Nuevas vidas
Escrita por 100 autores · ES
Salió del baño con el corazón a mil. Caminó hasta el salón, dejó el móvil bocabajo sobre la mesa y se sentó. Por primera vez en años, no había nada que mirar. Solo silencio. Un respiro. Y de repente, todo lo que llevaba años evitando apareció en su cabeza al mismo tiempo. Lo que dejó por miedo. Lo que prometió y nunca cumplió. Esa idea que tuvo a los veinte y que enterró en el scroll. —Joder —dijo en voz alta—. Soy capaz. Mateo Crespo no era especial. No era nadie. Era exactamente como millones de personas. Pero algo en aquel silencio le hizo entender lo que llevaba años intuyendo. Su sueño no era una fantasía. Era una decisión que llevaba años posponiendo. Cogió la libreta. Y escribió la primera línea de ese proyecto que cambiaría el mundo. Tras empezar el proyecto que a tantas personas la iba a cambiar la vida, una herramienta para solucionar la adicción a las pantallas, empezó a sentirse mejor y mejor consigo mismo. Las manos parecía que fuesen solas pulsando las teclas. Miró por la ventana y vio a su vecina regando las plantas. Se asomó a la ventana y le gritó:
- ¡Vecina, hoy es un buen día para cambiar el mundo! Estoy convencido de que voy a crear la herramienta definitiva para salvar a la humanidad - Se puso su ropa preferida y salió a la calle a observar el comportamiento de la gente. Tristemente vió que nadie se miraba, todo el mundo iba en automático, y ahi, verificó que su proyecto sí que tendría sentido. Volvió a casa y encendió ese ordenador, donde no sabía que estaba a punto de cambiar la historia. Se miró fijamente en el espejo de su cuarto y entendió que el momento de salvar a los humanos de las pantallas era ahora o nunca.
Hantes de continuar, se pensó unos instantes en que otra vida le hubiera gustado estar. Cual será mi próximo viaje. Y quien me acompaña en este próximo año Me acompañas al viaje
Mateo subió corriendo a su habitación y empezó a preparar una mochila improvisada con todo lo que iba necesitar para su aventura. Una vez tenía todo listo, dejó en la cocina una nota a sus padres diciéndoles que se iba a pasar el finde a casa de Marta, le dio un beso a su perro y salió decidido a descubrir el misterio. Pero nada más salir por la puerta calló en la cuenta, -‘¿cómo voy a llegar hasta allí?’
Mateo que tenía mucha prisa para llegar se dio cuenta que estaba tieso, y que tenía más o menos veinte céntimos para echarle gasolina a su vespino, así que llamó a su colega Chiquiibai para que le ayudase, le dijo que se terminaba de hacer un tema con el Quevedo y que le iba a pasar a buscar, lo que Mateo no se esperaba era que. Chiquibai llegó en el coche con el Churumbel y Nil Ojeda que también querían ir donde Mateo.
Mateo Crespo los ve bajar del Coche y, aunque acaba de pasar 15 dias camiando solo para alejarse del ruido de todos, la musica que sale por la ventana le despierta una inquietud que logra esconder. El abre la puerta y sabe que esos tres no vienen por casualidad. Seguro quieren grabar un TikTok.
Mateo abrió la puerta y arqueó una ceja al ver a los tres chicos en el rellano. —A ver, una de dos: o vais a grabar un TikTok o vengo de ganar la lotería y nadie me ha avisado. Ninguno se rio. El más alto sacó una fotografía doblada del bolsillo y se la tendió. —No venimos por eso. Mateo la cogió sin mucho interés. Pero al mirarla, la sonrisa se le borró de golpe. Reconoció el lugar al instante. Pero cuanto más observaba la imagen, más claro tenía que nunca había estado allí. Pero cuanto más observaba la imagen, más claro tenía que nunca había estado allí.
No sabía de qué se trataba, estaba borrosa y con alguna mancha de marrón en las esquinas. Seguía observándola y examinándola, pero no despertaba ningún recuerdo en su interior. ¿Habré soñado con esto? se preguntó. La imagen comenzó haciéndose cada vez más nítida, hasta que las manchas marrones comenzaron a verse más claras. Entonces, vio un detalle de aquella fotografía que le hizo contener la respiración
No era el gesto serio de su padre, ni la mano de su madre apoyada sobre su hombro como si quisiera sujetarlo para siempre. En la esquina de la foto, junto al marco de la ventana, aparecía una sombra. Al principio pensó que era una mancha del papel, una imperfección producida por el paso del tiempo. Pero al acercarse a la luz de la lámpara, pudo ver mejor esa inconfundible silueta. Su hermano. Mateo tragó salivo y se quedó con un sentimiento inefable. Al parecer, no sabía la verdad de la situación.
Y la verdad es que Mateo tenía un secreto, uno de estos que no le cuentas a nadie por seguridad. Pero en este caso Mateo decidió contárselo a Lucía por el bien de todos. - Vale… - respiro hondo antes de soltárselo - La verdad es que hay una cosa que no sabes. - ¿Cómo que hay algo que no se? - me dice Lucía incrédula - ¿Me estás ocultando cosas? - A ver no vayas tan rápido, tampoco es eso. Solo te he ocultado una cosa. - Bueno y ahora piensas contármelo - me reclama. Mateo respira y traga saliva. - Si te lo voy a contar, pero no se lo puedes decir a nadie. dice preocupado No lo sabe nadie solo yo. ¿Me lo prometes?
Mateo- Hace unas semanas, mientras daba un paseo por la ciudad, en un callejón oscuro, me encontré dos hombres pegando a una mujer y cuando me di cuenta de lo que estaba pasando me acerqué lo más rápido que pude a defenderla. No obstante, de repente uno de ellos sacó una navaja y me miró amenazantemente y yo sin saber que hacer salí corriendo.
Corrí durante varios minutos sin atreverme a mirar atrás. Sentía el corazón fuera de lugar y las piernas cada vez más pesadas. Cuando llegué a una calle llena de gente, me detuve para recuperar el aliento. Miré a mi alrededor, pero aquellos chicos parecían haber desaparecido. Justo cuando iba a seguir caminando, vi un papel arrugado junto a una farola. Lo recogí por curiosidad. Al leerlo, noté cómo se me helaba la sangre: ese mensaje parecía escrito para mí. Parecía estar todo conectado.
Mateo llevaba sin verla años, desde aquel verano de 2019, el mejor de su vida. Cuando volvió a casa optó por pedir algo de cena, le daba igual qué comer, solo quería repasar mentalmente aquella tarde en la que se dió cuenta de todo; había vivido engañado 10 años. Cambió de país, de continente, cambió toda su vida, y por fin se dio cuenta de que por más que huyera su cabeza siempre estaría con el. Había que hacer algo. Se puso a buscar vuelos y compró el primero hacia casa. O lo que recordaba como como casa.
Se acomodó en el asiento del avión mientras la ciudad se volvía diminuta tras la ventanilla. El viaje fue un absoluto silencio incómodo. Al aterrizar, el aire húmedo de su ciudad lo recibió con un bofetón de nostalgia. —¿Mateo Crespo? —preguntó el taxista. —Sí, soy yo —respondió él, tomando su maleta. —¿A dónde lo llevo? Mateo dudó unos instantes, contemplando el melancólico paisaje gris. —A la calle Mayor. Al viejo hogar. Sintió en el pecho que el verdadero viaje de regreso apenas comenzaba. Sintió en el pecho que el verdadero viaje de regreso apenas comenzaba.
Un viaje de regreso agridulce, Mateo dejaba mucho atrás, pero tenía la ilusión de poder volver a verla, de sentir ese cosquilleo que le recorría todo el cuerpo con solo mirarla. Se despidió de sí mismo, sin saber si volvería a encontrarse, y emprendió su camino hacia el perdón.
Mateo , empezó su camino hacia un nuevo país, cambios, diferentes formas de vivir , sin saber que este viaje le cambiaría su forma de pensar… Lo que no sabía , es que durante el camino , le perseguiría un pensamiento , que no se le quitaría de la cabeza. ¿cual era el sentido a su vida , cual era su misión? Mateo estaba convencido de que este viaje le ayudaría , pero por si acaso llevo consigo su agenda para ir apuntando sus ideas y su MP3 que le regalo su abuelo antes de morir con música antigua Mateo esta indeciso, el viaje que esta emprendiendo , no sabia si le iba a dar la respuesta acerca de la pregunta que siempre le acompañaba.Su misión
Era quitarse esa duda que le reconcomía por dentro. Esa angustia que le perseguía cada segundo, minuto, hora y día de su vida. ¿Era una buena idea este viaje? ¿Debería haberse quedado dónde estaba? Entonces, en mitad del viaje, cuando le trajeron ese sandwich de pastrami, se actordó de su abuelo y el consejo que le daba siempre:
-Si algo no te convence, no corras. Mira dos veces y decide una. Mateo sonrió, hacía años que no escuchaba aquella frase, pero siempre aparecía en los momentos más extraños. Miró por la ventana del tren y vio pasar las luces de las afueras de la ciudad. recibió un mensaje de un número desconocido. «No bajes en la próxima estación». Mateo no reconocía el número ni entendía quién podía haberlo enviado. Levantó la vista hacia el vagón, buscando alguna explicación. pero una persona al fondo acababa de guardar el teléfono y lo observaba fijamente.
Mateo apartó la mirada y siguió caminando, aunque el ritmo de sus pasos ganó el mismo. Sentía aquella presencia clavada en la espalda, al llegar a una cafetería cerrada, vio el reflejo de la persona en el cristal, seguía observándolo. Entonces, su móvil vibró, un número desconocido, abrió el mensaje con el señor fruncido y solo contenía una foto tomada hace unos segundos, caminando por esa misma calle debajo de la imagen, había una frase; “llegas tarde” Al levantar la mirada, Mateo descubrió que la persona que lo observaba, ya no estaba al fondo de la calle, sino justo detrás de él
En ese momento, sintió un sudor frío por todo el cuerpo. Sin embargo, el sentimiento más extraño que le acompañó fue el de haber visto antes a aquella persona, como si de un familiar se tratara. Pensó y pensó durante horas sentando en un banco en quién sería aquella persona y que querría de él, pero no llegó a ninguna conclusión. Al anochecer, decidió marcharse a casa e intentar distraerse tocando el piano. Y justo en ese momento, volvió a sentir la presencia. Pero ahora mucho más familiar.
Sin saber dónde se adentraba pero decidido a resolver la incógnita que durante tanto tiempo le había perseguido se sumergió en aquel mar de arena. … -¿Quién eres? Preguntó Mateo *La presencia solo contemplaba callada* -De verdad, esto da mal rollo,¿Quién eres? Insistió con esperanzas de obtener algo más que un silencio. -De donde vengo, el ser es algo vago, vamos más allá de lo que los humanos concebís por esencia. ¿La presencia era…real? Pero cómo podía Mateo haberse adentrado en tal complejo problema repentinamente. El diálogo con la Presencia continuó.
- Sabes qué soy, Mateo? Quién soy? Mateo no logró comprender del todo a lo que se refería la presencia, Qué soy?, acaso no es un quién, sino un algo, se preguntaba tratando de mantenerse lo más estoico posible, sin demostrar el gran terror y a la vez curiosidad que sentía. - Podrías decirme QUÉ eres, no lo crees? - Pero eso arruinaría toda la diversión para mi, realmente no tienes idea qué soy yo? - Le preguntó la presencia, esta vez con un aire más juguetón. - Creo saber QUÉ eres, pero también tengo un recuerdo de quién eres. En ese momento la presencia cambió y se le mostró tal cual era.
Era él. No exactamente como lo recordaba, sino más viejo y cansado. La presencia sonrió al ver su sorpresa. —Por fin me reconoces. De repente, una imagen de Almendral apareció en su mente. Entonces comprendió que la respuesta que llevaba tanto tiempo buscando siempre había estado allí. El sabía que el lugar donde estaría la clave sería almendral
Pero Mateo es alérgico a las almendras, sabía que si se comía una se le iba a poner la cara como un tomate, y él no quiere pasar por eso. Tras sopesarlo un poco, Mateo decide poner rumbo a un supermermercado. Él cree que encontrará ahí la respuesta que busca.
Pero muchas veces no está bien obsesionarse con buscar una respuesta y lo mejor es dejar que el tiempo hable por sí solo. Entonces Mateo decidió esperar Y realmente mereció la pena la espera ?
Mateo Crespo observó la puerta durante unos segundos. Había imaginado aquel momento cientos de veces, pero ahora que estaba allí no sabía qué hacer. Su móvil vibró. Era un mensaje inesperado: “Si has llegado hasta aquí, entra”. Tragó saliva y sonrió. Después de tres años buscando respuestas, comprendió que algunas historias no terminan cuando creemos, sino cuando nos atrevemos a continuar. La respuesta estaba al otro lado de la puerta, pero no era la que esperaba.
El sonido de aquella puerta, años sin engrasar, y el polvo levantándose del suelo dejaban ver algo para lo que no estaba preparado. ¿Un olivo milenario? Solo de pensar cuánta gente había visto pasar aquel árbol, le producía un escalofrío por todo el cuerpo. "¿Qué se supone que tengo que hacer ahora?", se preguntó Mateo. Sin dudarlo mucho más, se subió a aquel olivo y dispuso sus cinco sentidos en buscar el siguiente paso que dar. Mateo estaba subido encima de aquel olivo milenario, buscando una pista acerca de cuál era el siguiente paso.
Pero había algo que no le encajaba del todo… ¿por qué estaba todo tan oscuro? Eran las 10.30 de la mañana, y aún así el ambiente era tenebroso… “Creo que hay algo de lo que me estoy olvidando pero no consigo verlo con claridad” ¿Habrá alguien detrás de todo esto?
No lo sé, y creo que a Mateo tampoco le importa. No quiere que ocupe un lugar en su mente. Pero entonces ¿Cuál es el motivo de sus acciones? Es un incógnita, más bien una paradoja. Buscar un posible culpable hace que la posibilidad de encontrarlo desaparezca. ¿Cómico eh? Hay que salir de ese bucle si quiere llegar a buen puerto, y la salida no está en sobrepensar. Esa nunca será la salida a los problemas
Mateo ha entrado en una rueda de fiesta, alcohol, drogas y desfase de la que es incapaz de salir. Su mejor amiga a la que siempre le ha gustado Mateo en secreto, se rompe cada vez que lo ve, y por mucho que le intente guiar haciéndole ver que, efectivamente esa no es la solución, cuando uno no quiere salir de sus propios problemas, los tapa con otros. Marta, la mejor amiga y admiradora secreta de Mateo se ha atrevido hoy a dar el paso. Se lo ha contado. Hoy es un punto y aparte en sus historias. Lo que le daba vida e ilusión a una era lo que mataba al otro.
Mateo releyó el mensaje varias veces. "Soy Pedro, Pedrito... Ya sabes dónde vernos". Reconoció el apodo al instante. Hacía años que nadie lo utilizaba. Mientras caminaba hacia aquel lugar, pensó en cómo algunas personas desaparecen de tu vida sin hacer ruido y, aun así, dejan una huella imposible de borrar. Cuando llegó, se detuvo en seco. Aquello no era lo que esperaba. Sin saberlo, estaba a punto de descubrir por qué Pedro había desaparecido.
Era un día normal, se acababa de despertar e iba a tomarse un café pero había algo que le inquietaba. La noche anterior Pedro le había mandado unos mensajes muy extraños, como si no fuese él quien los escribía. Estaba muy inquieta, tanto que al sacar el café del microondas se le derramó en la encimera porque empezó a sonar su móvil. Esa llamada lo cambió todo.
Mateo contestó en mitad del metro, con el abrigo aún oliendo a lluvia y fritura. —¿Mateo? Soy Nora, del hospital. Tu hermano ha despertado. No pregunta por mamá. Pregunta por el dragón. Él cerró los ojos. Hacía tres meses que le inventaba ese dragón para que no tuviera miedo. —Dile que voy —dijo—. Y que no lo deje dormirse todavía. Al salir a la calle, Madrid parecía hecho con las mismas luces de una pecera. Entonces, en la pantalla del móvil, apareció un dibujo que nadie había hecho.
Ese dibujo era curioso, nadie asumía su autoría, sin embargo a él le resultaba tan familiar. El dibujo mostraba una gran excavadora y en su cabina un hombre mayor junto a un renacuajo que no llegaría a los 4 años y eso le generó una imagen en su mente de la que no se acordaba entonces, cuando su abuelo le subió a su maquina excavadora en el pueblo siendo un crio. Pero lo más loco fue ver que en la pantalla surgía otra imagen cuyo autor tampoco era conocido y que representaba a él y a su abuelo. En ese dibujo el protagonista cocinaba marisco junto a su abuelo Mael con la receta que este llevaba años perfeccionando y que tanto les gustaba hacer
Le llevaba a su niñez, sentía que volvía a casa. Volvía ha ese punto de partida que tanto añoraba junto a su familia, en aquel pueblo perdido en las montañas. Junto a su cama estaba aquel diario que tanto aprecio le tenía. Ahí plasmaba todas las ideas que tenía en su interior. Estaba claro, si echaba de menos a su familia. Estaba lejos de casa y en el fondo de su habitación nadie podía oír lo que gritaba. Estaba claro, si echaba de menos a su familia. Estaba lejos de casa y en el fondo de su habitación nadie podía oír lo que gritaba.
Pero eso le hacía sentirse vivo, la soledad tiene distintas caras y una de ellas es sentirte dueño de uno mismo.Con esa seguridad se dispuso a hacer lo que más le gustaba llenar de color una hoja en blanco contando como el solo supo encauzar su vida . A partir de ahí todo sabía diferente, incluso la brisa se sentía mejor. Pidió una cerveza y llamó a su mejor amigo para trazar un plan.
—Oye tengo que hablar contigo. —A ver ahora. No se puede dejar a alguien como tú pensando solo. —Shh, calla y vente. Vamos a ser millonarios. Colgó el teléfono y sonrió. Acababa de tener la idea del siglo. Un seguro contra decisiones estúpidas. La gente pagaría una cuota mensual y nosotros nos encargaríamos de arreglar las consecuencias de sus peores impulsos: mensajes enviados a la persona equivocada, compras absurdas, tatuajes de madrugada, apuestas ridículas, negocios improvisados Literalmente cualquier desastre provocado por cinco minutos de locura. Todos cometemos errores… pero alguien tiene que cobrar por solucionarlos.
Mateo soltó un suspiro pesado mientras guardaba las herramientas en su maletín. Miró el desastre en la oficina: papeles revueltos, una silla volcada y el cristal de la ventana fracturado en una roja de grietas que reflejaba su propio cansancio. No era la primera vez que lo llamaban para limpiar el rastro de una irresponsabilidad ajena, y sospechaba que, con los clientes que tenía, tampoco sería la última. Entonces, un sonido metálico tras la puerta le recordó que aún no estaba solo.
Mateo se quedó inmóvil. Aquella forma de llamar, dos golpes rápidos y uno más suave después, era inconfundible. Así picaba ella a la puerta, como si tuviera una melodía propia. Durante un instante, el recuerdo fue tan real que sintió que, al abrir, volvería a encontrarla esperando al otro lado. Respiró hondo y giró la manilla de la puerta.
Contra todo pronóstico, decidió no abrir la puerta y pensó "para qué preocuparse de lo que no me pertenece? Lo que tenga que ser, será". Y así fue, Mateo se alejó poco a poco de la puerta. En ese momento, se dio cuenta de que no hay que tenerlo todo controlado siempre; a veces, es mejor dejar que las cosas sucedan por sí solas.
Cada vez que esa frase le venía a la mente, mateo, lo intentaba. Juro que lo intentaba, pero no podía. Tenía que tenerlo todo bajo control. Al fin de cuentas, nada es lo que pensamos y nada es lo que parece. Aunque según Mateo, siempre hay un hueco donde entrar para que nada salga mal. Y la frase, se esfuma como si nada, como una hoja en pleno otoño. Que poco a poco va descendiendo y puff ya no volvió a su lugar. Mateo, intenta un poco más, deja que el control huya de ti, la hoja siempre puede renacer.
-¿Te encuentras bien? Mateo por fin consiguió liberarse. -Si, necesito un momento -¿Seguro? Estás pálido Por fin lo entendió, estaba siguiendo lo escrito cuando el futuro es incierto. -¿Mateo? Se alejo de esa voz que se preocupaba, o eso intentaba aparentar, y decidió emprender el camino a lo que muchos consideraban el destino. En su mano, el mapa arrugado con fuerza, fue lanzado al río de su derecha, ya no tenía sentido conservarlo. Así que sin control, sin guia, con descontrol, pero con cabeza como decía su madre iniciar el trayecto.
y se acerca hacia ese punto, el encuentro donde él y ella se conocieron allá de los años de instituto. Rapidamente , y sin tomar en cuenta lo que le avisaban, se avalanzó, le abrazó fuertemente y recordó una sola cosa, quien era ella. En ese momento todo se volvió negro recordando todos lo que con ella había pasado. Era ella, lo tenía claro, recordaba perfectamente el momento. Lloró durante horas para simplemente decir una cosa. No estaba donde quería estar
Y le daba vueltas, una y mil veces. Tenía miedo de meter la pata, de decepcionar. Pero algo dentro de él le decía que había mucho más por descubrir, y que si permanecía en el mismo lugar nunca vería más allá, y seguramente se arrepentiría toda la vida de no haberla buscado, de no haberlo intentado. Entonces, solo tenía dos opciones: permanecer hasta el fin de los tiempos o cambiar de rumbo, sin mirar atrás, sin pensar tanto en los demás.
Qué fácil sonaba en su cabeza, como si de alguna manera pudiésemos ignorar que somos porque otros fueron, y que no existe el «yo» sin un «otro» que lo observe, lo aprecie y lo valore. Qué increíble sería dar el paso y decidir no pensar más en los demás; pero es imposible. Había tanto por compartir en su interior que permanecer ahí hasta el fin de los tiempos, sin darse al resto, solo haría que ese final estuviese más cerca que nunca. Ahora realmente solo quedaba una pregunta ¿Cuánto sería capaz de sacrificar por seguir dándose a los demás? O si esa era, la forma de sentirse vivo.
Mateo miraba las luces del estadio donde Bad Bunny ya estaba por cantar. A pesar del dolor en su pierna, había gastado sus ahorros para invitar a su hermano menor a su primer concierto. Su amigo Lucas lo vio cojear y le susurró: —Te estás machacando el cuerpo por hacer feliz al resto, Mateo. Tienes que empezar a pensar en ti. Mateo miró la sonrisa ilusionada de su hermano y respondió: —Verlo así hace que el dolor merezca la pena. Sin embargo, mientras avanzaban hacia la entrada, un mareo repentino le hizo dudar de sus propias fuerzas.
Mateo se apoyó contra un muro de pierda, cerrando los ojos para frenar el vértigo. —No es nada, de verdad— murmuró, aunque el sudor frío de su frente decía lo contrario. Sabía que no podía flaquear justo ahora, no después de todo lo que le había costado llegar hasta ese portal. Forzó una bocanada de aire, se despegó de la pared con torpea y obligó a sus piernas a seguir adelante. Las piernas le fallaron por completo y cayó de rodillas frente a unos zapatos desconocidos.
Las piernas le fallaron por completo y cayó de rodillas frente a unos zapatos desconocidos. El suelo frío le recordó que aquello era real levantó la vista lentamente y observó a la misteriosa figura que permanecía inmóvil ante él. No recordaba cómo había llegado allí ni por qué su corazón latía con tanta fuerza. A su alrededor, la niebla cubría el bosque como un manto silencioso. Entonces la persona extendió una mano y dijo una sola palabra: Mateo en ese instante, todos los recuerdos Mateo comprendió que aquella voz no le hablaba a él...
Le hablaba a todo lo que él había sido en el pasado, un Mateo distinto, y que nada tenía que ver con el de ahora. Parecía tan raro… una voz que parecía dirigirse a él pero a la vez sonaba tan impersonal por el contenido de sus palabras… ¿Por qué estaba pasando esto? Por qué escuchaba esa voz ahora y no antes, cuando quizás esas palabras hubieran calado más en él que ahora. ¿Por qué estaba pasando esto? Por qué escuchaba esa voz ahora y no antes, cuando quizás esas palabras hubieran calado más en él que no ahora.
Ahora ya era tarde y aquellas palabras que antes habrian sido un bálsamo para él, hoy sonaban como una burla cruel. Mateo se agarro con fuerza la cabeza se frotó las sienes intentando ahogar el eco los susurros. No era un fantasma, era su propia mente jugando con él. Pero no lo iba a permitir, no ahora. cogio del minibar aquella botella de Wiski que guardaba para ocasiones especiales. Ahora si o si, habia decido callar las voces
Mateo llenó el vaso hasta la mitad y observó cómo el hielo se derretía lentamente. El silencio del apartamento parecía más pesado que las voces que llevaba semanas intentando ignorar. Dio un trago largo y cerró los ojos. Sobre la mesa, la pantalla del móvil volvió a iluminarse. Esta vez, el mensaje llevaba su nombre completo. Esta vez, el mensaje llevaba su nombre completo y una fecha que Mateo jamás podría olvidar.
Mateo dejó el móvil boca abajo sobre la mesa. En la cocina, Clara cerró el grifo. —¿Quién era? —Nadie. Ella se giró, secándose las manos en el pantalón. —Llevas un rato con mala cara. —Estoy cansado, ya está. Mateo cogió las llaves y la chaqueta. —¿Sales ahora? Son las once. —Vuelvo enseguida. —Abrió la puerta y se detuvo—. Si llama alguien preguntando por mí, dile que me fui ayer.
Cuando el silencio ocupó la habitación, Mateo Crespo volvió a pensar en ella. La relación llevaba tiempo rota, pero él no quería aceptarlo. Tenía miedo de perderla, incluso cuando seguir juntos ya les hacía daño. Una noche, durante una discusión, dejó que el miedo hablara por él y terminó hiriendo a la persona que más quería. Desde entonces, cargaba con unas palabras que nunca debieron salir de su boca. - Pensó en como pedir una disculpa- La quería tanto que no sabia como pudo hacer eso. Nadie sabe que es el dolor hasta que de lo hace a la persona que ama.
Mateo no podia creer que le pudieran hacer tanto daño. Había pasado tantos momentos con ella que no lo podía creer, esos atardeceres en Arenas, tantos paseos de la mano. Mateo solo quería perdonarla, porque todos merecen una segunda oportunidad y más las personas en las que más confías y quieres. Pero Mateo transformó ese dolor en rabia y más rabia. Mateo se había transformado en otra persona por completo. Le vino un recuerdo de su pasado con esa sensación y decidió hacer algo más con su vida. Recordó su pasado y decidió cambiar su futuro.
Esa misma tarde borró el borrador del mensaje que llevaba meses escribiendo. No porque hubiera dejado de sentirlo, sino porque entendió que algunas personas no vuelven para quedarse, sino para enseñarte a seguir adelante. Mientras caminaba entre desconocidos, se preguntó cuántas historias rotas estarían intentando recomponerse a pocos metros de él. Por primera vez en mucho tiempo, no sintió nostalgia. Sintió paz. Sin saberlo, acababa de dar el primer paso hacia una persona que llevaba años caminando hacia él.
Después de una semana, Mateo se sentía distinto. Más ligero. Cada día parecía traer una pequeña razón para sonreír, aunque la incertidumbre del futuro seguía acompañándolo. Aquel lunes, camino de su cafetería favorita, una voz lo detuvo. —¿Mateo? Era David, un amigo al que no veía desde hacía años. Tras una breve conversación, David sacó una foto antigua. —La encontré ayer. Mateo palideció. Detrás de él aparecía la misma mujer con la que había chocado una semana antes. Y en el reverso de la foto había escrito su nombre conmpleto.
Pensativo, se quedó observando como los diminutos círculos de polvo revoloteaban frente a su mirada, la cual dejó pausada durante unos instantes, como si no pudiera apartarse de ese momento. Lo había hecho. Tendría le esperanza de que mañana los ruiseñores cantarán con otro timbre, la luz del amanecer cambiara y el aire se tornara tímido y agradable a la vez. - "He sido capaz". Suspiró para si mismo. Se levantó fluido por el instinto, algo le decía que tenía que asomarse a la ventana. Mateo se asoma por la ventana y ve que sucede algo que no puede creer.
En la acera de enfrente, un sobre cae desde un balcón y alguien lo recoge sin dudarlo. —No lo abras aquí —dice una voz desde arriba. El desconocido asiente, mira el sobre un instante y lo guarda en el bolsillo. Antes de irse, deja una copia en el banco de la plaza, como si supiera exactamente quién pasará por allí después. Mateo frunce el ceño. El sobre queda allí, quieto, esperando sin prisa a quien lo encuentre primero. En ese momento mateo encuentra el sobre y allí mismo entiende que alguien esta yendo tras el.
Escondido en una caja, en el trastero de su propia casa. Como había llegado ese sobre hasta allí? Pero el kit de la cuestión no es solo es, la clave es, quien le busca con tanto énfasis? Entonces se da cuenta de lo que debe hacer, lleva mucho tiempo tratando de evitarlo pero es su única opción. Mateo cogió su patinete y puso rumbo a donde nunca quiso ir. Porque por mucho que intento evitarlo, su destino estaba marcado, Mateo debía llegar a esa casa y preguntarle la verdad sobre el sobre.
Por lo que Mateo llegó a la casa, era vieja y parecía que nadie vivía ahí por décadas pero Mateo nervioso decidió llamar a la puerta. Estaba atemorizado pero debía saber toda la verdad del sobre estaba cansando de vivir día tras día perdido en sus pensamientos sobre su será realmente cierto lo que había en el sobre o si solo se trataba de una broma pesada. Mateo tenía miedo estaba atemorizado pero le abrió la puerta una mujer mayor y le dejó entrar por lo que Mateo se sentó
con cierta timidez en una de las sillas de la cocina. Aún estaba nervioso y no dejaba de mirar hacia la puerta, como si esperara que algo ocurriera. La mujer, de cabello canoso y mirada tranquila, colocó una taza de café frente a él y se sentó al otro lado de la mesa Durante unos segundos, el silencio llenó la habitación mientras la lluvia seguía golpeando las ventanas. La mujer lo observó con atención, esperando pacientemente a que él decidiera hablar. La mujer lo observó con atención, esperando pacientemente a que él decidiera hablar.
Avergonzado y timido, Mateo carraspeó, intentando quitarle importancia a la situación que vivían y a las preguntas que le pasaban por la cabeza. ¿Cómo había estado? ¿Hace cuanto que no la veía? Tenia que hablar, no podía alargar ese encuentro. Pero ¿Que decirle a ella después de tanto tiempo?
Tenía tanto que decirle que no sabía por dónde empezar … que contarle después de tanto tiempo y parecía que todos esos años no hubieran pasado . Ella seguía igual … con que empezar , con un simple como te va ? O que bien te veo … o mejor decirle que alegría verte porque no charlamos un día con un café . Y así fue , viernes 12 una semana después de aquel encuentro … a 10 minutos de entrar en la cafetería donde solían pasar las horas entre ellos , el reloj volvía a correr Todo vuelve a empezar … porque el tiempo aunque nadie lo quiera . Pone a cada uno en su lugar .
Mateo Crespo remueve el café ya frío mientras lee la última hora en su pantalla. La filtración de la auditoría es real, pero los diarios digitales siguen usando su fotografía para ilustrar el fraude. Lejos de esconderse, Mateo bloquea el teléfono, apoya los puños sobre la mesa de la cafetería y clava la mirada en la puerta de cristal. Sabe que el verdadero colapso de la empresa empieza hoy y que su estrategia consiste en aguantar el impacto. El ruido de la calle se intensifica. El tren arrancó y Mateo miró el paisaje sabiendo que ya nada volvería a ser igual.
El vagón iba lleno de gente que cantaba los temas de Bad Bunny de camino al estadio. Mateo se tocó el tobillo vendado, sintiendo el traqueteo del tren. Lucas, sentado enfrente, le dio un golpe amistoso en la rodilla sana. —¡Venga esa cara, Mateo! Hoy nos olvidamos de los hospitales y de las penas —le dijo animado. —Tienes razón, hoy solo importa disfrutar —respondió Al bajar en la estación del estadio, la marea de gente avanzó con fuerza, obligándole a dar el primer paso sin mirar atrás.
El mismo se había buscado esa situación. A quien se le ocurría ir en hora punta. Cuando por fin la gente empezó separarse para coger cada uno una dirección el aire comenzó a entrar de nuevo en sus pulmones. El partido comenzaba en media hora y desde fuera se podían ver que los vomitorios estaban a rebosar. Miro la entrada en su móvil y se dirigió a la puerta del estadio que le correspondía.
El bullicio de la multitud aumentaba a cada paso, envuelto en el olor a palomitas y césped húmedo. Mateo localizó el torno de acceso y escaneó el código QR. Al cruzar la pasarela, la inmensidad de las gradas iluminadas lo dejó sin aliento por un segundo. Buscó su asiento en la fila doce y se sentó justo cuando los jugadores saltaban al campo bajo un rugido ensordecedor. Miró a su lado, esperando ver una sonrisa conocida, pero el asiento contiguo seguía vacío. —No vas a venir, ¿verdad? —susurró. Justo en ese instante, su teléfono vibró en el bolsillo con una notificación de última hora.
Era el mensaje que llevaba esperando tanto tiempo, aunque no fue en absoluto lo que había imaginado. Mateo con un nudo en el estomago, leía las dos únicas líneas de texto en la pantalla iluminada. —Esto tiene que ser una broma de mal gusto —masculló, guardando el teléfono de golpe en la chaqueta. Sin pensarlo dos veces, dio media vuelta y caminó de regreso hacia su coche, ignorando la lluvia que empezaba a caer. Si lo que decía el texto era cierto, ella corría un grave peligro.
A partir de entonces, Mateo perdió el control de todo su ser y solo pudo pensar en una cosa. ¿Cómo podía protegerla? Iría hasta donde nadie ha ido, haría lo que nunca nadie antes se habría atrevido a hacer, con tal de que no le pasase nada a la chica de la eterna sonrisa y que le había dado el mejor de sus días hasta la fecha. No podía dejar de pensar en que todo eso estaba en riesgo y que era el único que podía hacer algo para detener ese fatal desenlace. Cogió una mochila y agarró esa pistola que guardaba en una caja escondida tras un cajón de su armario. Ahí supo que todo cambiaría para siempre.
Se quedó inmóvil durante unos segundos, observando el arma sobre la cama. La había tenido durante años sin llegar a usarla nunca. Hasta ahora. Desde la calle llegaba el ruido de los coches pasando. Todo fuera de la habitación seguía igual que siempre, nada parecía diferente. Sin embargo, Mateo sentía que el aire pesaba más que de costumbre. Guardó la pistola y salió del piso sin hacer ruido como cualquier otro día, aunque para él, ya no era un día cualquiera. Metió las manos en los bolsillos y empezó a caminar hacia un lugar que llevaba semanas evitando.
Aún no podía creerlo. Hacia tanto tiempo que lo evitaba, que temía ese momento… Pero ya no podía aguantar más, tenía que afrontarlo. Sigo su camino, con miedo, pero con la convicción de que lo iba a conseguir.
Cada paso que daba estaba lleno de dudas, aunque también de una determinación que nunca antes había sentido. Sabía que habría obstáculos y momentos en los que querría rendirme
Mi cabeza sería débil y me jugaría malas pasadas. Recuerdos de momentos a los que no sabía que estaría tan apegado como en ese momento. Personas que la cabeza trae en los peores momentos y que te hacen replantearte tus decisiones, tu existencia y un constante por qué de todo. Esos momentos marcan, esos momentos pasan, pero para hacerme más fuerte y maduro. La vida es así y nos quiere preparados o nos pasa por encima. Y a eso, la verdad, no hemos venido aquí. Resiliencia, personas que marcan y control de la mente que siempre juega malas pasadas en los momentos más cruciales de la vida.
A menudo creemos que los mayores obstáculos se encuentran fuera de nosotros, en las circunstancias o en las personas que intentan frenarnos. Sin embargo, con el paso del tiempo comprendemos que la batalla más difícil se libra en nuestro interior. Es en esos instantes decisivos, cuando una oportunidad única se presenta o cuando una decisión puede cambiar nuestro destino, cuando la mente comienza a sembrar dudas, miedos e inseguridades. la mente comienza a sembrar dudas, miedos e inseguridades.
En su mundo interior, las luces resplandecieron y se mezclaron en una amalgama de sensaciones y sentimientos. No comprendía que era lo que veía, tampoco por qué le hacía sentirse así. Pero sabía que su corazón palpitaba respondiendo con miedo y pavor. La luz lo iluminaba como los focos de un escenario y sintió la necesidad de empezar actuar el papel que llevaba toda su vida actuando. Pero ahora, por primera vez sintió que no podía seguir haciéndolo. Lo único que podía hacer ahora, era correr.
No porque creyera que así encontraría una salida, sino porque quedarse quieta significaba enfrentarse a todo aquello que llevaba meses evitando. El viento le golpeaba el rostro y, por un instante, sintió algo parecido a la libertad. Quizá no estaba huyendo del pasado. Quizá estaba aprendiendo, por fin, a dejar de perseguir explicaciones que nunca llegarían y a confiar en que algunas respuestas aparecen cuando uno deja de buscarlas. Hasta que una voz pronunció su nombre…
Y descubrió que esa voz no era conocida. Era una voz grave pero clara, que pronunció su nombre sin titubear, con una entonación destinada a llamar su atención. Mateo se giró sobre sí mismo y confirmó que esa voz no era familiar... Pero tampoco supo reconocer a la persona (o cosa) que le mencionaba, pues detrás de él no había nada ni nadie esperándolo. Describió que estaba solo en aquella sala...
…sentado frente a una mesa vacía mientras observaba por la ventana cómo la tarde iba cayendo. El silencio le permitió escuchar sus propios pensamientos, aquellos que había evitado durante meses. Por primera vez desde la pérdida sintió que debía enfrentarse a lo que había estado guardando. Sobre la mesa descansaba una libreta en blanco y, tras unos minutos de duda, tomó un bolígrafo y comenzó a escribir. Las primeras palabras que escribió fueron las que cambiarán el rumbo de los días que estaban por venir…
Esos días que estaban por venir eran un poco convulsos… mateo crespo no hacía otra cosa que buscar trabajo… no encontraba nada… hasta que un primo suyo le enseñó el noble oficio del asfaltado empezó desde abajo, regando con la caña, pero pronto pudo coger el compactador y después la extendedora. mateo se encontraba más que realizado,pero soñaba más alto y queriendo subir de nivel, el jefe lo llamó a su despacho y le dijo que sería uno de los mejores en lo suyo, Mateo pensativo se preguntó.. ¿qué es lo mío?
La pregunta permaneció en silencio dentro de su cabeza mientras observaba el techo de su habitación. Durante años había intentado encontrar una respuesta. Había probado distintas actividades, conocido diferentes personas y perseguido metas que parecían importantes, pero ninguna lograba despertar en él algo que permaneciera en el tiempo. Todo terminaba convirtiéndose en una rutina vacía. Sin embargo, aquella mañana era diferente. Sentía que por fin estaba cerca de entender quién era realmente. Sin embargo, aquella mañana era diferente. Sentía que por fin estaba cerca de entender quién era realmente.
el era un gran escritor, aquella mañana mateo se sentía completamente lúcido e inspirado por la musa Dios por delante y la boca cerrada , confía en ti mismo y se feliz sin molestar a nadie
Mateo llegó a casa, calentó lo que quedaba de lentejas y se sentó solo frente a la ventana. Afuera llovía. Pensó en llamar a su madre, como hacía antes, pero se quedó quieto mirando el teléfono sobre la mesa. A veces la soledad no duele. Solo pesa. Esa noche, por primera vez en meses, Mateo dejó la luz del pasillo encendida, como cuando era pequeño.
No estaba seguro de si esa luz le resultaba reconfortante, pero se sentía menos solo y algo menos vacío, y eso ya era mucho. Al llegar a la habitación no pudo pasar del marco de la puerta. Una presión en el pecho le impedía avanzar. Volver a la cama, tumbarse y qué? Mirar el techo de nuevo? Estaba harto ya de eso... Y no quería volver a pasar otra noche así. Retrocedió, volvió al salón, y apagó la luz del pasillo. Se quedó sentado en el sofá, inmóvil, a oscuras con la respiración agitada... "No entiendo qué me está pasando, pero todo irá bien. Todo tiene que ir bien. Sólo tengo que ir a dormir".
Pero hay algo dentro de mi, algo en mi más profundo ser, algo que me remueve los pensamientos y hace que mis problemas desaparezcan por completo, aunque solo sea por una pequeña fracción de tiempo, una pequeña recompensa que, aunque me haga sentir mal, me alivia por un momento. Definitivamente no me puedo dormir sin antes hacerme un vladimir. Definitivamente no me puedo dormir sin antes hacerme un vladimir.
Dejo el movil en la mesilla y me siento vacio cuando miro al techo. El alivio momentaneo ha pasado, pero en su lugar queda esa sensación pegajosa e incomoda que conocemos todos, una mezcla de cansancio, vergüenza y fastidio. No es el acto en sí lo que me repudia, sino la certeza de que volveré a hacerlo mañana, como si estuviera atrapado en una costumbre que ya ni si quiera disfruto. El sueño acabó llegando, la paz no.
Mateo Crespo abrió los ojos antes de que amaneciera. La habitación permanecía inmóvil, atrapada en ese silencio extraño que existe entre la noche y el día. Durante unos segundos observó el techo. Había pensamientos que no desaparecían al dormir; simplemente aguardaban. Se levantó y caminó hasta la ventana. La ciudad seguía allí, indiferente, como si cada persona cargara una historia invisible. Mateo apoyó una mano en el cristal y comprendió algo que llevaba demasiado tiempo evitando. Mateo comprendió que el verdadero peso del pasado no está en lo que ocurrió, sino en lo que seguimos cargando mucho después.
Aquella culpa le distorsionaba la realidad, convirtiendo la situación en un auténtico campo de minas. No podía librarse de la incómoda sensación de estar siendo observado desde la sombra. Dejó el vaso sobre la mesa con cuidado, intentando que no le temblara el pulso antes de hablar. —Esto es solo el principio, Mateo —le advirtieron en un susurro—. La verdadera cuenta atrás empieza ahora Se levantó de golpe, dispuesto a averiguar hasta donde estaban dispuesto a llegar.
Nunca había sentido esta indecisión tan grande respecto a una cosa tan indiferente, quería averiguar lo que estaba pasando inmediatamente. Se puso manos a la obra intentando no pensar en posponer más la investigación como llevaba haciendo todo este tiempo, simplemente, por miedo al que dirán, el que dirán de unas personas a las cuales en probablemente 5 minutos se les iba a olvidar lo que hubieras hecho, simplemente eres un segundo en la vida de los demás. Simplemente eres un segundo en la vida de los demás
Mateo Crespo leyó aquella frase mientras esperaba el autobús. Durante meses había sentido que nadie reparaba en él, como si fuera una sombra entre la multitud. Sin embargo, aquel día ayudó a una mujer a recoger las bolsas que se le habían caído al suelo. Ella le sonrió agradecida antes de marcharse. Fue un instante breve, pero suficiente para cambiar su perspectiva. Comprendió entonces que no importa cuánto duras en una vida, sino lo que dejas en ella. A veces, un segundo basta para permanecer para siempre.
Como si fuese eterno, Mateo, permaneció estático durante unos cuantos minutos. No tenía prisa por apurar ese momento, casi efímero en realidad. A veces unos cuantos segundos bastan para dejar huella en el corazón y eso precisamente es lo que le pasaba a Mateo, ese preciso instante quedaría sellado durante unos cuantos años… hasta que de repente algo lo interrumpió -¡Mateo!¡Mateo!¡Espabila!¡¿Que haces ahí parado?! ¡¡¡Ayúdanos!!! -exclamó ella-. Mateo, tras su trance obedeció -¡Mateo!¡Mateo!¡Espabila!¡¿Que haces ahí parado?! ¡¡¡Ayúdanos!!! -exclamó ella-. Mateo, tras su trance obedeció
El grito de su compañera disipó la densa niebla mental que lo mantenía absorto y paralizado. -No es momento para organizar mis ideas, ¡actúa Mateo!- pensó. Se abalanzó a la ayuda de sus compañeros, seguido de gritos y voces que expresaban un liderazgo sin igual. -¡¡Vamos, vamos vamos!! Si todo termina aquí, ¡¿que dejaremos para las generaciones que llegarán después!?- exclamó Mateo jadeando por la falta de aire. -¡¡Vamos, vamos vamos!! Si todo termina aquí, ¡¿que dejaremos para las generaciones que llegarán después!?- exclamó Mateo.
Se hizo el silencio. Mateo se quedó mirando fijamente sus ojos. La habitación se llenaba con la estática del televisor, las cortinas ondeaban por el viento y las calles permanecían desiertas. —Sí, pero ¿a qué costo, Mateo? —le preguntó. Mateo se quedó de piedra. La estática del televisor cesó y el silencio inundó la habitación. Empezó a hiperventilar; una sensación de presión lo invadió, acompañada de un fuerte dolor en el pecho. Entonces escuchó una voz que no había oído desde aquella noche.
Una voz demasiado familiar como para ser verdad, y que no le daba buena espina, una voz que tantas veces en el pasado le había causado estragos y una infancia llena de dolores, era la voz de su abuelo Francis, bueno, realmente no era su abuelo legítimo, su abuelo murió antes de él nacer, pero Francis era el nuevo marido de su abuela, le obligaban a llamarlo abuelo Francis porque según su familia, no hacerlo sería de mal gusto, pero lo que no se imaginaba que le diría su “abuelo” Francis era:
“No pude resistirme, lo tuve que hacer, mi amigo Javier Díaz me obligó a hacerlo”. Resulta que era un viejo amigo suyo, que lo describió como “un tipo peculiar, misterioso, lo único que hacía era trabajar y, al salir, quedar con chicas”. De repente, las ideas de Mateo se aclararon, ahora sí tenía sentido. Mateo y Javier Díaz coincidieron hace años en un bar, por la noche, donde le confesó algo aterrador: no era su abuelo, en realidad era
el ser que el mismo siempre odio, el que siempre detestó en su miserable vida, que cada día que pasaba deseaba que simplemente desapareciera, su mera existencia le era un desperdicio, ¿Por qué?, su mente exclamó para sí mismo, como si esta estuviera atacando contra él mismo, como si su subconsciente intentará hacerle sentir peor. Solo saber que él seguía en el mismo mundo que él le aterraba, aunque se lo hubieran dicho hace un minuto, por ello, tomó la cruel decisión de
seguir adelante. Sinceramente, él sabia a la perfección que era la única respuesta. Habían pasado demasiadas cosas, habia hecho demasiado daño a seres queridos para echarse atrás. Mateo da un paso y mira aquel mundo cruel y temeroso que tanto canguelo le genera. Se pone los auriculares para evadirse del mundo exterior y sigue su camino mientras contempla el cielo cubriendo los ojos con su mano debido al sol brillante. Mateo sigue caminando por aquel camino escarpado, hasta que se encuentra a aquella persona que realmente no queria volver a ver en la vida.
Al reconocer a Guacimara, recordó la noche de Agaete, en Gran Canaria, cuando ambos se prometieron no volver a verse. Sin embargo, ella había regresado con algo importante. Antes de morir, el abuelo de Mateo le había entregado un cuaderno con extrañas anotaciones sobre una antigua leyenda de las Islas Canarias. En él se mencionaba una cueva oculta en La Palma y un secreto que había permanecido escondido durante siglos, Pero no eran los únicos que lo buscaban ese cuaderno secreto en las Islas afortunadas ( así se les llama a las islas canarias)
Pero no eran los únicos que lo buscaban. Entre los barrancos y los bosques, otros pies seguían las mismas pistas. Un anciano cartógrafo, una coleccionista de reliquias y una misteriosa mujer vestida de negro habían descubierto fragmentos de una antigua leyenda. Decían que el cuaderno contenía mapas ocultos, secretos de navegantes perdidos y la ubicación de un tesoro capaz de cambiarlo todo. La carrera acababa de empezar. Estamos buscando un cuaderno secreto, varios lo buscan y lo cambiará todo. No sabemos lo que nos deparará la isla.
Estaba seguro que fuese lo que fuera mercería la pena, vivir experiencias nuevas siempre me fascinó y en este momento nada me iba a parar. Tenía un cúmulo de sensaciones pero sabía que debía seguir ese instinto que te dice; hazlo, hazlo sin más. Todo esto iluminó y dio la respuesta del porqué aquí, porqué yo. Algo que todos nos cuestionamos a veces. Pero pude, pude ponerme a ello y esa sería mi próxima aventura, encontrarlo, quien sabrá si al final me encuentro también a mí mismo. La motivación de querer conseguir lo que esta aventura me va a dar la fuerzas para encontrar las respuestas q necesito
Después de tanto tiempo buscando la respuesta, aquella que le daría sentido a todo lo sucedido la noche en la que su vida cambió, abrió la puerta de la derecha y allí estaba, una carta. Remite: Mamá. No podía creer lo que veían sus ojos, no podía ser, mamá había muerto hacía 30 años. ¿Le había dejado una carta escrita? ¿Cómo sabía ella que Mateo abriría esa puerta? Algo no cuadraba, no entendía nada. Debía abrirla y leer lo que su madre había dejado para él, pero no encontraba las fuerzas para hacerlo.
Fin
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