos de la realidad. Dicen que antes de la tormenta llega el periodo de calma, él estaba en esa ilusión donde todo volvía a ser un cuento de hadas. Hasta ese lunes, ese maldito lunes otra vez. El lunes que llevaba cambiando sus planes desde que era él quien tomaba las decisiones. No había acabado la carrera, eso estaba claro, pero cuanto más podía él seguir corriendo hasta la meta?
En ese momento empezó a recordar, cada paso que había dado hasta entonces fue para luchar, pero contra sí mismo, no contra nadie más. Pesadilla tras pesadilla...no fue fácil avanzar La luz se iba a apagar pero justo María dijo: amor, a desayunar
María respira profundamente y a continuación baja lentamente las escaleras para encontrarse con una comida minuciosamente preparada
Mateo Crespo entra en la cocina sin quitarse el abrigo. El olor a especias aún está en el aire. —¿Quién ha estado aquí? - pregunta, mirando el plato humeante. Nadie responde. Sobre la mesa, una nota doblada lleva su nombre. La abre despacio. “No llegues tarde otra vez”, dice la letra desconocida. Mateo frunce el ceño. El móvil vibra en su bolsillo, pero no lo mira. En el pasillo se oye un leve golpe, como una puerta cerrándose. Cuando enciende la luz del pasillo, descubre que la puerta principal está abierta... y las llaves siguen colgando dentro de la cerradura.
Mateo procede a inspeccionar la casa completa, esperando no tener compañía. Dio un paseo con extremado silencio y cuidado, cuando de repente… Una persona enmascarada de pelo largo , que se habría colado en la casa mientras estaba la puerta abierta, se le echa encima. Se convirtió en un forcejeo de pie, y luego en el suelo. Acabó escapándose de aquella mujer, se dieron un par de golpes y escapó de la casa como pudo.
Lo único que pasaba por su cabeza en ese momento era salir de ahí. Corrió como nunca lo había hecho, la boca le sabía a metal y el corazón iba a salir de su pecho en cualquier momento. Cuando la distancia fue la suficiente como para sentirse seguro, paro a recobrar el aliento. No llegaba a entender como la situación había escalado de esa manera, pero ya era tarde para arreglarlo. Con algunos arañazos en el rostro y aún jadeante, Mateo decidió que era el momento de tomarse una copa. Buscó el bar mas cercano y decidió que tras lo sucedido, el alcohol sería su fiel acompañante esa noche.
Pidió un "roncola", lo único que había probado en su vida. Primero fue uno, luego otro... Así estuvo toda la noche, copa tras copa, gota tras gota, hasta que el camarero tuvo que decirle que no había más alcohol para él. Se hizo de día y Mateo apenas sabía dónde estaba. Se vio tirado en la calle, casi dormido, sin saber cómo volver a casa. Ni siquiera sabía a estas alturas si tenía casa, si tenía amigos, si algo le quedaba. Fue justo en ese momento, cuando, como si de un ángel se tratase... "¿Estás bien?" dijo una voz casi celestial. Era ella. La reconocería en cualquier parte, ni todo el alcohol del bar lee haría olvidarla.
Al verla recordé todo lo que vivimos y casi sin poder moverme contesté que si y ella empezó a reír de manera nerviosa. De tan nervioso que estaba se calló el vaso al suelo pero solo me preocupé de que ella estuviera bien. Comenzamos a hablar y parecía que todo fluía pero de la nada apareció un chico y fue directo hacia ella se saludaron con un beso y a mí, a mí se me cayó el mundo encima. Mi chica ya no era mía pertenecía a otro y solo pensaba en cómo hacerlo sufrir por quitarme lo que más amo hablaron y apareció el novio de ella el se quiere vengar
a mateo al ver al chico aparecer se le removió todo por dentro. Todo lo que ella le había contado sobre el, todo lo malo que le había hecho pasar y lo imposible que parecía que le hacía la vida a su nueva mejor amiga. En cuanto lo vio necesito salir de la fiesta hecho una furia pensando en como devolversela a ese cabron. En cuanto mateo salió la chica fue detrás de el para calmarlo, eso sí, ella tenía la misma intención que el, hacerle la vida imposible a ese tío. No sabían cómo devolversela pero si sabían que lo harían juntos.
Fin
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