Los ojos más azules de mi nueva vida
Escrita por 100 autores · ES
Aquel Martes Mateo salió de casa un poco acelerado, guardándose el móvil en el bolsillo, poniéndose el abrigo a la vez, los cordones desabrochados… ¡tras, tras, zas!, catapún!, bajo las escaleras de la manera más rápida, estando en el suelo, notó un dedito en su hombro. —¿Quieres?… menudo porrazo te has pegado. Cuando consiguió enfocar la vista vio delante de su nariz unas chocolatinas, que sujetaba la manita de una niña rubia de ojos azules. —Soy Adriana, tu vecina de enfrente, y si he visto cómo te caías, te guardo el secreto. Mateo se levantó corriendo, cogió la chocolatina. —Encantado Adriana. Salió del portal pensando que a la vuelta pasaría a saludarla. Mateo necesitaba cómplices para guardar ciertos secretos, pero su vecina Adriana, ya había visto su caída en el portal. Así empezaba su día
Adriana lo ayudó a levantarse mientras miraba a su alrededor para saber si alguien más lo había visto. “Tranquilo, no pienso contárselo a nadie” dijo con una sonrisa. Aquellas palabras hicieron que Mateo bajara la guardia. Mientras recogía sus cosas, una carpeta se abrió quedando esparcida por el suelo. Adriana alcanzó a ver un nombre, y su expresión cambió drásticamente, pero no dijo nada. Ese silencio convenció a Mateo de que podía confiar en ella Respiró hondo y, mirándola a los ojos, decidió contarle todo. Ignoraba que Adriana ya conocía parte de la verdad.
O, por lo menos, la verdad que a ella le convenía. La verdad es un animal frágil y cambiante, y a menudo hacen falta las verdades de varias personas para poder reconstruir el cuadro completo. Adriana escuchó todo lo que Mateo le contó, fingiendo falsa sorpresa. Siempre se le dió mal saber actuar en este tipo de momentos. Mateo se percató de esto, y con incredulidad le preguntó: - "Pero esto ya lo sabías, verdad? Dime. quién te lo ha contado?"
La chica bajó la mirada, como si la respuesta estuviera escrita en el suelo. Mateo insistió, pero esta vez sin levantar la voz. Ella apretó el móvil contra el pecho antes de contestar. —Nadie me lo ha contado. Te escuché anoche, detrás de la puerta del despacho de tu padre. Mateo sintió que el ruido de la cafetería se apagaba de golpe. Miró hacia la calle y allí estaba él, al otro lado del cristal, sonriendo como si todo acabara de empezar. En la mano llevaba la misma llave que Mateo perdió en su infancia.
El corazón de Mateo dio un vuelco violento. Aquella no era una llave cualquiera; tenía el mango de latón desgastado y una pequeña muesca en forma de trébol que él mismo había hecho con una navaja suiza a los diez años, justo antes de que desapareciera misteriosamente de su cajón. El hombre frente a él, un tipo de unos sesenta años con arrugas profundas alrededor de los ojos y una chaqueta de pana gastada, sostuvo el objeto con una familiaridad pasmosa. —¿De dónde ha sacado eso? —preguntó Mateo, con la voz apenas más alta que un susurro, mientras se enderezaba en la silla de madera.
Mateo estaba muy nervioso, no entendía que estaba pasando ni que le quería decir su amigo. —¿Lo has robado? — preguntó con un hilo de voz. — Esto nos va a ayudar a salir de esta situación, ya verás Matero, confía en mí. — Mateo se quedó pensando unos segundos. Él sabía que andaba mal de dinero pero no quería meterse en más problemas. — ¿Y? Mateo contesta, ¿qué piensas? — preguntó su amigo impacientemente. Mateo se rascó la cabeza, se dio la vuelta y le dijo que necesitaba darse una vuelta. Porque era así, necesitaba salir de ahí. Al salir a la calle, Mateo iba tan perdido que se chocó de lleno. — ¡Mira por dónde vas! — le gritó la chica
casi se cae al suelo del susto, pero no le dió tiempo ni a girarse para disculparse sabía que luego se arrepentiría, tenía la cabeza en otra parte y sentía el ambiente cargado, no sabía por que ya que no había ni neblina pero algo le pasaba. No había mucha gente a su alrededor, pero tampoco estaba muy pendiente de eso estaba enfocado en su cabeza algo lo rodeaba pero no sabría bien definir el que. Algo lo rodeaba pero no sabría bien definir el que.
Mateo miró a su alrededor. El vagón iba lleno, pero todos mantenían las distancias. Sintió calor y se abrió la chaqueta. El tipo de enfrente no dejaba de mirarle fijamente. Justo antes de que el metro frenara, el hombre se le acercó al oído. "Bájate en la siguiente si no quieres problemas", le susurró. El tren se detuvo y las puertas se abrieron. El desconocido bajo en la siguiente parada dejando un sobre blanco sobre el asiento.
Mateo no podía apartar la mirada. Le invadía la curiosidad, le comía por dentro. Se levantó y se dirigió hacia el envoltorio. El acelerón del conductor le hizo tambalearse, pero no apartó la vista del enigmático sobre. Lo cogió, se sentó y procedió a abrirlo. Dentro había una dirección, junto con un mensaje que avivaba aún más la llama de la curiosidad en Mateo: "Si deseas saber la verdad, acude a mí" - decía el mensaje escrito en el sobre que dejó el hombre.
Mateo llevaba días siguiendo la pista de unas monedas antiguas vinculadas a una subasta clandestina en el centro de Madrid. Cada pista lo acercaba a un coleccionista desconocido que parecía mover los hilos desde las sombras. En la última sala, el silencio era denso y solo brillaba el metal sobre la mesa. Alguien que observaba desde la penumbra susurro: “No todo se compra con dinero”. La voz volvió a repetirse como un eco cercano, resonando esta última advertencia, de nuevo se escuchó: “No todo se compra con dinero”
Añadio Mateo A continuacion, pego un portazo, signo de su dignidad y enfado ante su amada y continuo ahogando las penas en el bar de debajo de su casa. Alli le esperaba su compañera habitual, una enfermera conocida de hace tiempo y compañera de gimnasio, que al verle, sorprendida le pregunto: -¿Que te trae por aqui un martes a estar horas de la noche? -He venido a buscar consuelo en las copas y en la compañia, respondio Mateo -Eso no es muy buena señal, no es frecuente en ti, replico ella
Aún así decidió arriesgarse y hacerlo de todas formas,no sabe que le deparará el futuro pero después de pensarlo tanto (día sí, día también) lo que sí tiene claro es que por una vez en la vida se va a arriesgar a hacer eso que tanto piensa. Sabe que corre el riesgo de perderla pero aún así va a intentar por todos los medios que no cambie nada entre ellos aunque tome ciertas decisiones que (a ella) no le hagan mucha gracia -Tomaré esa decisión aunque no sea propia de mi
se dijo Mateo, clavando la mirada en la pantalla apagada del ordenador. El reflejo le devolvía la cara de alguien cansado, al límite. Se frotó la nuca con fuerza, exhaló el aire que contenía en los pulmones y agarró las llaves del coche que estaban sobre la mesa. Ya no había marcha atrás; si tenía que equivocarse, al menos esta vez sería bajo sus propias reglas y no las de los demás. Arrancó el motor, consciente de que, a partir de esa noche, Mateo Crespo dejaría de ser el hombre que todos conocían.
El coche se llenó con el sonido monótono del motor. Mateo miró por última vez el portal de su casa a través del retrovisor, no llevaba maletas, ni ropa de repuesto, ni un plan de huida. En el asiento del copiloto solo descansaba un sobre gris, dentro estaba la auditoría real de la empresa, las cifras verdaderas que demostraban que su jefe llevaba años desviando dinero de los fondos públicos. Mañana, cuando el documento llegara a la prensa, el escándalo sería monumental. El abogado espera dentro. Pero una vez que entregues eso, Mateo, no hay marcha atrás. Te van a machacar.
Mateo se acerca a la puerta y extiende su brazo hacia el pomo. En ese momento se percata de que quizá vayan a por él después de eso. Pero sabe perfectamente que los héroes, en ocasiones, deben arriesgarlo todo. Pero Mateo sabe perfectamente que los héroes, en ocasiones, deben arriesgarlo todo.
Sin capa ni poderes, de hecho la mayoría de la gente ni si quiera lo considera. Es solo un chico que trabaja con su tío por las tardes y que intenta llevar una vida normal. Sin embargo aquella noche entendió que tenia que tomar una decisión para que nadie mas saliera herido. Sabe que si interviene probablemente se convertirá en el siguiente objetivo Conoce a los que vienen a por el pero y se queda parado sin saber como reaccionar
Mateo nunca fue el más listo de su clase pero sabía perfectamente cómo salir de ahí, solo tenía que tener la mente fría. Ahí estaban, ya podía sentir su presencia cerca y el sudor frío atravesando su espalda. —Te pedí por favor que no me siguieras —Mateo le devolvió la mirada. —Nunca quise que las cosas acabaran así —masculló una voz entre las sombras que comenzaron a rodearle. —Te daré todo lo que necesitas, pero debes cumplir tu promesa. Mateo iba a confesarlo todo, en el fondo, llevaba meses protegiendo el secreto pero ya no soportaba más la presión.
Sabia a quien tenía que confesárselo. Llevaba mucho tiempo guardándoselo, y tenia que desahogarse de una vez. Cuando se acerco a aquella persona a la que, en un principio, iba a contárselo, un pensamiento profundo lo detuvo. - Querías algo Mateo? - le pregunto. - Nada, nada. Me he olvidado lo que te iba a contar. Mateo se dio media vuelta y regreso a casa. Aquella noche, Mateo no pego ojo, solo podía pensar en aquel secreto que tenia en la cabeza dándole vueltas. Solo podía pensar en que hubiera sucedido si le hubiese contado aquel secreto que tenia en mente, que podría haber hecho.
Quizás podría haber impedido todo lo que paso. Tal vez, y solo tal vez lo hubiese logrado de no ser por su falta de valor. Ahora es demasiado tarde ella se fue, sin saber nada, y no va a volver. Puede que en una noche oscura e introspectiva regrese a su mente, y entonces ya no pueda salir. Aprendiendo Mateo a convivir con ese pensamiento el resto de sus días. Pero ella como tal no volverá. No después de eso.
Mateo bajó la mirada. Sabía exactamente a que se refería. El corazón pertenecía a un familiar, se hizo un silencio en la sala, que pasaron minutos y nadie podía decir nada entre miradas de dolor y esperanza, al paso de unos minutos comprendió que una parte de ella seguiría latiendo.
El teléfono vibró sobre la mesa. Era su padre. —¿Mateo? ¿Estás bien? Llevas todo el día sin dar señales. —Sí, estaba liado. —Se pasó la mano por la cara.— Ahora no es buen momento. Colgó sin esperar respuesta. Se quedó mirando la pantalla hasta que se apagó, y en ese negro vio por un segundo su propio reflejo. Entonces escuchó que alguien llamaba a la puerta y se le heló la sangre.
Se acercó a la puerta despacio, sus piernas estaban temblando y se escuchó el primer trueno de lo que era una tormenta de verano, estaba a punto de llover. Miraba por la ventana para intentar ver quién se encontraba al otro lado de la puerta pero nada. Y con miedo y muy lentamente Mateo sacó valor y abrió la puerta. Cayó un rayo que hizo que se le iluminara toda la cara a esa figura, y con una presencia arrolladora, ahí estaba
Ahí estaba a quien pensaba que jamás volvería a ver. Ahí estaba la última persona a la que esperaba ver. Ahí estaba el último recuerdo de su pasado. Su mirada de ojos Ámbar se clavaba sobre el rostro de Mateo y su sonrisa, aún ensombrecida por la tormenta de fuera, era igual de reluciente que lo recordaba. Ahí, frente a él, bajo el marco de su puerta, no había nadie más que ella. Nadie más que Marina Márquez. Ahí, frente a él, bajo el marco de su puerta, no había nadie más que ella. Nadie más que Marina Márquez.
Fue entonces cuando Mateo, con el miedo de un niño en el cuerpo y la indecisión de un adolescente se acercó a ella cabizbajo. Y le preguntó: - ¿Cómo estás Marina? He estado pensando en lo que hablamos. Girándose sorprendida Marina Márquez, respondió: -Supongo que tú nunca has vivido algo así, no te pido que me entiendas.
Aquel comentario hizo que Mateo esbozara una sonrisa sarcástica y no pudo evitar sentirse algo ofendido. — No eres la única que tiene problemas, ¿sabes? Tal vez nunca haya experimentado tu situación, pero te entiendo. Yo también estoy buscando respuestas, Marina. Sé que podemos ayudarnos mutuamente.
Marina no respondió enseguida. Miro a Mateo como si intentara decidir si aquel desconocido era una amenaza o una salida. En la cafetería, las tazas chocaban y nadie parecía notar el temblor en sus manos. -Entonces dime la verdad- susurró-. ¿Qué sabes de mi padre? Mateo bajó la voz. -Sé que no desapareció solo
Mateo pasó un largo rato dándole vueltas al asunto. Tras mucho romperse la cabeza decidió que era mejor aparcar ese tema y darle un respiro a sus neuronas, asique decidió salir a dar un paseo. Mientras iba ensimismado contemplando el cielo, pisó algo que cedió bajo su pie con un crujido. Levantó el pie y... vio un caracol. O más bien, lo que quedaba de él. Mateo con asco y culpa se dijo para si: -Lo que me faltaba, ahora soy un asesino, un asesino de caracoles. Lo que me faltaba, ahora soy un asesino, un asesino de caracoles.
Mateo pisó el caracol sin querer. Seis y cuarto de la mañana, calcetines, yendo a por agua. El sonido fue pequeño. Casi nada. Pero en el silencio del piso resonó como una condena. - ¡Lo que me faltaba! Lo dijo en voz alta aunque estaba solo. Desde que Giulia se fue, hablaba solo con una naturalidad que ya no le preocupaba. Lo recogió con papel de cocina. Lo envolvió con más cuidado de lo necesario. Fue a tirarlo. Y encontró su propio nombre en el fondo de la basura. - ¡Joder, soy yo!
El corazón de Mateo dio un vuelco. Alisó el papel arrugado con dedos temblorosos, ignorando el olor a café rancio que le manchaba la piel. Era una lista manuscrita, descolorida por la humedad, con varios nombres tachados con saña. El suyo era el último, subrayado dos veces con tinta roja. Miró a ambos lados del callejón, sintiendo de golpe que el frío de la noche madrileña le calaba los huesos. Esto no puede ser verdad, murmuró mientras unos pasos pesados resonaban al girar la esquina. Dio un paso atrás hacia la oscuridad, conteniendo el aliento. Aquella caligrafía le resultaba jodidamente familiar, y eso era lo que más le aterraba.
El corazón se le detuvo por un instante. Sabía lo que tenía que hacer, pero no si tendria el valor suficiente para enfrentarse así a su hermano gemelo. Porque cuando conoces un secreto así, que pesa más, ¿la verdad o la familia?
Lo que dice el corazón. en situaciones así la vida te azota de realidad y te das cuenta de donde realmente estás, que lo importante es lo que te llevas contigo, todo lo material, da igual, ¿qué es la vida si no la compartes?
- Hay momentos en los que la soledad me invade y pienso que no tengo el placer de poder compartirla con nadie. Supongo que todos nos sentimos un poco solos no? - Aclaró Mateo mientras miraba al horizonte melancólico. - Es complicado, hay veces que simplemente te aíslas por pensar que estás solo cuando realmente, no es así, y confundimos la incomprensión con la soledad. Supongo que por eso es importante que la compañía sea la correcta. No hay nada peor que sentirse solo estando rodeado
Mateo empezó a imaginar en su mundo perfecto, en el tenia el sitio que se merecía, donde nadie dejaba de lado a nadie, donde todo el mundo colaboraba por un bien comun y no por intereses propios, nadie queria ser mejor que nadie, simplemente igual. Pero el no se conformaba solo con pensarlo queria llevarlo acabo, un dia de idio empezar a construirlo
Los vecinos lo observaban con curiosidad. Algunos pensaban que perdería el interés en pocas semanas; otros creían que estaba persiguiendo un sueño imposible. Sin embargo, él seguía trabajando con la misma determinación día tras día. Pasaron los meses y aquella idea que había nacido como un simple pensamiento comenzó a tomar forma. Tornillo a tornillo, tabla a tabla, fue levantando algo que nadie esperaba. Y cuando por fin estuvo listo para mostrar el resultado, reunió a todos frente a su puerta Con una sonrisa nerviosa en su rostro, abrió la manivela y les enseñó a todos su increíble creación…
Al principio nadie dijo nada. Mateo Crespo se quedo quieto junto a la mesa, con una mano aun en la manivela y la otra escondida en el bolsillo de su sudadera. Habia imaginado ese momento de mil formas distintas:aplausos, risas, alguna broma de las de siempre, incluso un “estas fatal”. Pero no habia imaginado aquel silencio. Sobre la mesa habia una caja metálica, con un 22 grabado en la tapa.Mateo la toco y todos dieron un paso atras al oir un golpe desde dentro. Entonces el 22 empezo a parpadear, como si alguien contestara desde dentro
En ese instante, el miedo inundó a Mateo. No recordaba nada, apenas sabía dónde estaba. Solo sentía el sudor bajándole por la cara y una brisa que le hacía notar la piel contra la ropa. ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Acaso era su responsabilidad? Se sintió solo incluso dentro de su propio diálogo interno, justo cuando todos esperaban una respuesta. Entonces algo se apoderó de su cuerpo. Vio sus brazos moverse hacia aquel 22 que no dejaba de parpadear, como si lo llamara desde un lugar muy lejano.
Mateo siguió avanzando hasta descubrir que el misterioso “22” provenía del reloj digital de una freidora de aire olvidada en mitad de la acera. —Esto no puede estar pasando… —¿Qué ocurre? —preguntó su vecino. —Creo que el universo intenta decirme que deje de pedir comida a domicilio. El aparato emitió un pitido. Mateo decidió ignorar aquella amenaza culinaria. Pero de pronto, la freidora empezó a vibrar a la vez que un humo intenso y olor a chamusquina salía de ella, Mateo tenía claro lo que tenía que hacer
Sabía que era peligroso acercarse a la máquina. Por lo que, en un acto prácticamente instintivo mientras el humo inundaba la sala, corrió hacia el enchufe para desconectarla. Con miedo a que algo pudiera ocurrir, la desconectó de golpe y con los ojos cerrados rezando para que no explotase. Al momento dejó de escuchar vibraciones y sintió un alivio inmenso. Posteriormente, y seguro de que la electricidad dejó de circular se decidió a comprobar qué había ocurrido acercándose a la freidora.
Después de revisar la freidora, se dio cuenta de que el aceite que estaba allí seguía caliente, por lo que intuyo que se la habia dejado encendida desde la noche anterior. Esto le hizo reflexionar ya que llevaba días en los que habia tenido un montón de despistes que no eran propios de él. "¿Qué me esta pasando?" Se preguntó mientras miraba las burbujas de grasa que aún salían del aceite negro de la freidora. Apagó la freidora y se fue al salón a reflexionar. la luz se habia ido tras dejarse la freidora enchufada. Esta en el salon y se va a poner a pensar porque esta despistado últimamente.
No entiende bien que le pasa, pues le dice a todos que esta bien mientras realmente sabe q no es asi pero es más facil fingir que va bien que enfrentarse al problema el mismo y la oscuridad total provocada por el mismo le deja aun más que pensar pero en algun momento decide terminar con esos pensamientos levantandose para arreglar la luz y poder volver a poner su vida en orden aunque sabe que ya nada será como antes. Pues la felicidad por la que solia pasar se ha esfumado completamente o al menos eso es lo que piensa mientras busca como ae puded arreglar la luz.
A veces pensar más allá es malo.¿Porque una cosa tan simple como es arreglar la luz se me hace un mundo?, lo mejor que se puede hacer es seguir adelante sin mirar atrás, sin mirar el tiempo. Que te impide hacer algo o no, no pienses en la gente ni en lo que va a costar, hazlo y ya.
Estaba en el momento más solo de su vida. No sabía en lo que hacer y en lo que debía hacer. Todos los murmullos de la calle, parecía un fin en su vida. -¿Por qué lo he hecho?- me pregunté -Si no fuese por lo que hice todo estaría de la mejor manera posible, solo ese movimiento, ESE MOVIMIENTO. Es la razón por la que ahora estoy más solo que nunca. Aunque todo esto haya sido lo peor de mi vida , también ha sido una lección de vida. -De repente, ¿que ha pasado?, estoy muy confuso. -De repente, ¿que ha pasado?, estoy muy confuso.
Me encontraba solo, absorto en mis pensamientos, rodeado de muchas personas. Decidí caminar sin rumbo. Comencé a andar, me pesaban los pies, la mochila cargada de recuerdos, de lugares a los qué jamás volveré. Por primera vez decidí mirar por mí y dar rienda suelta a cualquier apetencia que pasara por mí cabeza. Emprendí rumbo hacia el oeste, guiado por el sol que me golpeaba en los ojos en búsqueda de mi siguiente parada. Frente a mí vislumbré una estación de autobús, podía decidir mi destino Frente a mí vislumbré una estación de autobús, podía decidir mi destino. Por fin me sentía libre.
Sin embargo, me eché atrás. Tenía miedo de lo que pudiera pasarme en el futuro, de dejar todo atrás y dejar de ser quien era. Entonces llamé a un Uber y me fui a tomarme una copa solo, reflexionando sobre mi vida y mis decisiones. Me senté en un restaurante un tanto peculiar llamado "El Bogavante Cantante", situado a las afueras de la ciudad. Ahí fue cuando vi un cartel donde ponía que buscaban camarero y me presenté al puesto, aunque me pedían disfrazarme de bogavante al servir al cliente. Ahí fue cuando vi un cartel donde ponía que buscaban camarero y me presenté al puesto, aunque me pedían disfrazarme de bogavante al servir al cliente.
La idea no me convenció pese a que necesitaba el dinero. Me presenté en todas las entrevistas de trabajo que encontré. Mi pasión eran los niños y en la guardería cerca de mi casa me ofrecieron ayudar a cambio de un salario mínimo. Sin dudarlo mucho, acepte. Los primeros días parecían fáciles: limpiar vómito, jugar con niños y enseñarles los colores. Los días transcurrían rápido, pero mi cuerpo cada vez pesaba más. Tenía que compaginar el trabajo con mis estudios y no era nada fácil. Un día decidí apostarlo todo y cumplir uno de mis sueños: viajar a hacer un voluntariado con niños a Kenia.
Al principio, como todo, da miedo el ayudar a gente que lo necesita es mi pasión desde que era un niño. Y esta decisión fue la mejor que hice. Conocer a gente nueva con tus mismos sueños, ayudar en todo lo que puedas incluso vivir la experiencia como un ciudadano mas es lo que me ayudó a ser la persona que soy ahora. Y ese soy yo Mateo Crespo, el chico que lo apuesta todo por seguir sus sueños y aprender de cada paso que da.
Aunque por las noches parece que soy otra persona, un caminante sin rumbo en la oscuridad. Todo el mundo vive en automático como coches siguiendo el camino de la autopista con un destino fijo, como el sol saliendo cada día porque solo sigue su flujo, y la gente se sorprende cuando aparece la luna y forma el eclipse, pero no se dan cuenta que es igual que la vida aunque sigas tu camino en algún momento aparecerá algo que cambiará tu rutina. Pero la vida es un tren y nosotros solo somos pasajeros. Y así es la vida, un mundo que sigue su curso ocupado por almas pasajeras.
Mateo dejó el vaso en la barra sin terminar el café. Nadie lo vio salir. La calle de siempre, el mismo ruido de siempre, los mismos coches. Cruzó el semáforo en rojo porque tampoco había nadie. En el banco de la plaza había un hombre mayor dormido con la boca abierta y un periódico en el regazo con titulares que ya no importaban. Mateo lo miró más de lo que es educado mirar a alguien, buscando algo, como pidiendo permiso. Había una niña persiguiendo una paloma con una seriedad absoluta. Como si capturarla fuera lo único urgente del universo. Mateo sonrió sin darse cuenta, la primera vez en mucho tiempo. Sus ojos cielo se abrieron.
Sacó un cigarro de una tabaquera que llevaba en el bolsillo, lo encendió y en la primera bocanada de humo recordó los bonitos momentos que habían pasado como si de una nube magica le proyectara todo lo bueno y disipara todo lo malo. Pero como si de un cigarro se tratase, ese buen pensamiento acabó consumiendose y terminaría desechado en el suelo, pisoteado por la nostalgia
Mateo sostuvo la llave como si no terminara de pertenecerle. El piso seguía en silencio, pero era un silencio con intención, como si esperara algo de él. El móvil volvió a encenderse con el mismo mensaje desconocido. No respondió. Se acercó a la ventana y miró la calle: gente que seguía su rutina sin saber que él acababa de perder la suya. Sintió una calma extraña, como si su vida hubiera dado un paso hacia un lugar al que él todavía no había sido invitado. Sintió una calma extraña, como si su vida hubiera dado un paso hacia un lugar al que él todavía no había sido invitado.
Tuvo que adaptarse, como buenamente pudo. Sin mirar hacia atrás, sin pensar en lo que eso significaría para el resto de su vida. Una decisión que él no tomó, pero que tuvo que aceptar. Así dentro suya, sin el quererlo, su cuerpo calmó, sus pulmones volvieron a respirar y su cabeza dejó de hacer el ruido que desde hace mucho tiempo no cesaba. Siguió con sus costumbres extrañas, volvió a coger el libro que llevaba en la mesilla de noche desde hace semanas y reflexionó, Porque el camino que no decidimos nosotros, aveces es el que más nos acerca a un buen desenlace final.
Mateo, leyó aquella frase en la pantalla de su móvil mientras esperaba al autobús. La había compartido su abuelo en redes sociales y, por primera vez en mucho tiempo, se quedo pensando en ella. - ¿Vienes o que? - gritó su amigo desde la otra acera. Mateo guardo el teléfono en el bolsillo y negó con la cabeza. - No, hoy no me apetece. - ¿Otra vez pensando en lo mismo? - Supongo. y justo entonces sonó el teléfono que nunca debió contestar.
Y si así es cogió el teléfono al otro lado del aparato no se sabía muy bien quién estaba se escuchan cortes algo inaudible pero lo que sí que entendió al 100% fue tengo lo de matías en la nevera Mateo le contesto muy borde como que tienes lo de matías eh pringado y colgó luego volvió al salón con matías y siguieron viendo la serie esta de dibujitos decía Mateo miro a matías y le dijo como has dicho que se llamaba esto Matías le dijo Ataque a los titanes y Mateo dijo yo flipo que frikada y se rio Y aunque no lo supiera ataque a los titanes sería una serie que marcaría un punto inflexible en la vida de mateo
Lo que empezó como un simple maratón de fin de semana en el sofá se convirtió en su refugio. Fuera de la pantalla, el mundo real de Mateo se desmoronaba entre facturas y llamadas perdidas; dentro de la ficción, los dilemas de los personajes le parecían más lógicos que sus propios problemas. Se obsesionó tanto con las estrategias de la serie que decidió aplicarlas a sus crisis financieras. Apagó la televisión, respiró hondo y ejecutó el plan más arriesgado de su vida.
Cojo mi abrigo a la vez que me pongo mis zapatos, con una velocidad y torpeza que no era normal en mí. Al salir de casa, voy sin pensarlo a coger el coche. Una vez sentado, con una mano en el volante y otra cerrando la puerta, paro, y pienso si todo esto vale la pena. Pienso si vale la pena arriesgar por alguien que ya no me recuerda, pienso si podré soportar que me mire como a cualquier otra persona. Pero también pienso en ella, y recuerdo que sí vale la pena. Así que arranco el coche, y a una velocidad que prefiero no mirar, voy a por ella.
Las luces de la ciudad se convierten en líneas borrosas a través del parabrisas. Aprieto el volante con fuerza mientras repaso una y otra vez lo que voy a decirle. Después de meses huyendo de mis propios errores, por fin estoy dispuesto a mirarla a los ojos. El teléfono vibra sobre el asiento del copiloto. Es su nombre. Durante un segundo dudo en responder, pero la llamada se corta antes de que pueda tocar la pantalla. Un mal presentimiento me atraviesa el pecho. Solo espero no llegar tarde. Un mal presentimiento me atraviesa el pecho. Solo espero no llegar tarde.
Pero fue entonces, cuando me disponía a encarar la calle para regresar, un pálpito en el pecho me hizo darme la vuelta sobre mis talones, con una presión en el pecho indescriptible. Y entonces me perdí en sus ojos, cálidos, pardos y con una vibra mágica. Sabía que podía encontrar a esa persona que hiciera vibrar mi corazón al ritmo de la música, con la armonía de un piano, con el sabor de mi comida favorita, con el olor de ese perfume que embriaga. Sabía que podía encontrar a esa persona que hiciera vibrar mi corazón al ritmo de la música
Una vez sabido eso, fue el instante en el que Mateo supo que su destino era estar con ella. Cada momento que pasaba, pensaba en ella, en su cara, su cuerpo y eso hacía que no pudiese pensar en un futuro que no fuese con ella. Mateo se ha dado cuenta que ella ha de ser su futuro.
Tras horas pensando lo vivido, lo tiene claro, y es por ello que no se imagina un futuro sin ella. Mateo no puede parar de pensar en ella, quiere que sea la madre de sus hijos. Esto no es una historia de amor, es una pasión.
Mateo Crespo no sabía cuándo empezó exactamente. Quizá fue aquella tarde gris de noviembre, cuando el cielo parecía hecho de ceniza y las hojas corrían por las aceras como pequeños barcos sin rumbo. O quizá comenzó mucho antes, en alguno de esos silencios que se instalan dentro de una persona sin que nadie los note. Desde entonces, cada detalle comenzó a adquirir un significado que antes no tenía.
Cada persona que veía era diferente. Eso ya lo sabia, sí. Pero ahora era capaz de encontrar la esencia, lo que le hacía a cada uno especial. Cada gesto, cada palabra, cada risa, … Todo. En algunos momentos necesitaba cerrar los ojos y descansar su cabeza y su corazón, ya que lo abrumaban tantos pensamientos y emociones. Esperaba que, con el tiempo, menguara esta nueva capacidad. O por lo menos, que él mismo aprendiese a dominarla. Le hacía feliz, pero le agotaba.
Mateo dejó la taza sobre la mesa y se frotó los ojos. Desde hacía semanas, cada encuentro, cada conversación, parecía tener un peso distinto. Lo que antes pasaba desapercibido ahora lo alcanzaba de lleno. Aquella sensibilidad le permitía comprender mejor a los demás, pero también cargaba con emociones que no eran suyas. Sonó un mensaje en el móvil. Lo leyó y sonrió sin querer. Quizá el cansancio merecía la pena. Sonó un mensaje en el móvil. Lo leyó y sonrió sin querer. Quizá el cansancio merecía la pena.
Mateo deja el teléfono sobre la mesa, respirando hondo por primera vez en semanas. El mensaje confirma que la galería de arte ha aceptado su exposición completa. Todo el cansancio y las noches en vela por fin cobran sentido. Mira a su socia, que espera una respuesta conteniendo el aliento. —Lo han aceptado todo —dice con la voz temblorosa por la emoción. -Pero hay una condición: quieren las obras que prometí destruir -añade Mateo.
Me encontraba entre la espada y la pared. ¿Cómo podría destruir los cuadros de mi esposa? Durante años había estado coleccionado aquellas obras. Todas eran valiosas, algunas económicamente y otras sentimentalmente. Cientos de recuerdos afloraban cada vez que las miraba. Toda nuestra vida buscando cuadros que tendría que destruir. Me asustaba su reacción, pero aún más, las consecuencias de no hacer nada.
Yo estaba sentado, contemplando la densidad del aire, intentaba apaciguar el sentimiento. No era capaz de mirarle. Intente levantar la mirada varias veces, mi cuerpo no reaccionaba. Apretando la mano con ademán de fastidio. Los dientes me rechinaban ligeramente ante la impotencia. Intenté llamarle, no reaccionó. Empecé a replantearme muchas cosas. -¿Tal vez estoy equivocado?- De repente, levantó la cabeza y me dijo:
-¿Crees de verdad qué todo lo que está pasando estos días, va a llegar a algo? -Yo, sinceramente, creo que no, no me considero una persona negativa, pero visto cómo estamos avanzando en ello, al final todo se va a quedar en nada. -Deberías confiar un poco más, y abrir tu mente, yo creo que eso te ayudaría a ver las cosas de otra manera. -A lo mejor lo que deberías es ser un poco más realista y dejar de hacerte falsas ilusiones.
- Me duele que me digas que tengo que ser mas realista, yo lo que quiero es ser feliz y disfrutar del tiempo que me queda. No son falsas ilusiones, son metas. - Quiero disfrutar de mi tiempo con los mios persiguiendo mis metas.
Mateo intento conseguir sus metas, pero antes quería celebrar una gran fiesta con sus amigos, llamados pedro,manuel,travis,rafa,alejandro,tomas,omar,orson,adri,alejandro y su primo, asi que organizo una gran fiesta en la playa con alcohol,cachimbas y con altavoces jbl. Gracias a esa noche todos pudieron descansar de los examenes y de toda la tension y ansiedad que hay en esta actualidad, por eso mateo siempre intenta despejarse un poco para cumplir con las metas y compartirlas con los suyos. Mateo y su gran fiesta en la playa, antes de persiguir sus metas y compartirlas, en malaga
todavía tenía asuntos pendientes que solucionar. Por ello, Mateo tuvo que pausar por unos minutos y decidir por dónde empezar. No eran pocas las tareas de las que se tenía que ocupar, ni pocas las personas a las que tenía que contactar. Tras unos minutos de reflexión, Mateo decidió que primero tenía que llamar a su hermana, ella seguro sería capaz de ayudarlo a decidir qué hacer. Tras unos minutos de reflexión, Mateo decidió que primero tenía que llamar a su hermana, ella seguro sería capaz de ayudarlo a decidir qué hacer.
Mateo llamó a su hermana, pero no contestó. Volvió a llamar, y nada, no sabía donde estaba. Ya no podía pedirle opinión, era el momento de decidir, tenía que elegir qué camino seguir, pero estaba indeciso... Fue entonces cuando recordó algo que decía una frase de Fito y Fitipaldis en su canción favorita: no es el camino el que decidirá tu futuro, sino los pasos que des. Mateo dejó de darle tanta importancia al camino y más a cada paso que daba, y decidió seguir su intuición, pensando solo en el siguiente paso...
Esto lo llevó hasta un sendero que nunca antes había visto. Era estrecho, casi escondido entre los pinos, y estaba cubierto de hojas secas que crujían bajo sus pies. No sabía adónde conducía, pero, por primera vez en mucho tiempo, tampoco le importaba. Mateo aún no tenía ni idea, pero ese sendero iba a cambiarlo todo.
Todo lo nuevo asusta, el cambio es algo que no todos sabemos llevar, y en especial Mateo no es una persona que sepa encajarlos del todo bien. Sin embargo, antes de aventurarse a tomar ese sendero, Mateo reflexionó acerca de ello. Pues qué hay de malo en un cambio, en algo nuevo, en saltar al vacío y ser partícipe de algo que ni él ni nadie en este mundo puede saber cómo acaba. Esa pequeña reflexión le hizo recordar a Nika, "el hombre más libre del mundo". Tras ello, Mateo tomó el sendero. Tras ello, Mateo tomó el sendero.
No sabía que se iba a encontrar, solo que tenía que ir en esa dirección y que la vida le había traído a este preciso instante por algo. Estaba excitado, no paraba de recordad momentos como aquel verano con Maria. Mateo tomo el sendero y empezo a recordar momentos como aquel verano con Maria.
En aquel verano Mateo descubrió que es sentir amor, aunque no era recíproco ni tampoco sabía que era sentir el amor bien . Desde entonces recuerda siempre esto : “Si no te quieres bien, conviertes el amor en un lugar donde esconderte de ti mismo. Y eso no es amor, es supervivencia disfrazada” Que no sabe de dónde salió pero lo recuerda . Mateo desde entonces toma momento en su día para reflexionar y ver qué es el amor de verdad para él Mateo desde entonces toma momento en su día para reflexionar y ver qué es el amor de verdad para él
Quien podría entonces negarle sus metas? Sus sueños? Su vida. Solo quería mirar a los ojos a la gente y sentirse bien, feliz. Todo se podía desmoronar en un abrir y cerrar de ojos. No era la primera, ni ultima vez.
Pues es algo que seguiría ocurriendo, así como el ejemplo más básico del que tropieza con la misma piedra... sólo que esa piedra para él era la más hermosa jamás vista. No todo lo que extrañaba merecía volver.
Y por eso lo dejo ir porque a veces lo mejor es hacer las cosas que uno quiere. Por lo que siguió con su camino para encontrar lo que en realidad él buscaba y no lo que querían que buscase para complacer al resto. siguió con su camino para encontrar lo que en realidad él buscaba y no lo que querían que buscase para complacer al resto.
Había elegido rebelarse. Equivocarse. Seguir distintos caminos sin detenerse a pensar cuál era el correcto. Durante demasiado tiempo, el porqué de las cosas había ocupado cada rincón de su mente. Mateo Crespo no era perfecto, pero Mateo Crespo debía serlo. ¿Por qué? Mateo quería ser imperfecto. Quería alejarse de todo aquello que cualquiera pudiera esperar de él. Ya estaba bien. Su vida no había sido suya y, quizás, nunca llegaría a serlo del todo. Pero se encargaría de decepcionar a todo aquel que creyera tener derecho a decidir por él.
Mateo Crespo, un nombre común y un apellido común, representado por una persona común. O así se sentía él. Sentía que podía saber lo que otros pensaban sobre él solo con mirar a la cara de los desconocidos que lo rodeaban por la calle. Decepción, aburrimiento, burla, pena... todo negativo. No obstante, Mateo se había dado cuenta por primera vez que no era cierto, que solo reflejaba lo que habitaba en su cabeza. Por eso había decidido dejar atrás sus miedos y comenzar a comerse el mundo. Por que, ¿sabéis qué? Lo triste no es que no te valoren. Lo que duele es saber que no lo hacen y, aun así, querer permitirlo. Era hora de cambiar.
Y ese pensamiento no llego de manera perfecta ni limpia. Llegó como llegan las cosas que se retrasan demasiado. Con ruido y sentimiento de cansancio. Con esa sensación de haberlo entendido todo tarde y aunque no sabia exactamente que venia ahora, había algo que ya no se iba a repetir. Mateo no tenia el problema de no entender lo que pasaba, lo entendía siempre, el problema era aceptarlo.
Aceptar la vida, los problemas, las costumbres de su madre... Total, su cartera no sufría si gastaba por una "birra" mas. Fue al bar de toda la vida, el de la esquina. Estuvo hablando en la barra, tranquilo, disfrutando de sus tragos. Y salió de la puerta, se resbalo y se quedó - quieto en el suelo - tampoco quería levantarse. Quería quedarse allí para siempre. Pero siempre hay cosas mas importantes, no?
Su deseo por quedarse era inmenso, tanto que, hizo todo lo posible por cumplirlo, pero de pronto, se encontró con algo que no esperaba, una botella con un mensaje dentro, el cual decía “se feliz” y eso le hizo pensar, le hizo plantearse muchas cosas en su vida, tanto, que decidió cambiar algo, decidió evadirse por unos días de la presión social y pasar unos días sin ningún tipo de contacto con las redes, dejó su teléfono en casa y salió a emprender una aventura Una aventura que nunca olvidaría, un viaje que siempre quiso hacer y lo más importante: él solo, con sus pensamientos y sin su teléfono móvil
Salió de casa. Al escuchar el crujido de la madera de la puerta de la salida, se paralizó. Vio su misma puerta de entrada de su piso enfrente. Se fijó en la alfombrilla de la entrada. Un lettering con la palabra Bienvenido enlazada entre flores, ¿por qué somos siempre tan amables?¿de verdad quiero que entres siendo feliz?¿voy a ser yo quién te haga feliz? Mil pensamientos recorrían cuando de repente sus piernas estaban en la entrada de su edificio. Un vecino le gritó, era el de enfrente. Salió al portal del edificio. Un vecino le gritó de mala manera. Él estaba envuelto en sus pensamientos porque por fin salió.
Mateo miró a ambos lados de la carretera y sin pensarlo dio un pase firme adelante. Mateo cruzó la avenida y se encontró con un kiosko, mateo pidió el periódico de ese día, solo quería comprobar una cosa, a lo que el kioskero le pregunto que si era de por ahí, mateo negó y le dijo que solo estaba de paso en la ciudad. Más tarde mateo encontró un banco de un parque y se dispuso a sentarse, solo que una figura extraña tras un árbol de robo su atención
No tenía cara ni forma, pero se le hacía extrañamente familiar. Como si hubiera estado en esa situación antes. Unos minutos después llevado por el atrevimiento se levantó y se dirigió a aquél árbol. Para su sorpresa, al verle llegar aquella figura desapareció. Aquella imagen se esfumó de su retina dejando el misterio en el aire.
¿Que había sido eso? Mateo decidió no darle más vueltas y seguir con aquel lunes que tantos quebraderos de cabeza le estaba dando. Salió a la calle como si nada hubiera pasado, aunque por dentro su cabeza no paraba de darle vueltas a todo. Después de varias horas andando sin rumbo fijo, decidió que era un buen momento para buscar ayuda. Llamó a su amigo Pablo y le contó todo lo que estaba sucediendo. - ¿Que pasó después? - No lo sé, tio. Está todo borroso y mi cabeza no logra juntar recuerdos. Lo único que tengo claro es que necesito ayuda.
Se pasa las manos por el rostro, como si pudiera despejar la nube negra que le envuelve alrededor. Las voces de alrededor le llegan distorsionadas, como si vinieran de otro sitio. La pistola sigue en el suelo. El chico que tiene enfrente, un enfermero del servicio de urgencias le observa con calma. -Mateo, ahora estás a salvo. Pero necesito que te concentres. ¿Cómo llegó esa pistola ahí? Mateo niega con la cabeza. - Te han encontrado desorientado, sin móvil, sin documentación… En ese momento Mateo nota algo en su bolsillo, algo que no debería estar ahí. Lentamente saca un llavero… - Esto… no es mío -susurra.
Mateo inmediatamente se puso muy nervioso. Le comenzó a sudar el cuerpo y a temblar las manos y, en ningún momento, apartó la vista del llavero. Le comenzaron a acechar millones de recuerdos en su cabeza y le empezó a faltar el aire. Al instante echó a correr, todavía con aquel misterioso llavero dentro del puño.
Mateo sintió el frío del llavero contra su mano mientras giraba la esquina. A lo lejos, las luces de una cafetería parpadeaban, y el aroma del café recien hecho se mezclaba con la lluvia. Respiró hondo, apretó el llavero en el puño y entró. Dentro, reconoció a una chica que no veía desde hacía diez años, y supo que esa noche todo cambiaría de nuevo. Mateo dio un paso hacia delante, sintiendo que cada decisión del pasado lo había conducido hasta allí, Al acercarse, escuchó su nombre, pronunciado por una suave voz, que jamás pensó volver a oír.
Al acercarse, escuchó su nombre, pronunciado por una suave voz, que jamás pensó volver a oír. —Mateo. Se detuvo en seco. El bullicio de la calle pareció desvanecerse durante un instante. Los coches seguían pasando, la gente continuaba caminando con prisa, pero para él todo había quedado suspendido en una especie de silencio imposible. Giró lentamente la cabeza. Allí estaba. A pocos metros, junto a la parada del autobús, una mujer lo observaba con una tímida sonrisa. Era ella, venía desde Boiro, tan alegre, tan bella..
Mateo no se lo podía creer, su amiga de la infancia, crecieron juntos pero por un amor de verano entre Víctor y Mateo terminó su amistad. Mateo traga saliva y se harta de valor a saludarla. -¡Hey! Cuántos años sin vernos, ¿te acuerdas de mi? Ella frunce el ceño intentando adivinar quien era esa persona cuando una chispa de inspiración le viene: -¡MATEO! ¿No me lo puedo creer, te mudaste aqui? -Tengo tantas cosas que contarte..Me gustaría charlar contigo para ponernos al dia y contarte la verdad Mateo después de años sin ver a su (ex)amiga, se encuentran en la granciudad y le propone ponerse al dia y comentar loquesucedió con Víctor;ex d mateo
No tenía muy claro cuál era la decisión correcta a la hora de establecer una nueva vieja amistad, pero podría aventurarse a afirmar que no es con una ex amiga con quien debía hablar de su ex. Siempre había sido una persona abierta en ese sentido, creía firmemente que el chisme y el cotilleo eran la mejor forma de transmitir información históricamente, no tenía nada en contra de los libros de historia, pero siempre pensó que faltaba algo de magia en la narrativa de todo. Así que… adelante. La decisión estaba tomada, quedaría con su ex amiga para hablar de su ex, aunque suene enrevesado, solo faltaba el cuándo y dónde en la gran ciudad…
Mateo se propuso que sería la semana que viene en una cafetería céntrica y algo cara. Dicho y hecho, le escribió el mensaje a su ex amiga.Minutos antes de llegar, Mateo, caminaba por la calle con una flamante sonrisa en la boca. Pero, al llegar al lugar, se encontró con que su examiga no estaba sola: estaba con la ex de Mateo. Mateo había caído en una trampa por parte de su amiga para "obligarle a hablar con su ex". ¿Que iba a hacer el ahora? ¿Se sentaba con su ex y su ex amiga o daba media vuelta?
Decidió seguir su propio camino y comenzó a andar sin descanso. Sabía que no era la mejor de las decisiones, que debía enfrentar sus problemas. Pero no tenía el coraje suficiente como para hacerlo. Mientras caminaba en sentido contrario enseño una pequeña sonrisa de alivio. Volviendo a casa por las estrechas calles se topó con una estatua de gran tamaño, esa estatua muy peculiar.
Mateo se frotó los ojos. El coloso de bronce estaba ocupando prácticamente toda la calle, juraría que jamás la había visto. La estatua no era nadie importante, no era un busto heroico ni nada similar. Era una hombre en calzoncillos, sin más. -¿En serio se gastan el presupuesto en esto? -farfullo -El arte debe incomodar, muchacho - respondió un barrendero aguantando la risa. Mateo se acercó a ver el realismo de los detalles. Fue entonces cuando se dio cuenta que algo no encajaba. Al mirar la estatua del hombre en calzoncillos se dio cuenta que algo no encajaba.
Mateo Crespo se acercó. La estatua sostenía un cartel que ponía: «Mis datos también fueron filtrados». Alguien había pegado encima la URL de la brecha. Había cola para hacerse fotos. Aquello era como la plaza Callao un domingo de turistas, pero todo el mundo miraba el cartel en lugar de la escultura. Un niño le preguntó a su madre: «¿Por qué está en calzoncillos?» Ella respondió: «Porque ya no le queda nada más que perder.» Mateo guardó el móvil sin responder el SMS de disculpa. La estatua le devolvía la mirada. O eso le pareció a él, que llevaba tres días sin pegar ojo.
Después de toda la noche sin pegar ojo, Mateo se levantó sobresaltado. - ¿estás bien? - sí, eso creo. Parpadeo varias veces, tenía la boca seca y el cuello dolorido. Sus compañeros le ayudaron a incorporarse. Mateo miró inmediatamente hacia la estatua, seguía inmóvil en su pedestal, muda. Sintió mucha vergüenza, ni siquiera podía explicar qué había visto ni sentido, la sensación de que alguien había estado observándolo durante días aún así era muy real. Quizá fuese la falta de sueño. Esa falta de sueño era real, pero Mateo sin duda estaba siendo vigilado por alguien. Alguien a quien tendría que descubrir más pronto que tarde.
Se sentía inquiero, Quien podra ser?. No dejaba de ver esa oscura sombra en la puerta, detrás de él, en el espejo, cada vez que salía de casa le perseguía. Llamó a su madre desesperado, pidiendo ayuda, necesitaba una respuesta de quién le estaba haciendo esto. Llamó a su madre desesperado, pidiendo ayuda, necesitaba una respuesta de quién le estaba haciendo esto.
Llamó y llamó, pero no se lo cogía. Decidió hacer un último intento de llamada pensando -mamá cógelo por favor-, y por fin, su madre le cogió el teléfono. Le preguntó a su madre con angustia y los ojos llorosos -mamá quien puede estar haciéndome esto-. Hijo tranquilo, quien sea que te ha hecho esto tiene que ser de tu círculo cercano. <se corta la llamada y Mateo se queda pensativo>
Mateo dejó el teléfono sobre la mesa y repasó mentalmente los últimos días. No eran muchos los que conocían aquel secreto. Su hermana, dos amigos de la universidad y una compañera de trabajo. Caminó hasta la ventana intentando ordenar las piezas, pero cuanto más pensaba, más sentido tenía una posibilidad que no quería aceptar. Entonces, su movil vibró y un menaje de texto iluminaba su pantalla. Si estas leyendo esto, ya es demasiado tarde.
Fin
100 fragmentos · 100 autores