El viaje en ascensor más largo de mi nueva vida
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Hacía una mañana apacible cuando Matías Crespo abrió la puerta de su casa y salió al rellano. A ese hombre, un joven adulto de 39 años, no le gustaba esperar, así que picó al ascensor y volvió a entrar en el piso a ponerse las zapatillas de correr, una gorra y las gafas de sol. Se quedó dentro evitando cualquier encontronazo con algún vecino y esperó a escuchar el sonido del motor llegando. Ya dentro del cubículo que tanta ansiedad social le genera y, para su suerte, sin la compañía de nadie, pensó en eso que suele pensar siempre en lo que dura un viaje de ascensor: gilipolleces. - Boludo me siento como el orto - le había escuchado decir la noche anterior a un hombre en el bar Y qué cosas aprende uno cuando es curioso y lo busca todo en Google… Como que orto proviene del griego orthos, que significa: recto, derecho, correcto. ¡La ortodoncia es tener los dientes rectos y la ortografía es escribir correctamente! Y por eso nuestros hermanos del ingenio, es decir, los argentinos, llaman al recto “orto”. La luz brillaba en el asfalto mojado. A través de las gafas de sol le pareció ver algo al otro lado de la carretera, y se las quitó. Matías nunca entendería por qué las gafas de sol van bien y mal a la vez. ¿Lo que estaba viendo era una persona? Enfocó bien y por fin lo pudo reconocer. Y no, no era una persona. Era LA persona. El ser humano más puntual y, a la vez, más despistado del mundo. Su mejor amigo de la infancia.
Llevaba sin verle mucho tiempo, habían estado enfadados durante muchos años. Y en el mismo momento en el que a Mateo se le cayó una lagrima por la mejilla, él le miró. Mateo no podía entender como aquella discusión por una chica les había separado tanto. En ese instante comprendió que los enfados no duran una eternidad, y que el orgullo de no haberle llamado tanto tiempo solo le había hecho daño, y se dio cuenta de que el tiempo perdido jamás lo iba a recuperar. y se dio cuenta de que el tiempo perdido jamás lo iba a recuperar.
Decidió vivir el presente disfrutando con sus amigos y familia de todo lo que le rodea. Y planeó hacer un viaje por Europa para aprovechar el presente.
Empezó a prepararse, no tenía tiempo que perder: maletas, itinerarios, hoteles… Su primer destino sería la costa italiana, después continuaría por Francia, y más tarde el norte de Europa. Pero cuando ya lo tenía todo planeado, se dio cuenta de que le faltaba algo, o mejor dicho alguien: necesitaría a alguien con quien poder compartir su viaje.
Ahí es cuando se empezó a plantear a quien podría pedir que le acompañara, primero se le vinieron muchas personas a su cabeza. Pero entonces comenzó a descartar, muchos compañeros, amigos, familia, y entonces todo se despejó en su mente, le quedaban dos opciones. La primera era Prasa, una amiga con quien había compartido unas 2111 horas de charla y complicidad, la segunda era su hermano Mati, con quien la relación estaba más que probada y sabía que podía contar con el para cualquier aventura. A quien de los dos debería elegir para acompañarle en su viaje?
Era un gran dilema. Sabía que los dos le podían aportar cosas buenas al viaje, risas, apoyo cuando lo necesitase, otro punto de vista en cada situación. Pero también sabía que este viaje necesitaba hacerlo solo. Muy en el fondo lo sabía. Así que Mateo, muy a su pesar, y sintiendolo por sus dos posibles acompañantes, tuvo que rechazarles. Se despidió y volvió a su habitación a preparar los últimos detalles del viaje que, aún sin él saberlo, le cambiaría la vida.
Mateo dobló la última camiseta y la colocó sobre las demás con esa precisión mecánica que tiene la gente cuando intenta no pensar. Revisó el pasaporte tres veces. Cerró la maleta. La abrió. Sacó el libro que había metido casi por inercia y lo dejó en la mesilla — luego lo volvió a meter. Su madre le había dicho que Bilbao en noviembre era frío y gris. Él había asentido sin escucharla. Lo que no le había dicho a nadie era el verdadero motivo por el que iba.
Durante todo este tiempo nadie sospechó, nadie preguntó por mí. Al mismo tiempo al irme encontré mi paz, es cierto que me sentía solo, pero al mismo tiempo acompañado con mi propia presencia. Pero al mismo tiempo me faltaba algo ¿oxigeno? O simplemente esto de estar solo me está afectando
Quizá salir a caminar me ayude, encontrar algo en que distraerme... me dijeron que escribir sirve, pero, que escribo? Si todo lo que pasa por mi cabeza son un montón de cosas que a la vez no son nada. Pensar tanto me agota, ojalá existiera un botón para dejar de pensar. La libreta marrón que me dejé en el banco de aquella plaza me vendría bien ahora. Supongo que con las notas del móvil me será suficiente. Al final podría acostumbrarme a la soledad, pero no a mis pensamientos, menos a los malos. Quizá deba pedir ayuda, no soy menos por hacerlo.
o quizá deba confiar más en mi. Da igual lo que haga, siempre acabo fallando. Siento que no estoy acertando con nada. Esto me hace cuestionarme que tipo de persona estoy construyendo. Mi madre me dice que si no fallamos, no aprendemos, pero a veces siento que aprendo la misma lección una y otra vez. Mira a mi alrededor, y siento que todos avanzan menos yo, ¿Hay algo que esté haciendo mal? Por ello volvemos a la cuestión de antes, quizá no soy menos por pedir ayuda pero, ¿y si si? ¿Y si realmente no sé levantarme de una caída tras un golpe?
¿Y si soy yo el que coloca los obstáculos en el camino? A veces los días pasan, y ni me he dado cuenta, llega la noche y soy consciente de que he estado con el modo automático modo on. Quizás es por imitación ¿no? Mi padre vivía siempre en automático, un horario fijo, la misma casa, las mismas cenas, los mismos amigos, los mismos bares, los mismos silencios … todas y cada una de las noches. Recuerdo mi infancia en silencio. Recuerdo a mi padre en silencio, y a mi madre observándole… Tratando de entender si ya está. Si su vida iba a ser siempre así. Pero no quiero pensar que yo seré igual ellos. Aunque … ¿acaso tengo opción?
Su mente iba a mil revoluciones por segundo, imaginando ventanas al futuro, a lo que podría haber sido de no haber tomado esa decisión, de no haber hecho aquella llamada… ¿Cómo pudo dejarse llevar así? Lo cierto es que estaba tan absorto, tan asustado, que no podía ni imaginarse todo lo que vendría después de aquello. -¿Qué piensas hacer ahora? ¿Mateo, me escuchas? Nada de lo que ella dijera cambiaba las cosas, nada ayudaría a solucionar lo sucedido. -No lo sé, no lo sé, estoy perdido, confundido, no sé que hacer… Mateo jamás habría imaginado acabar en un lugar así, y menos junto a ella…
Pero al fin y al cabo estaba allí, sin poder huir de sus sentimientos ni de los errores del pasado. Así que solo le quedaba una opción: afrontar sus miedos y confesar lo que había pasado aquella noche de invierno. Así que solo le quedaba una opción: afrontar sus miedos y confesar lo que había pasado aquella noche de invierno.
-López, amigo, te tengo que confesar una cosa, espero que no te lo tomes a mal- Balbuceó Mateo. - ¿Qué me quieres decir, Mateo? No creo que hayas sido capaz… - dijo López asombrado. - Efectivamente, llevo mucho tiempo escondiéndolo, yo fui el que… - De repente suena el timbre. Los dos se miran incrédulos. López se dirige hacia la puerta. Su perra Sarah, va tras él. Como si supiese todo lo que iba a pasar. Alguien importante entra en escena. Llueve. Mateo decide guardarse el secreto, no quiere problemas con López. Es un tipo peligroso.
Lopez era conocido por ser un tipo muy misterioso aunque todo el pueblo tenia claro a que se dedicaba. Es por eso que Mateo decidio seguir adelante y no confiar en él. Pero Mateo necesitaba contar lo que sentia ese tan profundo secreto. Pero Mateo necesitaba contar lo que sentia ese tan profundo secreto.
No sabía por dónde empezar. Al final, cuando uno calla durante tanto tiempo las palabras se desvanecen. Se esfuman de tu mente. Es como si recuerdo y boca no conectaran. <lo importante es empezar> se repetía en su cabeza. —¿Sabes por qué los cachorros, aunque vivan cómodamente en casa, siempre se intentan comer su mierda?—soltó sin pensar. —No, por qué Se hizo el silencio. Mateo se quedó misteriosamente mirando el infinito, como si algo muy muy profundo estuviera a punto de salir a la luz. —Por miedo a que otros la huelan y lo encuentren. Y esto lo hacemos también los humanos. Somos capaces de comer cualquier mierda antes de exponernos.
Como si la vulnerabilidad no fuese una virtud. Mateo lo sabía, y por suerte o no, durante toda su vida le había perseguido la necesidad de involucrarse de manera emocional con todos. Con sus amigos, con su mascota, con sus compañeros de trabajo, con el recepcionista del gimnasio, con cualquiera. Fue entonces, en ese momento, escondido, cuando entendió cómo funcionaba aquello. “¿Qué coño hago ahora?” El miedo se apoderó de él y lo que siempre había sido su virtud, empezó a tornarse peligroso. “¿Y si me encuentran?”
El temblor en sus extremidades era más que palpable y ante el miedo a ser encontrado decidió hacerse su propia salida. Buscó en ese diminuto y claustrofóbico vestidor algún lugar por el que escapar. Tras varios minutos de máxima tensión sin encontrar nada sintió una pequeña corriente. Al bajar la cabeza descubrió bajo de una de las estanterías un tabla medio suelta. La movió y dio con una puerta. No sabía a dónde le llevaría, pero cualquier lugar sería mejor que aquel armario.
Mateo crespo analizó la situación, sintiendo un nudo en el estómago y en la garganta empezó a avanzar despacio. Al doblar la esquina encontró una puerta entreabierta de la que provenía voces. Se acercó para escuchar mejor y, justo entonces alguien pronunció su nombre
-Mateo- Mateo se giró y se encontró con sus amigos de la infancia, hacía mucho que no los veía. Extrañado, Mateo les preguntó que donde habían estado todo este tiempo. Estos respondieron -Mateo, nosotros siempre hemos estado aquí, ¿donde has estado TU todo este tiempo?- Mateo se dio cuenta de que hasta ahora, nunca había sido libre , siempre había estado en su pequeña burbuja alejado del mundo. Es por esto que Mateo está misma noche cogería su mochila y empezaría su largo viaje. Mateo se va emprender en un viaje que lo cambiará como persona.
El viento agitaba suavemente su cabello mientras sostenía la maleta que había preparado durante semanas. No era un viaje cualquiera. Por eso cuando surgió la oportunidad, acepto sin pensarlo demasiado. Durante años había vivido siguiendo un camino trazado por otros. Hasta que la conoció. Durante años había vivido siguiendo un camino trazado por otros. Hasta que la conoció.
Tenía que empezar a vivir su propia vida. Dejar de trazar los planes impuestos por los demás. Adentrarse en sus aventuras sin miedo. Así que, le tendió la mano, pintando una sonrisa en su boca,le dijo. -¿Me acompañas?- Ella, miró su mano, y no tardó más de 3 segundos en entrelazarse a él. Se fueron directamente para casa. Ya habían perdido tanto tiempo, que las maletas no podían esperar.
Al llegar a su departamento, se encontraron con la puerta abierta, entonces Mateo toma la delantera y se propone abrir la puerta para ver lo que habia pasado en el interior de la casa. Abrió la puerta lentamente y su compaña estaba asustada, de repente sale un gato negro que estaba escondido dentro de la casa todos se quedaron atónitos ante semejante susto pero al final lograron acceder al apartamento para dejar la maletas y descansar. Mientras se duchaba Mateo escucha un grito Mateo sale corriendo para ver de donde proviene el grito, y al entrar a la habitación de Carla la encuentra asustada
No podia entender realmente que es lo que le ocurría, pero es no importaba. Mateo preguntó el motivo de su estado y ante la complejidad de Carla por expresarse, comprendió que simplemente necesitaba estar y apoyarla. Por lo que se recostó a su vera, tranquilizandola. Más tarde, con el devenir de las horas y en un espacio de total confianza entre los dos, Carla se abrió y le confesó:
Mateo se quedó inmóvil, intentando recordar dónde había visto esa mirada antes. El café olía a lluvia y a promesas rotas. “Pensé que no volverías”, dijo ella. Él bajó la vista, jugando con la taza. “Nunca supe si debía hacerlo”, respondió. Mateo la miró, sintiendo que el silencio entre ambos pesaba más que cualquier palabra.
Se encontraban sentados en aquel sofá que hacía unas semanas habían montado juntos. Dispuesta a hacer entender a esa persona, que tan bien la había tratado, que tomaba esa difícil decisión solamente guía por su corazón, ya que todas las demás partes de su cuerpo tiraban de ella para que se quedase sentada en ese sofá. -Pero ella nunca había sabido otra manera de hacer las cosas-.
Porque al final todo se presuponía, siempre había sido así, eso era lo que la caracterizaba. Pero a Mateo tampoco le gustaba esa manera de ser de ella, era como estar en una noria constantemente con sus partes altas donde disfrutaba el momento, y sus partes bajas donde se le encogía el pecho con una angustia desmesurada. -Llegó el día en que Mateo tenía que tomar una decisión, era ahora o nunca, dejarla atrás o ir juntos-.
Pero ya la había esperado muchas veces. Y siempre se preguntaba, qué hubiese sido de él si se hubiese puesto a si mismo como prioridad. No podía evitar sentir que ella se había convertido progresivamente en una carga, más que en una compañera. Decidió que ahora iría solo
Se adentró en la oscuridad de la ciudad, plagada de misterios y peligros. Aunque Mateo sabía que estaba seguro, tras avanzar varios kilómetros a pie sin ningún rumbo, encontró un hospital abandonado y entró por pura intriga. Se notaba que el hospital llevaba años abandonado: las paredes estaban plagadas de telarañas y cubiertas por un espeso moho que teñía de verde las blancas paredes. Una fina capa de polvo suspendida en el aire dificultaba la visión de Mateo. Siguió avanzando por aquel hospital abandonado a pesar de la gran cantidad de polvo.
Mateo nunca había creído en lo paranormal, sin embargo todo empezó a torcerse… La luz temblaba, las puertas empezaron a cerrarse poco a poco. Empezó a escuchar el llanto de un bebé viniendo de la habitación de cirugía. Ingenuo de él decidió entrar a comprobar que todos los sucesos fuera de lo ordinario, eran fruto de su cabeza. Entrar pudo ser la peor decisión de su vida. Descubrió que esa habitación era el almacén de cuerpos de un asesino que andaba suelto, y un bebé seguía vivo. Entró a la habitación del hospital, y se encontró con una montaña de cuerpos de un asesino. Un bebé sin embargo, seguía vivo.
El olor metálico de la sangre impregnaba el aire. Las luces del techo parpadeaban con un zumbido irregular, iluminando a aquella escena. Entre los cadáveres, un sonido rompió el silencio. Un llanto. Débil. Intermitente. Con el corazón golpeandole fuertemente el pecho, avanzó apartando cuerpos hasta descubrir a un bebé envuelto en una manta blanca manchada de rojo. El bebé estaba vivo. Sorprendentemente vivo. Lo tomó en brazos. Entonces lo vio. El bebe estaba vivo. Sorprendentemente vivo. Lo tomó en brazos. Entonces lo vio.
Era precioso, con apenas cabello en su pequeña cabeza. Y entonces, se puso a llorar.
No se lo podía creer. No podía dejar de pensar en ello. ¿Qué iba a hacer ahora? Debía pensar en un plan. Un buen plan. Uno que cambiase las cosas.
Tras todo el follón que había tenido con el baile de fin de curso no me quedaba otra alternativa, por lo que elegí la última opción. Corrí hacia la casa del único que le daría respuesta a mis preguntas. Al llegar todo estaba tal y como lo vi por última vez, vasos medio llenos en la encimera, un gato dormido a todas horas y un olor a llave ácida que inundaba la habitación, pero no estaba ella, la persona a la que buscaba. Llegué a su casa a encontrar respuestas, pero nadie apareció
Nadie, tan solo Cristo sabía dónde estaba. Mientras caminaba hacia el coche, me encontré con una pregunta inquietante: ¿qué pasaría si Jesús no hubiese creído que era Dios? ¿Lo seguiría siendo? “Menuda pregunta más estúpida” pensé. Tan solo quería distraerme y.. Dios no era más que una fijación inquietante que me alejaba de aquella situación. Mi mente deambulaba sobre la pregunta, como si fuera imperativo en este momento discernir que: Acaso Jesús es más Dios por serlo, o por creerlo? pues si no lo creería, Lo sería?
¿Cómo saberlo? Se preguntó Mateo, más allá de la cruda realidad se había dado así, no queda otra. Seguir con el viaje y tirar para adelante con lo puesto. El camino era incierto pero sabía que una vez alli
miraría atrás y sabría que todo habría merecido la pena ya que lo seguí sin duda alguna confiando en que, aunque no hubiera certezas, cada paso me acercaba a algo mucho más grande. cada paso me acercaba a algo mucho más grande.
Sin embargo, por cada paso que daba, sentía que retrocedía. ¿Es quizás esta sensación algo común cuando quieres hacer algo gigante? ¿Cada paso que daba realmente me acercaba a algo más grande? ¿ O simplemente me alejaba de quién soy de verdad, haciendo así que retrocediera en vez de avanzar? Hasta que no lo consiga creo que no seré capaz de responder a esas preguntas. Cuestionarse la grandeza sobre algo es también un tema importante del que tratar.
Por eso mismo, me he venido a mi lugar seguro,aquel en el que me puedo sentar,y mirar el horizonte y pensar quien soy y que hago aqui.Porque esa "grandeza" que se dice ¿que es? porque yo soy diminuto dentro de esta inmensidad plagada de atomos que nos rodean. ¿O no es tan asi como pienso? porque las posibilidades de estar aqui sentado son de 1 entre 10²⁶⁸⁵⁰⁰⁰,por eso mismo he llegado a pensar que no soy diminuto sino algo dantesco dentro de este universo preparado para iniciar aquello. 1 de 10²⁶⁸⁵⁰⁰⁰,por eso mismo he llegado a pensar que no soy diminuto sino algo dantesco dentro de este universo preparado para iniciar aquello.
El pensamiento le pesaba como una certeza incómoda, de esas que no encajan pero tampoco se pueden soltar. Y aun así, siguió caminando como si no lo hubiera entendido del todo. Sus pensamientos vagaban y volvían a la misma persona: qué habría sido de ella, dónde estaría y a qué se dedicaría ahora. Solo podía hacer una cosa para resolver la incógnita. Y él no lo sabía, pero sus pasos ya lo acercaban a ella, como si el propio mundo hubiera decidido cerrar esa distancia sin pedir permiso. Y él no lo sabía, pero sus pasos ya lo acercaban a ella, como si el propio mundo hubiera decidido cerrar esa distancia sin pedir permiso.
Mateo siempre fue una de esas personas que no elegían los platos que había en el menú. Era inconformista y siempre buscaba algo especial, aunque muchas veces ni siquiera supiera exactamente qué estaba buscando. Él siempre creyó en el destino y sabía que si ella había aparecido tendría algún significado.
Mateo se quedó paralizado como si al parpadear ella fuese a desaparecer,tenía miedo. Ella se acercó con una sonrisa familiar. -Me has reconocido. -Siempre te reconocería,da igual cuanto tiempo pase siempre te reconoceré. El nunca la olvidara porque el destino los ha unió y eso no cambiará nunca.
Y lo que el destino une ni lo más peligroso de la vida jamás podrá volver a separar porque en el fondo siempre estará ese amor que hace que jamás vuelva a separarse de su querido recuerdo guardado en su mente y así como pasó se miraron con lágrimas en los ojos y un abrazo como de extrañar a lo más querido del mundo fue un abrazo intenso y a pegajoso un abrazo que después fue interrumpido por un gran animal del bosque o algo peor sin pensarlo 2 veces corrieron juntos para poder salvar sus vidas Corrieron para poder salvar su vida de lo que podría aver sido aquello tan ruidoso y violento en aquel bosque oscuro y lleno de una grisácea niebla
Los estaban siguiendo o simplemente sus cabezas les estaba pasando una mala jugada. Al fin y al cabo sabían que lo que habían echo estaba mal. ¿Y si alguien los había oído? O peor aún ¿y si los han visto? Mateo se paró en seco mientras corría y se dijo a él mismo que se enfrentaría a aquello que le estaba haciendo correr Mateo se paró en seco mientras corría y se dijo a él mismo que se enfrentaría a aquello que le estaba haciendo correr
Inmediatamente se apresuró a coger un cristal roto que se encontraba en el suelo. Aquello que lo perseguía era tan infame que podría costarle hasta su propia vida. Mateo sin aliento se acercó a él y le preguntó. -Que quieres de mí, porque me persigues.
Mateo se quedó quieto, frunciendo el ceño, mientras intentaba reconocer el rostro que tenía enfrente. La otra persona dió un paso atrás, confundida y ofendida, como si la acusación no tuviera sentido. Un silencio tenso se extendió entre ambos. Solo se escuchaba el crujir de las ramas de los árboles. - No te estoy persiguiendo, tu sabes perfectamente a que he venido. El pulso de Mateo se aceleró, las sienes le palpitaban. Héctor regresaba a buscar lo que le pertenecía. Había llegado el momento.
El momento que tanto tiempo había esperado, por lo que tanto había luchado. Héctor aparece por la esquina y sin pensarlo dos veces, Mateo ataca, le pega un puñetazo en medio de la cara, Héctor se tambalea hacia atrás y pierde el conocimiento. Ahora sí, Mateo huye sin pensarlo dos veces, corre hacia la salida más cercana como si su vida dependiera de ello. Por que su vida depende de ello.
¿Quién me mandará a mi meterme en esto? Se pregunta Mateo moviendo sus piernas lo más rápido posible, arrepintiéndose de haber comido ese último trozo de pizza. Jadeante, consigue llegar a la puerta, y la abre esperando encontrar una salida pero… ¿Qué? ¿Qué es esto? Su cuerpo se queda paralizado y su respiración, que hasta hace un segundo estaba agitada se congela de golpe mientras un reguero de sudor frío le recorre la espalda. Ni en el peor de los escenarios se hubiera imaginado esto… Si el infierno era un lugar, esta era la puerta de entrada.
Mateo observó el edificio gris frente a él mientras apretaba los puños. Las ventanas rotas y el silencio inquietante hacían que todo pareciera abandonado. Dio un paso adelante y la puerta chirrió al abrirse. —¿Seguro que quieres entrar? —preguntó Lucía desde atrás. Mateo tragó saliva. —Llevo años buscando respuestas. No voy a dar marcha atrás ahora. Entonces, un ruido seco resonó en el interior. Alguien más estaba allí. —Llevo años buscando respuestas. No voy a dar marcha atrás ahora. Entonces, un ruido seco resonó en el interior. Alguien más estaba allí.
Allí estaba él, siempre había sido un buen chaval, no le gustaba sonreír.. Allí estaba el, cantando una canción de Disobey
intentando alejarse del mundo y conectar consigo mismo, llevaba un par de meses deprimido y evitando aceptarlo. Disobey siempre estuvo para el desde niño, como cuando su padre lo ponía en el coche o aquella vez que sonaba durante las fiestas del pueblo mientras bailaba con una chica. Crespo, soltó un suspiro al finalizar la canción y dijo: -esto es lo único con lo que puedo conseguir desconectar y a la vez, conectar conmigo mismo. Y era cierto, la música genera algo en las personas que hace que te sientas en otro universo paralelo.
Y así me sentí yo cuando escuché aquella canción que tanto me recordaba a lo que sentía cuando estábamos juntos, es algo mágico sentir que la música te lleva a lugares donde millones de veces quieres volver y a otras veces de donde siempre quisiste huir la música te lleva a donde a veces quieres estar pero otras quieres huir
Por ello, no todo se basa en lo científico, una canción no son notas y ya, es el sentimiento que te produce, una tarde al sol haciendo algo que te hace feliz, no es solo un número horas, es energía, amor, calma. Lo bonito de la vida está en aquello que no entra por la retina, que no es palpable, que no se puede oler. Mateo Crespo sabe perfectamente lo que esto significa, lo que sucede es que aún no es consciente de que lo sabe y vive en un ciclo de negatividad y falsas verdades. sabeperfectamente lo que esto significa, lo que sucede es que aún no es consciente de que lo sabe y vive en un ciclo de negatividad y falsas verdades.
Mateo se miró al espejo, repasando las sombras bajo sus ojos. "¿A quién pretendo engañar?", susurró. Su reflejo no le devolvió respuesta. Sabía que el sobre cerrado sobre la mesa del comedor contenía la verdad de la que huía, esa que amenazaba con destruir su frágil estabilidad. Suspiró con pesadez, agarró las llaves y se dispuso a salir, decidido a seguir fingiendo que su vida no se desmoronaba a pedazos. A un paso de la puerta, el teléfono empezó a vibrar mostrando el nombre de quien tanto temía
No quedaba otra opción; tenía que descolgar. Tras tres segundos eternos en los que solo escuchó una respiración agitada, una voz se apoderó de sus nervios. —¿Eres tú? Lanzó el teléfono contra el cristal de la ventana, rompiendo la tranquilidad de la noche
Y entonces se paró, respiró hondo y pensó con frialdad. Se dijo a sí mismo que debía pensar en cosas importantes de verdad y sobre todo, cosas felices. Se acordó entonces de todos sus años jugando a fútbol, desde el mítico Huracán Z, pasando por el "Recreo" y sin saber donde acabarían pero con ese último año donde todo empezó, portando el brazalete y siendo feliz pese a la situación vivida. Y eso le empujó a seguir, a ser fuerte y a tener la certeza de que nada podría con él y con sus objetivos. Entonces surgió en su mente aquella idea, tan impresionante como arriesgada, ¿sería una locura lo que estaba a punto de cometer?
Sin embargo no dudó ni un segundo, era arriesgada, pero sabía que debía hacerlo por mucho que el miedo le comiera por dentro, porque realmente quería hacer algo. Estaba cansado de no llevar las riendas de su propia vida. Y así fue como Mateo Crespo se lanzó atrevido a la acción que muy probablemente cambiase su destino.
Respiró hondo y cruzó la puerta sin mirar atrás. El corazón le latía con fuerza, pero esta vez no iba a dejar que el miedo decidiera por él. Al otro lado le esperaba una oportunidad que llevaba meses imaginando. Mientras avanzaba, recordó todas las veces que había dudado de sí mismo y sonrió. Quizá las cosas no salieran como esperaba, pero al menos podría decir que lo había intentado. Estoy listo murmuró para sí mismo. Y, por primera vez en mucho tiempo, sintió que su vida empezaba a moverse en la dirección correcta.
Toda su vida era una incógnita hasta aquel momento. "¿Acabaría esa ingeniería?¿Realmente era ella la indicada o fue algo pasajero que ni siquiera llegó a ocurrir?¿Fuiste feliz?¿Y ahora lo eres?¿Hasta cuándo duró el fútbol?¿Cuántos de aquellos sueños has cumplido?¿Y cuáles son tus nuevos sueños?¿Cambiarías algo de lo que hiciste? Solo espero que hayas sido tan feliz como entonces soñabas ser, más" Y ahí todo cobró sentido, o al menos eso pensaba. Cogió el 718 y... arrancó el motor con una sonrisa que hacía tiempo que no sentía. La brisa de aquella noche de verano le inundó de alegría recorriendo su interior.
Mateo dejó que el viento le despeinara mientras recorría la carretera iluminada por la luna. Sentía que, por primera vez en mucho tiempo, todo estaba donde debía estar. Recordó las palabras de su abuelo: “Las mejores noches siempre guardan una sorpresa.” Sonrió al ver un pequeño camino que nunca había tomado y, sin pensarlo dos veces, giró el volante hacia él. Al final del sendero, una luz brillaba… y alguien parecía estar esperándolo.
Y aunque aún no lo sabía, aquel instante aparentemente insignificante estaba destinado a convertirse en uno de los más importantes de su vida. Lo que comenzó como una simple curiosidad pronto se transformó en una experiencia capaz de despertar emociones que nunca antes había sentido con tanta intensidad. Sin darse cuenta, estaba a punto de emprender un viaje que lo haría reír, sufrir, emocionarse y cuestionarse muchas de las cosas que creía entender sobre el mundo y sobre sí mismo. Con el paso del tiempo, aquellos momentos dejarían de ser simples recuerdos para convertirse en parte de quien era.
Ya no simplemente los recordaba, sino que los notaba en su día a día; aquellas acciones que antes no eran propias de él, comenzaron a ser parte de su personalidad, muy a su pesar. Pensó que, ya que no podría vivir esos momentos de nuevo, ¿por qué no apropiarse de ellos? ¿por qué no ser él el recuerdo?
A Mateo solo le queda la opción de seguir viviendo y disfrutando momentos. Parar, disfrutar y reflexionar en cómo esos momentos le han hecho cambiar. Mateo funciona en modo automático y eso le hace perderse momentos que luego no podrá vivir. Quizás sea la necesidad que tiene de vivir cosas, sin valorar la calidad de esas cosas y no la cantidad. Y es que como en todo en la vida, la calidad es mejor que la cantidad.
Recordó aquellos tiempos en los que prevalecía lo exótico; cuando la lana era tejido de vestir, y la madera recubría una encimera en aquella casa de sus abuelos. Añoraba el pasado vagamente, disfrutaba de recordar tiempos que sí ocurrieron. Ahora andaba inventando realidades que le gustaría experimentar. Quizás volver a la infancia más temprana era uno de sus sueños, quizás solo le bastaba con regresar, con ser feliz. De eso trata esta vida, ¿no? De ser feliz. Pero para ello no podía estar recordando el pasado constantemente.
Ya que eso hace que la vida se convierta en una paradoja constante. Al comparar cada cosa nueva que vivía, con el pasado idealizado que creaba su mente, Mateo, no lograba poder superarlo. Pero, eso cambiaría. Al día siguiente, todo se sintió diferente, porque lo hizo todo diferente, no pospuso su alarma 5 veces, sino que utilizó esos minutos extra, para hacer la cama y disfrutar con calma del café, puede parecer algo sensillo y cero trascendental. Pero esa pequeña paz que sintió… Justo ahí, con el calor de la taza en sus manos, eso cambió todo. Poco a poco comenzó a ver el color en las pequeñas cosas.
Sin embargo fue entonces cuando la taza empezó a iluminarse, las cosas empezaban a esclarecerse, él se sentía con más vitalidad, energía, y mucha más ambición. Una vez pasada esta sensación dejo las cosas que tenía que hacer y fue a por ello que tanto tiempo estuvo postergando.
Dio un paso hacia la puerta. Sintió una presión en el pecho, como si la habitación se hubiese quedado sin aire, tras obligar sus piernas a andar pone el ojo en la estación, se plantó frente a las pantallas llenas de letras y números verdes, sin mucho miramiento decide coger el siguiente tren sin conociendo del rumbo. Ya en tren mira por el cristal dándose cuenta que no tiene el control de su vida. Se decide por el tren, sin rumbo ni control.
En camino a una nueva ciudad, donde le aguardará un destino brillante, lleno de nuevos lugares y de nuevas oportunidades. Donde podrá encontrarse a si mismo y por fin ser feliz . Y por fin ser feliz aunque sea huyendo del lugar donde creció
“Porque ahora puedes tener un kebab, pero en el futuro puedes tener un durum” -Prados. La verdadera felicidad no está en conformarse con lo que uno tiene, sino en ir a por lo siguiente, tener metas y objetivos y, en general, progresar como persona. En ese momento, Mateo Crespo, con la mente a mil por hora y sin saber exactamente qué estaba haciendo, sacó las llaves de su bolsillo mientras sonreía, y se subió corriendo al coche para buscar su nuevo destino tras huir. sacó las llaves de su bolsillo mientras sonreía, y se subió corriendo al coche para buscar su nuevo destino tras huir.
No tenía claro donde ir, pero sabía que quería irse lo más lejos posible de allí. No pasó mucho tiempo hasta que la vi allí sentada, parecía que esperaba a alguien. Mateo no se detuvo, empezó a dar vueltas alrededor del edificio para ganar tiempo mientras la observaba y recordaba quien era. Iba vestida de blanco, el pelo rizado y el maquillaje emborronado de haber estado llorando. Mateo paró el coche, casi por autorreflejo, quitó el pestillo y abrió la puerta del copiloto. Ella, al verle, entró al coche sin pensar y él aceleró.
Lo que ella no sabía era el impacto que aquella decisión iba a acarrear. Mateo empezó a acelerar, y los dos, en silencio, recorrieron toda esa carretera junto al mar, con el único sonido de las olas como acompañante. Pasaron por aquel bar que tantas veces habían ido, pero esta vez no sintieron nada. Ese lugar en el que tiempo atrás pasaban las horas como minutos, hablando y riendo, esta vez solo lo llenaba el silencio. Sin embargo algo dentro de ellos se removió, pero no pudieron decir nada más. El tiempo pasaba y el coche, con una rara tranquilidad, seguía recorriendo kilómetros junto al mar, sin un rumbo fijo, solo dos personas huyendo
Mateo y Marta no entendían por qué habían sospechado de ellos por un robo no cometido. Solo estaban pasando unos días románticos. Ahora tenían que cambiar sus planes e intentar que dejaran de perseguirles. Aprovechando que venían de francia, querían intentar llegar a España e intentar disfrutar unos días por la costa brava. Disfrutar del sol, las playas, y visitar Barcelona. La situación ya parecía estar tranquila, pero no sabían que ocurriría con las autoridades en la frontera con España, ¿les reconocerían y detendrían?
El guardia revisó los documentos de Mateo con una lentitud calculada. El silencio pesaba. De pronto, un pitido agudo sonó en el escáner. El guardia levantó la vista, y algo en su mirada cambió. Llevó la mano al radio sin apartar los ojos de Mateo. Pero antes de que pudiera hablar, las luces del puesto fronterizo se apagaron de golpe. Todo quedó en oscuridad. Mateo contuvo la respiración. En la oscuridad, escuchó pasos acercarse, lentos, demasiado seguros para ser casualidad.
Preso del miedo se escondió detrás de uno de los viejos muebles que se encontraban en el salón. El corazón le palpitaba rápido. La madera del suelo seguía crujiendo al ritmo de los pasos, y el sonido cada vez se escuchaba más cerca. Miles de imágenes se le venían a la cabeza, ¿Quién podría ser?¿Como había entrado? Y ¿por qué estaba en su casa de noche?
Esa noche, no sabía que iba a pasar realmente en aquel motel de la laguna negra, pero algo bueno estaba por llegar. Él, inocente, entregó toda su confianza a una persona sin pararse ni si quiera a pensar si estaba bien lo que hacía.
A veces, simplemente ocurre así. Nos guiamos mediante sensaciones, corazonadas, y desde fuera puede verse como ilógico o precipitado, pero eso es vivir. Pasar por la vida sin intensidad, sin sentir, era algo que no caracterizaba a Mateo. Para aclarar todo lo que había pasado, Mateo decidió ir a su jardín de confianza, sin música, sin móvil. Simplemente él con sus pensamientos. Sentado, con cara extraña, vió sentarse una chica a su lado. Sentado, con cara extraña, vió sentarse una chica a su lado.
Le pregunto cómo se encontraba, que si le había ocurrido algo. Ella se giró con delicadeza, de repente una lágrima empezó a recorrerle la cara. Su novio la había dejado y acababa de enterarse de que su mejor amiga se había liado con el. Sentía una gran frustración, sentía pena por cómo se había ido todo a la mierda después de 7 años de relación y como su amiga de la guardería había sido capaz de hacerle eso. Ahora le tocaba empezar una nueva vida sin las dos personas más importantes para ella. Ahora le tocaba empezar una nueva vida sin las dos personas más importantes para ella.
Por lo que se topó con muchos baches a lo largo del tiempo en el que se recuperaba y formaba una nueva vida después de esta perdida. Ya ha comenzado con su nueva vida pero se ha topado con muchos baches a lo largo del tiempo de recuperación de la perdida
Ahora no iba a ser tan fácil. El tiempo perdido no era recuperable. Por lo menos no en la vida terrenal, la que a veces nos hace vivir desde la fragilidad. Sí lo iba a ser en la espiritual. Y entonces se dio cuenta: ¿Por qué iba a vivir de ese modo?
Estaba harto, cansado, agotado de darle siempre tanta importancia a las cosas, de pensar siempre en todos los demás, de no tenerse en cuenta...de fallarse a sí mismo. No, esta vez no iba a dejarse vencer, le tocaba coger las riendas de su vida de una vez por todas, y por fin atreverse a saltar a la piscina sin comprobar siquiera si está plena. Así que respiró hondo y con una determinación de la que no sé creía capaz, comenzó su largo viaje, el viaje en el que descubriría muchas cosas, Sobre todo descubriría cosas sobre sí mismo.
Todo aquello que le gustaba hacer, que lo hacía feliz, como tumbarse en el césped un día de verano, mientras todo gira a su alrededor, las tardes en el bar sin saber a qué hora iría a volver, o aquellas tardes con Lucía, su perra, en las que ella lo chantajeaba con la mirada y el se desvanecía de amor por ella. Pero también descubriría las que no le gustaban, como las noches sin dormir por el insomnio por aquella noticia en el veterinario q lo rompió en mil pedazos y que atormentara su cabeza. Lucía era su alma gemela canina y su partida lo rompió hasta q conoció a lola
Mateo Crespo tiene miedo de sustituir en su corazón a Lola por Lucía. Porque no quiere que eso ocurra Pero no quiere dejar a Lucía sin la oportunidad de ser el primer amor como lo tuvo Lola El pobre Mateo Crespo, muy joven para entender el amor. Dicen que el amor es infinito pero; pedirle al amor que sea infinito es pedirle que deje de ser amor para convertirse en arquitectura. Los edificios duran. Las llamas, no. Y nadie confunde un edificio con algo vivo. Mateo Crespo se pregunta, ¿qué sentido tiene lo que siente ? ¿Qué pasa este Lunes tan Lunes que todo sabe tan diferente ?
Puede que no sea el día, ni el sol, ni las cosas que le han ido pasando. Tal vez, y solo tal vez, lo que pase sea él. Todo sigue igual, el café sabe igual, la luz brilla igual pero, ¿y él? No es él mismo que al principio, pero no sabe decir lo que ha cambiado. A lo mejor es algo que solo nota él y no el resto, pero ¿y si no es así? Quizá lleva demasiado tiempo pensando en ese Lunes tan Lunes que se ha parado a pensar en él tan el.
Y él solo quiere que todo acabe cuanto antes para llegar a ese fin de semana perfecto, en el que el domingo desee volver al sábado, y el sábado añore el viernes por la tarde. Y no es consciente de que, si para él la felicidad solo existe en esos fines de semana, entonces está condenando el resto de sus días a ser simples transiciones sin valor. Se levanta cada lunes como quien se rinde antes de empezar la batalla. Pero un día, sin aviso, el calendario dejó de ser una promesa. El viernes no trajo alivio, ni el domingo nostalgia.
Pero el lunes llegó igual, puntual y gris, y Mateo Crespo descubrió que el problema no era el tiempo, sino lo que había dejado de esperar de él. Sentado frente al café ya frío, observó cómo la ciudad repetía sus movimientos de siempre, aunque algo había cambiado. El teléfono vibró una sola vez. Un mensaje sin nombre apareció en la pantalla: “Hoy es el día”. No había explicaciones, ni firmas. Solo esas cuatro palabras. Y, por primera vez en meses, sintió una inquietud distinta al cansancio. Y mientras caminaba hacia lo desconocido, Mateo comprendio que algunas respuestas no llegan con tiempo; llegan cuando decides buscarlas.
Así que cogió su portátil y comenzó a buscar más información que pudiera ayudarle a encontrar esas respuestas que tanto ansiaba. Quería volver a ver su sonrisa fuera como fuese, no entendía porque había desaparecido de aquella manera tan repentina. Es verdad que Mateo la dejó plantada ese día, cuando le despidieron del trabajo, pero ella no le dejó si quiera explicarse. No parecía ese tipo de personas que desaparecen de un momento a otro.
Mateo continuó por la calle, sin saber muy bien porque seguía esas direcciones. El caso es que algo en su interior, lo empujaba a seguir hacia delante como si sus pasos estuviesen escritos, como si por un momento su libertad colapsara en sus instintos. Todo por encontrarle. Los hechos no eran coherentes, encontrarle era necesario. Por lo que decidió confiar en sus instintos.
Mateo llevaba semanas intentando entender qué le estaba ocurriendo. Su mente le repetía una cosa y su corazón otra completamente distinta. Cada mañana se despertaba convencido de que debía olvidarla, seguir adelante y centrarse en su vida. Pero al caer la noche, cualquier recuerdo de Lucía era suficiente para derrumbar todas sus decisiones. Había hecho lista con razones para pasar página, había hablado con amigos. Incluso hasta conocer a otras personas. Todo parecía lógico sobre el papel. Sin embargo la lógica no conseguía apagar lo que sentía por Lucía. Camino hasta que se dio cuenta de que acabó frente a la cafetería, su cafetería
Dudó unos segundos antes de entrar. Al cruzar la puerta, recorrió el local con la mirada. Todo parecía normal hasta que vio a alguien sentado en su mesa habitual. El corazón le dio un vuelco. Desde la distancia, aquella figura tenía el mismo pelo, la misma postura. Mateo avanzó un paso más y entonces la persona levantó la cabeza. No era Lucía. Era un desconocido. Sin embargo, sobre la mesa había una fotografía de ambos y un sobre con el nombre de Mateo escrito a mano. Cuando Mateo abrió el sobre, una única fotografía cayó al suelo. Lo que aparecía en ella hizo que retrocediera un paso.
Todo su cuerpo empezó a vibrar, y unos sudores fríos invadieron su nuca. Esa fotografía que hacía años que no veía. Era ella, una vez más. Era ella, una vez más.
Hasta ahora había vivido en diferido, y al ver sus ojos y el llanto, el mar que la acompañaba… Nunca vi pétalos de rosa, mientras caían, bailar como los tuyos.
Estabas deslumbrante, protagonizando un instante que costaba de creer de lo perfecto que parecía. Mateo observaba embobado, inmovilizado por su pensamiento que , a su vez, gritaba por sus adentros que que espabilase, que no dejase pasar ese momento que recordaría siempre y dependería de él que fuese un recuerdo maravilloso o carne de remordimientos para toda la vida.. Y justo cuando parecía que por fin se disponía ponía en marcha, sucedió.
El silencio de los bosques penetró en los oídos del hombre. De forma sosegada fue accediendo al lugar señalado. Era el momento. La pistola apareció por ensalmo entre sus dedos.
Era un arma pequeña, casí ridíciula, pero en la penumbra del cuarto parecía pesar más que toda la conversación anterior. Durante unos segundos nadie se movió. El silencio era espeso, roto por el zumbido lejano de una lámpara y por una respiración contenida. La verdadera pregunta es, ¿de dónde salió esa pistola?
La traía ya consigo o la había escondido dentro de la habitación antes de que entramos. Me quedé en silencio mientras me apunta con ella. Tenía la mano temblorosa pero a su vez me soltaba una mirada intimidante. Lo único que se me ocurrió hacer fue la siguiente pregunta ¿Qué piensas hacer con esa pistola? ¿Que piensas hacer con esa pistola ?
Mateo bajó la vista hacia el arma. La sostenía con fuerza, pero sus manos temblaban más de lo que estaba dispuesto a admitir. —No lo sé —respondió al cabo de unos segundos—. Hace una hora habría dicho que tenía un plan. El hombre frente a él soltó una risa seca. —Entonces suéltala antes de que hagas una estupidez. Mateo miró hacia la puerta entreabierta. Del otro lado llegaban voces apagadas y el sonido lejano de una sirena. Todo había salido peor de lo que imaginó. —Ya es tarde para eso. Entonces escuchó una voz al otro lado de la puerta pronunciar un nombre que creía enterrado para siempre.
No creía que los recuerdos fuesen a atropellarle de esa manera. Había trabajado para esconder todo lo que sentía y todo lo que quería dejar atrás, pero no había funcionado. Mateo preguntó, ¿hay alguien ahí?. Necesitaba conocer el autor de esa voz, saber quién había descubierto sus secretos y saber por qué aparecía ahora. “Se supone que he empezado una nueva vida para algo, no para repetir los mismos errores” pensó Mateo. “Lola” volvió a oírse al otro lado de la puerta. En ese momento Mateo supo que su pasado iba a salir a la luz, que su historia con Lola se sabría. Supo entonces, que ya no había vuelta atrás.
Pero ahora era diferente, ya no sentía miedo porque todo se supiera, sino que tenia ganas. Estaba preparado para que todo el mundo se enterara de lo que había pasado con Lola. Eso le permitiría superar el pasado para poder avanzar y no quedarse atrapado en lo que había pasado tiempo atrás con ella. Eso le permitiría superar el pasado para poder avanzar y no quedarse atrapado en lo que había pasado tiempo atrás con ella.
Mateo sostuvo la carta tres minutos sin abrirla. La conocía de memoria, como conocía el olor de ese perfume que ella dejaba en todo lo que tocaba. La dejó sobre la mesa. Salió al balcón. Hacía frío para ser junio. —¿La has quemado ya? —dijo Lara desde dentro. —Todavía no. —Pues quémala, Mateo. —No es tan fácil. Su hermana, Lara, apareció en el marco de la puerta con el café en la mano y esa expresión suya que lo juzgaba todo sin decir nada. Cogió el mechero. La mano no le tembló, y eso fue lo que más le asustó.
Procedió a prenderse el cigarrillo, y lo vio quemar como quien lleva toda su vida esperando a ese momento. Alzó la mirada, y vio esos ojos que jamás podría olvidar. -!cuánto tiempo Mateo! Sentí desprecio, eso es lo que siento por esa clase de personas.
Fin
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