El viaje por el espacio en mi nueva vida
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La racha de sucesos impredecibles seguía. Esta vez fue un hombre trajeado y con gafas de sol negras quien interrumpió su café, pulsando el timbre de una forma bastante insistente. Mateo se levantó de aquel sillón que consiguió por una oferta en una aplicación de segunda mano, abrió la puerta y preguntó que qué quería. —Buenas tardes, Mateo. Vengo de la NASA. Necesito que vengas conmigo. Un viaje de ida y vuelta a la estratosfera sale en pocas horas, y eres uno de los elegidos como tripulantes de la sección "gente normal de ciudades normales". Mateo no entendía nada pero, después de los días que había pasado, esta noticia la interpretó como una buena noticia. Se encogió de hombros, mantuvo la mirada a aquel señor trajeado, viéndose reflejado en sus gafas negras, y exclamó: —Vale, ¿vamos? Y así empezó su día: se iba a subir coche, que le llevaría a un cohete de la NASA, iba a cruzar la estratosfera y, si todo salía bien, esa misma noche dormiría en su cama.
Lo primero que hizo fue ir al baño a cagar, para quitarse los nervios. Después se hizo el desayuno, un bocadillo de mortadela, como de costumbre. Mateo no era del todo consciente de lo que lo que iba a pasar hoy. Si todo salía bien, sería una anécdota increíble para contarle a sus nietos. Pero si salía mal... La humanidad podría extinguirse. Al comerse su bocadillo se vistió. Y así salió a la puerta de su casa a esperar que el coche llegara. Cuando el coche llegó, se sorprendió, era un Rolls-Royce con los cristales blindados. Y sin pensarlo dos veces, se subió.
Por mucho miedo que sintiera al no saber si esta vez iba a funcionar… lo dejo todo en manos del “destino”. Porque si… ha pensado siempre que el destino los unió esa noche, y algo le decía que esta vez sí. Que esta vez todo iba a funcionar. Después de mucho tiempo, era el momento. Y quizás, no todo sale como esta en su cabeza, pero siempre ha pensado que vida solo hay una. Así que se subió a ese coche, lo miró a los ojos… y se dejó llevar. Pensando “aquí hemos venido a vivir, a disfrutar”. “Cuando la vida te pone a algo nuevo en tu camino, por mucho miedo que sientas… hazlo” siempre recordaba esa frase que le dijo su abuelo.
Mateo la repitió en voz baja un par de veces mientras observaba el correo abierto en la pantalla. Una oferta de trabajo en otra ciudad lo obligaba a elegir entre la seguridad de estar en casa y un futuro incierto. —¿Y si sale mal? —murmuró. Sin pensarlo más, pulsó “Aceptar”. El vértigo no desapareció, pero una sonrisa tímida apareció en su rostro. Por primera vez en mucho tiempo, sentía que estaba avanzando. Justo cuando cerró el portátil, alguien llamó a la puerta y pronunció un nombre que no había vuelto a escuchar desde aquella noche...
Al instante las pulsaciones empezaron a acelerar, los sudores fríos a aparecer y los recuerdos a sonar en su cabeza. No sabía muy bien qué hacer, pero fue a preguntar, como si su cuerpo estuviese mandando la orden. -¿Sandra, qué Sandra? -dijo con una voz temblorosa. -Abre, tengo algo súper importante que contarte y necesito que sea en persona. -contestó una voz desde el otro lado de la puerta. Mateo estaba muy nervioso, pero decidió abrir. -Sé que te puede parecer raro que venga tu ex a tu casa sin avisar, pero esto es verdaderamente urgente. -Le dijo Sandra a Mateo aún fuera de casa.
¿Verdaderamente urgente Sandra? ¿Y yo para que estoy? ¿Para echar un polvo de vez en cuando?- Le dijo Mateo a Sandra Mateo se quedó mirando la ventana de cada una de las casa y empezó a sentir un profundo sonder. Entendiendo que no podia seguir asi
Se quedó mirando la ventana de la vecina, pues le pareció la más interesante y, mientras la observaba minuciosamente, llegó a una conclusión. Necesitaba un cambio. No podía seguir así. Necesitaba reencontrarse. Entendió por fin que, para reencontrarse, debía perderse, entonces, empezó de 0. Empezó a investigar aquello que le gustaba, aquello que le hacía feliz, un motivo por el cual abrir los ojos cada mañana. Pasado un tiempo, lo encontró; la lectura. Mateo se sumergió durante meses leyendo a los literatos más grandes y por fin pudo comprender la realidad desde otra perspectiva.
Meses después, Mateo, fue adquiriendo conocimiento, y mas importante, fue reconociendo en sus libros distintas experiencias que le iban permitiendo construir una mentalidad distinta, más introspectiva, más razonadora, con una visión más crítica, y sobre todo más segura. Con todo eso, cogió su maleta y, despidiéndose de su madre dijo: -Mamá, siento que me tengo que ir para construirme a mí mismo, encontrar mi pasión, y volver más fuerte que nunca. Gracias por todo. Mamá: -Lo entiendo, te quiero. Mateo se fue al aeropuerto, y compró el billete del primer vuelo a Asia que encontrase. Tocó Bali. Un buen sitio para pensar en sí mismo.
Tuvo que facturar lo poco que llevaba para poder subir al avión. Cuando llegó a su asiento, no podía parar de darle vueltas al motivo de su viaje: ¿realmente era lo que necesitaba? No estaba muy seguro, pero de cualquier manera, ya estaba viendo como se iba alejando de lo que siempre había considerado su hogar. Desde pequeño había envidiado a aquellos que eran capaces de dejarlo todo por encontrarse a sí mismos, y ahora el destino caprichoso lo había puesto en esa misma situación. Cuando Mateo aterrizó en Bali, sintió algo que nunca antes había sentido: la responsabilidad de saber que a partir de ese momento todo dependía de él.
Así yacía Mateo, dispuesto a encontrar las respuestas que tanto anhelaba saber desde hace tiempo. No perdió ni un minuto y se dirigió hacia donde indicaba la pista; lo que parecía ser unas ruinas de un antiguo castillo en las afueras de Denpasar, donde no había señas de haber ocurrido nada desde hace mucho tiempo. Entonces, se dispuso a entrar, cuando comenzó a escuchar: “tic tac, tic tac”. Frente a él se encontraba un espejo enorme con lo que parecía ser una nota en su interior.
Mateo se acercó para mirarlo más detenidamente, y observó que efectivamente había un mensaje escrito. Con algo de duda, lo cogió para leerlo más de cerca. - “Se lo que hiciste” Mateo se quedó totalmente congelado. ¿Quién podía haber escrito ese mensaje? ¿Cómo podían haberse enterado de aquello? No es posible, completamente imposible, pensó Mateo. A su mente vino el pensamiento de que la persona que escribió esa nota podía seguir en la casa. Así que buscó como loco en todas y cada una de las habitaciones, pero ahí no había nadie
Mateo se detuvo en mitad del pasillo. Había revisado cada habitación, cada despacho y cada rincón donde alguien pudiera esconderse, pero el edificio seguía vacío. O eso parecía. Porque cuanto más avanzaba, más tenía la sensación de que no estaba buscando a alguien, sino siguiendo un recorrido que alguien había preparado para él. Entonces vio una puerta entreabierta que juraría no haber visto antes. Al empujarla, encontró una fotografía sobre una mesa, y en ella aparecía él de pequeño
Mateo se puso nostálgico al recordar el momento de esa foto. Allí se encontraba él junto a sus padres en unas preciosas vacaciones de verano en la playa, en el lugar de siempre. A día de hoy todo ha cambiado, las vacaciones ya no son las mismas y los momentos en familia tampoco. Eso no quiere decir que sean malo, simplemente el cambio de una etapa. Esta nueva etapa Mateo la coge con energía para demostrar a sus padres que todo esfuerzo que han puesto en él ha merecido la pena…
Se llenó de satisfacción al saber que tendría una nueva oportunidad y de ganas de enseñar lo que es capaz de hacer. Pero, además de orgullo, surgieron dudas, inseguridades y un miedo al fracaso que le nublaron la mente. Se encerró en su habitación, quieto, sin saber como aprovechar esta oportunidad, pero recordó, que cuando tan solo era un niño, buscaba soluciones en los cómics, que le encantaban leer. Entendió, que los cómics no solo eran dibujos, sino que debía extraer cada superpoder. Pese al miedo ante los nuevos desafíos, encontró la respuesta en el pasado
Era cómo si sus cicatrices del ayer le estuvieran dando las soluciones de hoy. Y tenía que seguir adelante con todo lo que había aprendido. Pues ser valiente no significa no tener miedo a nada. Ser valiente significa hacer aquello que deber hacer, a pesar del miedo.
Mateo Crespo cerró el libro y levantó la vista. El profesor acababa de leer aquella frase y el aula permanecía en silencio. Algunos alumnos tomaban apuntes sin prestar demasiada atención, pero él no podía dejar de pensar en ella. ¿Era realmente valiente? Durante semanas había evitado tomar una decisión muy importante por miedo a equivocarse. Sonó el timbre y los estudiantes comenzaron a recoger sus cosas. Mateo guardó la libreta, decidido a afrontar aquello que llevaba tanto tiempo aplazando. Al salir del pasillo, alguien pronunció su nombre desde el fondo.
Al girarse, Mateo noto un escalofrío bajándole por la nuca. De repente lo comprendió, era la persona por la cual llevaba tanto tiempo angustiado. Sintió paz momentánea hasta que se acercó, levantó la mano y dijo: -Hola! Cuanto tiempo, te he echado de menos! -Hola Mateo! Qué ilusión verte por aquí, espero que no tengas nada y solo haya sido un susto! He estado hablando con tu Madre, y me lo ha contado todo. -Todo, todo? Mateo se encuentra por sorpresa con una buena amiga, en el hospital.
La saluda con dos besos y un abrazo. Se dan cuenta de los años que han pasado y se ponen hablar de sus vidas actuales. De repente, entra la enfermera con una asustada expresión. La enfermera les dice que tiene que hablar urgentemente con Mateo
El asiente y ambos se apartan e apartan a un costado del pasillo del hospital. "La situación es más grave de lo que creíamos" le dice ella con seriedad en su rostro "el corazón de Mabel esta en una situación complicada, requiere un donante de inmediato". Los ojos de Mateo se empiezan a cristalizar, "Yo no puedo ofrecerme" contestó él casi lagrimando, un poco de amor, pero más por la angustia de dicha situación. La enfermera lo comprendió y se dirigieron nuevamente al consultorio. Que sea en secreto, le pidió Mateo a la enfermera. Se secó las lagrimas de la cara y y entro con la mujer. "Conseguímos un donante de corazon" exclamó
las lágrimas de alegría empezaron a brotar de los ojos de la mujer mientras con los brazos buscaba el abrazo de Mateo que se acercaba a ella también con lágrimas en los ojos. En ambos casos eran lágrimas de alegría. Lo que ella no sabía es que sus lágrimas de alegría, días después se convertirían en lágrimas de soledad. Tras varios minutos abrazados en silencio en aquella fría habitación de hospital ella rompió el silencio: “Mateo, sabía que lo conseguiríamos, por fin podremos tener un futuro tranquilo juntos, como siempre hemos soñado.”
Mateo sonrió, pero no pudo contestar. El sobre que llevaba en el bolsillo pesaba más que cualquier promesa. Lo abrió despacio y leyó de nuevo la fecha, el sello del juzgado y aquella firma que lo cambiaba todo. Ella lo miró, inquieta. —¿Qué pasa?
-No -su voz sonó como un suspiro. -No encaja. -No puede no encajar -dijo ella. -Es lo único que tenemos. -Entonces tendremos que empezar de cero. Mateo salió de la sala, inquieto ante su nuevo descubrimiento. ¿Era algo bueno? ¿Era algo malo? Las ideas se arremolinaban en su cabeza. Hacía años que no sentía con tanta intensidad, parte de él se sentía eufórico. Por fin empezaba a formar parte de algo más grande que él, todos los sucesos que le habían atormentado en su vida cobraron sentido. Le devolvió la mirada. La muchacha no parecía tan emocionada como él. Mateo nunca se había preocupado del impacto de sus acciones, era nuevo para él.
Por un instante pensó que simplemente estaba nerviosa. Sonrió, esperando que ella respondiera con la misma alegría que él estaba sintiendo en ese momento. Pero la sonrisa nunca llegó. —¿Eso es todo? ¿Qué debo hacer ahora? El pobre chico, que se encontraba descolocado en ese momento, abrió la boca, pero no encontró nada que decir. Durante años había vivido convencido de que las intenciones importaban más que las consecuencias. Si quería algo, iba a por ello. Si se equivocaba, seguía adelante. Pero en ese instante todo era diferente. Aun así, se armó de valor y se acercó a ella para hacerle la pregunta que estaba rondando en su cabeza.
Mateo Crespo: ¿Cuántas veces te has sentido realmente presente? Ella, de todas las preguntas que Mateo le podía y quería que le hiciera, esta no se la esperaba. ¿Estar presente? Esta pregunta le sentó como si le hundieran el pecho, como si a pesar de saber la respuesta no quisiera decirla, daba miedo, mucho miedo y no quería exponerse más. Aún así suspiró y decidió hacer lo más valiente para callar esta conversación, besarlo.
Mateo no tuvo tiempo de reaccionar. Ella lo sujetó por la camisa y lo besó con una determinación que no se parecía en nada a un impulso. Durante unos segundos, todo quedó en silencio. Cuando se separaron, él buscó una explicación en sus ojos. —¿Por qué has hecho eso? Ella respiró hondo y miró hacia la puerta. —Porque era la única forma de que dejara de mirarnos. Mateo se giró. En la entrada había un hombre grabándolos con el móvil. Mateo reconoció al instante el anillo que llevaba aquel hombre
sabía que tenía que recuperarlo como fuera por lo que empezó a idear un plan en su cabeza rápidamente, se le venían muchas ideas a la cabeza a cada cual más arriesgada que la anterior, pero tenía que decidirse y arriesgarse o se le pasaría la oportunidad de hacerse con el. Tras unos minutos se armó de valentía y y se decidió a actuar. En ese preciso instante Mateo fue a hablar con aquel hombre para intentar distraerle y quitarle el anillo.
El anillo, que tenía gran valor, podía facilitarle la vida a Mateo. Si lo vendiese, podría vivir más desahogado un par de meses, pero si se lo quedaba podía tener algo realmente valioso, porque ¿qué era más importante que una pieza con recuerdo familiar? Aquel anillo tenía ya más de ochenta años y había pasado de mano en mano por todo su linaje. Aun recordaba a su abuelo balanceándolo en el columpio, con ese anillo brillando bajo el sol. Miraba al hombre sin reparo, pensando que, al fin y al cabo, ese anillo era suyo, y por tanto, si se lo quitaba, no era robo ninguno.Le entró. -Hola
—Hola —dijo Mateo Crespo, acercándose con una calma que desarmaba. El hombre levantó la vista, incómodo al notar que lo observaban. Mateo señaló el anillo. —Curioso. Hay personas que creen que poseer algo les da derecho a todo. El desconocido sonrió con desdén. —¿Y no es así? Mateo negó lentamente. —No. Lo difícil no es conseguir las cosas. Lo difícil es merecerlas. Por primera vez, el hombre bajó la mirada hacia su propia mano. Y entonces comprendió que el anillo nunca había sido lo más valioso.
Se puso nervioso, le caían gotas de sudor de la frente y sus manos seguían rebuscando entre los papeles de aquella habitación. - Algo, tiene que haber algo Mateo. El silencio hacía de aquello algo más personal, su corazón latía tan rápido que parecía el tic tac de una cuenta atrás. Porque si, el tiempo era su peor enemigo. De repente se cruzó por su cabeza ese pensamiento, el que rondaba de hace tiempo y el miedo lo envolvía. Pero en estos casos solo quedaba ganarle al miedo. -Vamos a hacerlo. Recorrió la habitación, abrió aquella puerta pesada y vieja, se echó la maleta a la espalda y se prometió ser valiente.
Porque hay historias que uno tiene que vivirlas para poder contarlas. "Tengo mucho miedo" pensó Mateo, pero recordó aquello que escuchó yendo en coche con su padre: ser valiente no solo es cuestión de suerte. Tenía que seguir adelante, por mucho que le aterrase. Maleta en mano, bajó las resbaladizas escaleras, con cuidado de no caerse. El ruido de la calle lo absorbió. Todo pensamiento quedó sepultado por el caos de la ciudad. Empezó a andar y no volvió a mirar atrás. Porque ser valiente no solo es cuestión de suerte. Mateo echó a andar maleta en mano temeroso.
Dentro de ese miedo al cambio, a salir de su zona y andar hacia nuevos lugares, también había un pequeño Mateo feliz, ansioso y nervioso por descubrir lo que esta aventura le iba a deparar. Repetía como una especie de mantra las palabras que le había dicho su madre, "La vida es una, Mateo. La probabilidad de que estemos aquí es ínfima y debes enfocarla como tu videojuego favorito, donde no te conformarías nunca con descubrir solo el 5% del mapa". La posibilidad de vivir es ínfima y debes enfocarla como tu videojuego favorito, donde no te conformarías nunca con descubrir solo el 5% del mapa".
Solo el hecho de estar vivo es más que impresionante, eres un conjunto de casualidades y decisiones . Disfruta de tus fallos y tropiezos, la vida es una mierda y eso es lo que la hace buena
Casi nada sale como esperabas, casi nunca entiendes lo que estás haciendo y, aun así, sigues adelante. Y de alguna forma, entre el caos, los errores y las heridas, encuentras algo que merece la pena recordar.
Y no es que estés orgulloso de lo que te ha pasado, pero eres consciente de que eso te ha hecho ser quien eres. Y piensas en aquel verano currando en un país a 2.000 km del tuyo, donde no hiciste ni un solo amigo, pero que te curtió como al que más y te hizo valorar la adultez, la zona de confort y tu entorno. De esto precisamente llevo dias pensando, de mis seres queridos, y de como ellos son la perfecta representación de quien soy. De esto precisamente llevo dias pensando, de mis seres queridos, y de como ellos son la perfecta representación de quien soy.
Últimamente todo gira sobre esta idea. El famoso "Yo soy yo y mi circunstancia" de José Ortega y Gasset es lo único que me mantiene en pie en mis momentos más bajos. Cuando veo malicia en mí, la bondad de mi madre resalta; cuando mis inseguridades se realzan, la seguridad y fortaleza de mi padre me hace recordar que soy valioso. Ver mi reflejo en los que me rodean me recuerda quién soy, hasta cuando todo parece desmoronarse y nada tener sentido. Ver mi reflejo en los que me rodean me recuerda quién soy, hasta cuando todo parece desmoronarse y nada tener sentido.
Suspiré profundamente como si todo el cansancio de mi cuerpo estuviese saliendo de golpe, me arregle el pelo usando mis dedos como peine y seguí hacía delante. Al fin y al cabo el mundo va a seguir girando a pesar de que mi caos interno pida a gritos una pausa
A veces es complicado seguirle el ritmo al mundo. Nos hemos acostumbrado a vivir todo como si fuera una carrera en la que el premio es poder permitirse un descanso. Pero a veces paro y pienso en cómo sería todo si las personas viviéramos de verdad. Siento estamos hechos para ello, al fin de al cabo, para sentir. Me gusta pensar que de vez en cuando la gente demuestra al mundo que no solo somos animales, somos humanos. ¿Y hay algo más humano que demostrar lo que sentimos?
Eso pensó Mateo, no creía que alguien pudiera pensar lo contrario, hasta que conoció a Matías. Matías era un chico al que Mateo veía pasar todos los días por la calle. Alguna vez había hablado con él, pero no era muy expresivo. Otras veces en algún bar se sentaban con otros amigos y hablaban sobre la vida, pero cuando le preguntaban a Matías cualquier cosa sobre su vida personal prefería no responder. Mateo nunca había conocido a alguien tan cerrado, y eso le extrañaba. Por eso decidió ayudar a Matías con su problema.
No es que Matías le cayera especialmente bien, es que a veces, uno tiene que hacer lo que es necesario para conseguir su objetivo. Le prestó todos los recursos a su disposición en ese momento, pero con la duda de no saber si sería suficiente. Francamente a día de hoy no puede asegurar con certeza si esa fue la mejor decisión. Solo que cuando menos lo esperaba, pareció funcionar y aunque Matías pecaba de soberbia, cumplió con su parte del trato. Un trato que no fue sellado con sangre. La idea del trato era crear una confusión, no un truco de ilusionismo, muy típico. Una humareda de polvo que les dejaría actuar entre las sombras.
Pero Mateo no era de conformarse con cualquier mierda. Él siempre daba una vuelta más y media más de lo que la gente esperaba. Así que lo hizo. Subió al piso de su ex. Ella estaba trabajando en la agencia. Él conservaba unas llaves de cuando vivían juntos. Abrió la puerta con cuidado. Allí estaba El Bro, su gato naranja que todavía le recordaba, restregándose por su pierna. -Hola Brosito, qué pasa. No es fácil ser un puto loco que se cuela en saca de su ex mientras ella no está. Pero Mateo tenía un buen motivo para hacerlo
Tenía que encontrar los documentos para hacer realidad su sueño, aquellos que le permitirían ser libre porfin. Aún no podía creer cómo ella había sido tan cruel, cómo le había ocultado tantas cosas. Él quiso ir de buenas en su momento pero ella era tan retorcida que haría lo que fuera para impedírselo. Mientras Mateo divagaba en sus pensamientos se dió cuenta de que había salido durante años con una persona totalmente desconocida, quién él creía haber conocido demostró ser una completa mentira. En ese momento sintió una mezcla de alivio por haber podido darse cuenta e impotencia que le invadieron por dentro. Qué podía hacer ahora?
ahora ya no le quedaba otra opción, debia afrontarlo y seguir sin mirar atras o enfrontarlo y generar problemas a gente que no debia nada. Sin embargo el lo tenia claro ya no iba a poner a los demas por delante de el, no eran mas importantes, habia decidido luchar, enfrontarlos. su decison le repercutiria en el futuro pero no se iba a arrepentir de haberla tomado se sentia mejor que nunca, o tal vez no.
Una vez hecha la decision ya no habia marcha atras ya sabia que le iba a acompañar a partir de ese mismo momento, esa misma noche se desvelo pensando en si habia merecido la pena o no, total lo hecho hecho esta y no hay nada que se pueda hacer ya era tarde para volver atras. Su nueva vida le gustaba cada vez mas era como si el Mateo de hace 1 semana no conociera de nada al nuevo Mateo. El nuevo era valiente, aventurado, sin miedo a fastidiarla como con el pasado. Esa nueva vida era lo que el siempre habia deseado y nunca se atrevió a hacerlo hasta el momento en el que todo cambio ahi fue cuando se dio cuenta.
Mateo salió de casa, algo en el había cambiado. Caminó con paso firme por la larga avenida, ensimismado y sin prestar atención a nada. -Mateo, eh!!! Despierta! Su amiga Paula le llamaba desde hace rato. Cuando se percató de su presencia, Mateo vio en ella cara de preocupación. -Perdona Paula, no te había visto, todo bien? El gesto de Paula se torció, cual tragedia griega, comenzó a contarle lo que había pasado.
Y Mateo dijo: Siempre me sentí solo, todo el mundo se iba de mi lado, no hacía nada malo todo lo contrario, siempre lo di todo por los demás y la gente de mi alrededor desaparecía como arena entre los dedos…supongo que sería culpa mía. Con los años lo entendí, me vacíe, lo di todo por los demás siempre, esforzándome para ver una sonrisa en sus caras de los demás pero lo único que conseguía con eso era vaciarme a mí mismo y ahora, ya no tengo nada que entregar, estoy vacío… Paula torció el gesto tras las duras palabras de Mateo que decían…estoy vacío, lo di todo y ahora no tengo nada que ofrecer.
Durante unos segundos, ninguno habló. El ruido tapaba el silencio de una tensión incómoda. —¿Y quién te pidió que lo dieras todo? —preguntó Paula con la voz muy suave. —Pensé que era lo que debía hacer. —No amar a alguien no significa quedarse sin nada. Significa compartir lo que eres, no desaparecer para que el otro exista. Esas palabras golpearon a Mateo. Paula se acercó. —Tal vez no estás vacío, tal vez solo llevas demasiado tiempo intentando llenar las expectativas de todos menos las tuyas. —Tal vez no estás vacío, tal vez solo llevas demasiado tiempo intentando llenar las expectativas de todos menos las tuyas. —¿Y ahora qué hago?
Seguir adelante, es lo único que puedes hacer. —Eso lo dice alguien que ya llegó a algún sitio. —No. Lo dice alguien que todavía no sabe dónde está. Se hizo un silencio. No uno incómodo, sino uno diferente. Uno que aparece cuando dos personas acaban de decir algo verdadero y ninguna sabe qué hacer con eso. De su ojo empezó a brotar una lágrima, no de tristeza, sino de frustración
porque acaba de comprender que llevaba años, sobreviviendo, cuando en realidad, lo único que había querido era vivir. desde que falleció su abuela algo dentro de él se había apagado. No fue de golpe. No hubo un día concreto en el que todo cambiara. Simplemente ocurrió. Poco a poco, casi sin darse cuenta, empezó hacer las cosas por rutina. No recordaba la última vez que se preguntó si era feliz. Aquella idea lo golpeó ¿cuántas experiencias había dejado escapar por vivir en piloto automático?
Aquella idea no se le iba de la cabeza. Mateo bajó la mirada. Pensó en cuantos cumpleaños perdidos, mensajes respondidos con prisa, domingos convertidos en trámite. -Siempre hay tiempo… hasta que deja de haberlo- dijo en voz baja. Su teléfono vibro justo en ese momento. El nombre en la pantalla lo dejó inmóvil unos segundos.
Nada le había preparado para este momento. Por un instante volvió a sentir la inocencia de un niño al frente de su primer peligro. Sintió como todos sus planes de futuro estaban a punto de truncarse. Puso su dedo sobre el botón rojo. Colgó. No supo enfrentarse a sus miedos. Actuó como cobarde que nunca admitió ser.
Mateo se quedó inmóvil durante unos segundos, mirando la pantalla apagada del móvil . El silencio en su habitación parecía más pesado que nunca. Puso el móvil sobre la mesa y se puso las manos en la cara. Intentó convencerse de que había hecho lo correcto, de que era mejor así. Pero en el fondo sabía que no era verdad. —¿Qué he hecho…? —murmuró. La llamada era su oportunidad para decir todo aquello que llevaba años guardando. Sin embargo, cuando escuchó la voz al otro lado, el miedo. Sin embargo, cuando escuchó la voz al otro lado, el miedo.
El miedo se apoderó de Mateo, dudaba si podría escapar de su habitación sin que sus padres lo vieran, quizá por la ventana. Reflexiono en voz baja y supo que era hora de actuar, debía decirle a sus padres lo que estaba pasando, no podía ocultarlo más. Con todas sus fuerzas, abrió la puerta, decidido a hablar por fin. Pero cuando abrió la puerta, no eran sus padres quien lo estaban esperando.
Creyó haber oído la voz familiar de su querido padre a través de la puerta, pero estos no eran más que unos imitadores, unos desconocidos con intenciones más desconocidas todavía. A juzgar por la brusquedad con la que entraron esas intenciones parecían ser buenas. Irrumpieron en el salón como una exhalación para recordarle la cruda verdad, ellos no eran sus padres y él no había sido capaz de recordarlo por culpa de la nostalgia que tenía al recordarlos. Entonces, al ver a esos dos sujetos en su casa que decían ser sus padres y recordar que esto era imposible, Mateo trató de echarlos asustado.
Al intentar tocarlos, su mano traspasaba su cuerpo. Estaba viendo la imagen de sus padres. Oía sus voces, pero no lograba reconocer las palabras. Mateo se alejó de la casa y huyo hacia el bosque asustado. Allí le esperaba su hermana Sara. Al contarle lo sucedido Sara quiso volver a la casa y se dio cuenta de que ella no podía verlos. Mateo estaba empezando a preocuparla. Tenía que tomar medidas. Mateo intentó explicarlo, pero no tenia palabras para explicar lo que veían sus ojos y él no era capaz de darse cuenta.
Entonces comprendió el motivo de aquel silencio. Frente a él no había nada imposible, ni sobrenatural. Lo aterrador era mucho peor, era real. Mateo dio un paso atrás y buscó una explicación lógica, pero cada detalle encajaba demasiado bien. Tragó saliva. Si aquello era cierto, alguien llevaba años mintiéndole. Y acababa de descubrir quién. Entonces escuchó su nombre a su espalda.
Se quedó helado, no era la primera vez que escuchaba esa voz, aunque llevaba muchos años sin oírla, necesitó unos segundos antes de reaccionar y poder darse la vuelta, apretó los dientes y se giró, ahí estaba, vestida con un vestido de verano, negro atado al cuello, mirándolo fijamente desde la puerta. Había una mezcla de rabia y amor en su mirada, una combinación fulminante para él en ese momento Se acercó a ella muy lentamente, aún con miedo, sin saber cómo actuar después de tanto tiempo y nervioso por la situación y le dijo:
-Hace mucho que no te veo, ¿has cambiado, no? No pareces esa perdona que yo deje en el pasado. No pasa nada, yo si soy el mismo, la misma risa, misma cara, misma amabilidad, misma felicidad y mismo resentimiento, ¿te acuerdas? Yo sigo estancado en el pasado
Sin parar de pensar en evolucionar. No me perdono a mi mismo como acabe anclado en aquella situacion. Debo potenciar la parte de mi que me exigio salir. Para alimentar el orgullo mirando a ese pasado hay que sufrir lo determinante del tiempo. Trabajar y entender que seguir el camino intuitivo no tiene por que ser lo que coloque tu vida en esa felicidad soñada. Muchas veces la disciplina y el hacer ganan a la intuición. Todo forma parte del proceso, pero ¿Cómo? ¿Potenciando esa parte que infaliblemente ha potenciado mi ser o trabajando las tantas que siempre quise ocultar?
Cierto es que Mateo no tenía ni idea de cual de las dos elegir pero acabo decidiendo elegir la opción mas viable de las dos , eligió escuchar de su corazón y decidió ser el mismo , gracias a ello podría derrotar a todo aquel que se le pusiera por delante como aquel malvado hombre de las tinieblas. La decisión esta tomada , ahora toca actuar
Mateo inspiró profundamente. Aguantó la respiración durante 5 segundos y expiró todo el aire que había acumulado de golpe. Este truco siempre le había servido para relajarse. Incluso antes de los temibles exámenes de Física, este truco le calmaba y le aclaraba la mente. Pensar con claridad era lo que necesitaba en estos instantes. Tomar la decisión de actuar había sido lo más sencillo. Ahora venía la parte complicada: vivir con las consecuencias de haber tomado esa decisión. Ahora venía la parte complicada: vivir con las consecuencias de haber tomado esa decisión.
No sabía si era lo mejor pero como dice el dicho: "lo hecho hecho está". Mateo siguió su camino decidido y sin nada más que hacer. Al día siguiente quedó con sus amigos para despejarse y olvidar las consecuencias principales de sus actos. Bebieron algo y se contaron sus pensamientos, luego jugaron unas partidas de su videojuego favorito y así pasaron todo el día juntos. Al llegar a su casa ya se había olvidado de la decisión más importante de su vida.
Saludó a su madre, saludó a su padre, pero sabía que algo no estaba bien, que algo se le olvidaba. Subió a su habitación dándole vueltas al asunto. Agobiado por no recordarlo, decidió que lo mejor era irse a dormir una siesta. Lo que él no sabía era que mientras que estaba dormido, los pensamientos le estaban jugando malas pasadas. Tenía recuerdos mezclados. Se levantó de golpe, pensando que por fin iba a poder recordar lo que se le olvidaba. Salió corriendo de casa para relajarse. Aunque él no quería, seguía sin tener idea de que la decisión más importante ya estaba elegida
Se detuvo frente a lo que parecía una exhibición de arte; ahí dentro todo estaba vacío, no había gente y tampoco casi ningún cuadro. Hasta que Mateo visualizó una obra, aquella era hermosa, simplemente perfecta; tanto que ese día tomó la decisión de robarla, pues dejarla ahí, ante esa oportunidad perfecta que se le había presentado, sería un crimen, e irónicamente, así era. Al coger la obra, Mateo ni se imaginaba lo mucho que se iba a arrepentir, y a la vez no, de aquella decisión.
Se quedó pensativo, no sabía muy por dónde empezar, decidió que empezaría haciendo una foto, y enviándosela a sus amigos. Ninguno respondía. Así que pensó en buscar información sobre la obra. Al empezar a leer, sentía curiosidad y a la vez un nudo en el estómago. -Podría haberme quedado quieto- dijo Mateo. Pero no sabía que lo peor todavía estaba por llegar. Llamaron a la puerta, y le preguntaron sobre un señor con camisa de cuadros, que había denunciado la desaparición de la obra. Se quedó pensativo en la puerta mirando al policía, pensando que porque había tenido que coger esa obra, lo único que dijo fue …
Que lo importante no es haber llegado hasta aquí sin fallar, sino haber seguido intentándolo cada vez que caí. Pero seguí. No siempre con fuerza, a veces solo por orgullo, por no rendirme ante esa voz que dice que no puedes. Y un día entiendes que seguir cuando no quieres también es valentía. Esta obra no me la dieron. Me la gané. Y eso nadie me lo quita. Esta obra no me la dieron. Me la gané. Y eso nadie me lo quita.
Porque el verdadero valor no está en poseerla, sino en haberte convertido en la persona capaz de alcanzarla Porque el verdadero valor no está en poseerla, sino en haberte convertido en la persona capaz de alcanzarla.”
Y así, Mateo, convencido de su nueva decisión, se armó de valor para cambiar el rumbo de su vida con esta nueva visión. Tal vez todavía le rodean las dudas o tenga miedo de equivocarse, pero tiene claro que ya no hay vuelta atrás.
Es su momento, llegó la hora de ser protagonista de su historia y no dejar que la escriban los demás. Sus ideas, su mente y su mundo creativo son las que le llevarán a comerse el mundo, por que ahora tiene un objetivo:
Sabe que, de alguna forma, todos los acontecimientos que han ocurrido durante el último tiempo deben tener una explicación. Ha experimentado cambios constantes y vivencias tan extremas Que difícilmente pueden llegar a entenderse. Por esa razon, Mateo, decide acudir a la unica persona que puede dar sentido a su vida y descubrir que es lo que hay detras de todo.
La casa olía a café recalentado y madera vieja. Su madre tardó en abrir y, cuando lo hizo, lo miró medio segundo de más, como calculando algo. —Pensé que ya no venías —dijo, y se hizo a un lado. Mateo entró. No la abrazó; hacía meses que no sabían cómo. —Necesito que me cuentes qué pasó con papá. Ella se sentó. Se quitó las gafas y las limpió con la blusa aunque no estaban sucias. —¿Por qué ahora? —Porque encontré las cartas. Afuera un perro ladró dos veces y se calló. —Siéntate —dijo su madre, con la voz rota—. Es largo, y cuando lo sepas no vas a poder mirarme igual.
—¿Sabes cuál fue mi mayor error? No fue amar a una persona y formar una vida con otra. Fue esconderme. Pasarme media vida callando por miedo a lo que los demás fueran a pensar. A veces no hacemos cosas que queremos hacer para que los demás no sepan que queremos hacerlas.
Mateo Crespo caminaba pensativo cuando un hombre sentado en un banco lo llamó. —¿Sabes cuál es tu problema? Te preocupa demasiado la opinión de los demás. —¿Y usted quién es? —Unai Cacciacane.De la Familia de los Cacciacane Benítez En ese momento una paloma le robó el bocadillo. —Mírala. Ella hace lo que quiere y no le importa lo que piense nadie. Mírala. Ella hace lo que quiere y no le importa lo que piense nadie.
Mateo siguió la mirada de Valeria hacia la televisión, donde aquella mujer de barrio defendía lo suyo con una garra que a él le faltaba. «Yo por mi futuro MATO, ¿me entiendes?»parecía gritarle el televisor en un eco distorsionado. Él miró su móvil. Tenía el mensaje del entrenador abierto. La cobardía lo empujaba a apagarlo pero el orgullo propio le dio un vuelco en el estómago. Tecleó rápido con el pulso temblando y envió la confirmación. Mañana no iría al examen se jugaría la vida en el césped. Mañana no iría al examen; se jugaría la vida en el césped.
Después de tantos dias esperando, se levanto listo para el partido mas importante que tenía. Estaba totalmente preparado, lleno de nervios. De camino al vestuario había visto una ambulancia, y si… el portero se había lesionado. Todo el plan se les había ido al pique, confiaron en el otro compañero que tienen alex el otro portero substituto. Era la hora de salir del campo y no paraba de mirar a los compañeros y a todos los rivales, No paraba de cerrar los ojos y inspirar. Estaban todos los compañeros de equipo listos para el comenzamiento del partido, apunto del pitido, el partido mas importante para el
Sus corazones palpitaban más fuertes que nunca, sabían que ese momento pasaría a convertirse en un recuerdo inolvidable que les marcaría de por vida, las cosas siempre pasas por algo , el destino nos ha unido dijeron Un recuerdo inolvidable que les marcaría de por vida, las cosas siempre pasas por algo , el destino nos ha unido dijeron
Después de este inolvidable momento, salieron de casa sin dar crédito de lo que habían visto. Mateo se encendió un cigarro y sin mediar palabra se echó a llorar, no era capaz de asimilar la situación. Los demás se miraron entre sí y sin pensarlo dos veces fueron a abrazarlo. Al día siguiente quedaron de nuevo para comentar lo sucedido, sabían que no podían dejar ir esa oportunidad.
Mientras se acercaba el momento más dudas y incertidumbre le llegaban a la cabeza, estaré haciendo bien y si esto no es lo que quiero. Eran preguntas que rondaban en su cabeza constantemente, pero algo tenía claro. Tenía que afrontarlo de una vez, siempre en la vida he evitado todos mis problemas y miedos y este no iba a hacerme echarme para atrás de nuevo. Una vez alguien me dijo en la vida solo existen 2 personas las que viven y las que nacen para algo. Asique decidí ir a comentar lo que sucedió y afrontar de una vez por todas las riendas de mi vida y tomar la decisión correcta.
Así que decidí ir a comentar lo que había sucedido, coger de una vez por todas las riendas de mi vida y tomar la decisión correcta. Con el corazón muy acelerado, reuní el valor que me faltaba y hablé sin ocultar nada. Por primera vez en muchísimo tiempo, sentí que la incertidumbre desaparecía. No sabía qué ocurriría después, pero entendí que enfrentar la verdad era mejor que seguir huyendo de ella. A partir de ese momento, supe que, pasara lo que pasara, al menos podría mirar al futuro sin arrepentimientos.
Entonces decidí que a partir de ahora quería cambiar, atreverme a arriesgar, porque para que estoy aquí sino? Así que en ese preciso momento decidí cojer mis cosas e irme lejos a recorrer mundo, conocer gente nueva y quizás encontrar a alguien especial…
Fue muy complicado elegir las cosas que habían marcado mi estancia en casa de la abuela, las fotos, las pulseras de los festivales, los vasos de las fiestas en pueblos lejanos… pero aún así pude meter toda mi infancia en una mochila. Cogí los auriculares, las llaves de casa (a la que no pensaba volver) y los 45 euros que tenía ahorrados. Cogí el bus, y me quedé observando los posibles destinos en la estación de tren, la cual se sentía más vacía que de costumbre. Entre todas las opciones, sin tener ni idea de que me deparía el futuro, decidí irme a Valencia.
Valencia, qué bonita terreta. Para ser exactos, Puerto de Sagunto, mi playa desde hace años, donde viví mis mejores momentos ¿Eres tú? No escuché la puerta, pasa. Como te venía diciendo, en este tiempo en el que vivimos, de lujo y pobreza, donde es más importante la muerte que la vida, vive siempre y nunca dejes de recordar a tus seres queridos. Sal ahí fuera y grita, pero en silencio. Lo llevas dentro, solo tienes que sentirlo...y si te ponen barreras, salta y vuelve a gritar, pero en silencio. Las cosas son como son...ya lo dijo Ovidio, no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy...¿Me quieres? Te quiero.
Así que no esperó más. Cogió el móvil, creó un grupo de Whatsapp con sus amigos y familiares más cercanos, y lanzó la bomba: “Queridos míos: Después de tantos baches, de tanta incertidumbre y de tantos aprendizajes, tengo clara una cosa. Me voy a recorrer el mundo. No se preocupen; no voy solo. Desde que tenga más información, les contaré el inicio de todo y el camino probable. Si alguien se quiere sumar en algún punto, es más que bienvenido. Lo voy a hacer. Un abrazo a todos.” Con los dedos temblorosos de la emoción, derramó alguna lágrima sobre el dispositivo. Estaba a punto de cumplir uno de sus sueños.
Mateo Crespo respiró hondo y pulsó el botón de enviar. Durante años había escrito de madrugada, robándole horas al sueño y a las dudas. El móvil vibró casi al instante. —¿Lo has hecho? —preguntó su hermana. —Sí. Ya está. Sonrió mientras releía el mensaje de confirmación. Por primera vez, aquel sueño dejaba de ser una idea para convertirse en una posibilidad real. Iba a celebrar su logro cuando una llamada cambió por completo sus planes.
La felicidad despareció al instante, contestó el teléfono con un nudo en la garganta y las manos temblorosas, en la otra línea una voz ronca iba a darle un giro inesperado a su vida. en la otra línea una voz ronca iba a darle un giro inesperado a su vida.
Esta no voz no era un dialogo, eran más bien sonidos. Mateo empezó a pensar y su cabeza no paraba. Sentía diferentes estímulos que le llevaban a ciertos momentos de su vida. Empezó a recordar viajes, aventuras, personas, conversaciones… En ese momento se dio cuenta de que había llegado al punto de su vida donde no tenía rumbo. Donde ya nada le movía a vivir y que dejó de hacer las cosas por pasión. La conversación consigo mismo se extendió durante horas y decidió tomar acción sobre su futuro.
Pensar demasiado siempre había sido uno de sus principales defectos y aunque en ciertas ocasiones le había venido bien, la realidad es que pretendía cambiar esa característica de su personalidad. Mateo admiraba a las personas que se dejaban llevar por impulsos y disfrutaban de sus resultados, no como él que siempre pensaba que su decisión final había sido errónea. Desde que eligió su carrera universitaria en la última hora del último día con el agobio que eso supuso, comenzó a reflexionar sobre ello.
¿Que sentido tiene todo esto ? ¿A caso importa algo? ¿Es lo que quiero? O es lo que alguien, algún día que no logro recordar,dijo que debía querer.¿Si no importase el dinero ,él estatus y la competencia ... ¿qué haría? ¿Sería este mi camino ? ¿Esto es a lo que estoy destinado ? ¿Qué es el destino? ¿Quién soy ? Tantas preguntas sin respuesta se conviertieron en niebla y empezaron a abrumar su mente, pero aún le quedaba algo a lo que agarrarse .Al menos sentia que encajaba.Al menos habia decidido Y con esta sensación de victoria apagó su mente, continuó con su vida.Con su rutina,su camino.Sin preguntas,sin ruido pero vacío.No habían respuestas
No necesita respuestas, igual que cuando miras por la calle a la gente. Vio entonces a "Juanito Kokunero" en su famosa "Piolin". Sonaba muchísimo. El olor a gasolina, que recordaba de sus tiempos jovenes - no por que sea viejo - sino porque el ayer ya parece hace mucho. Y, como la gasolina, sabia que un error, un acelerón... todo tiene un precio. Como sea, dejó de fabular en su cabeza. Miró adelante, y siguió caminando.
Cuando Mateo siguió caminando, lo hizo sin ganas y sin ningún rumbo fijo. Solo estaban él y sus piernas, intentando dejar atrás los pensamientos que no paraban de golpearle la cabeza. Quería despejarse, escapar por un momento de todo lo que le estaba ocurriendo. Pero, después de varios minutos caminando, comprendió que no podía evitarlo. El pensamiento seguía allí, persiguiéndolo. Entonces comenzó a correr. Corrió cada vez más rápido, como si pudiera dejar atrás sus problemas. Corrió cada vez más rápido, como si pudiera dejar atrás sus problemas.
Llegó a un parque, se sentó, esos problemas no podían ser tan importantes como para arruinarle el día. Vio a lo lejos, primero su figura, luego sus colores y lo reconoció. Allí estaba Pereira, parecía intentar comer un árbol, claro, no era así. El no tenía esas grandes paletas tan características para poder morder como el, así que le dio un bocado a su manzana. Roja y brillante, deslumbrante, brillaba en mitad del parque como la calva de ese hombre. Era la mejor manzana del mundo, al menos en aquel momento eso le pareció a Mateo. Sabía que nunca probaría otra igual.
Aunque realmente lo “sabía”, solo lo creía, ya que nada se sabe al 100%. Todos nos guiamos por nuestro instinto o por lo que creemos merecer. No está mal equivocarse, ya que la vida no tiene guion y de ilusiones y pensamientos vivimos. Por eso mismo, Mateo no estaba haciendo nada mal, solo se dejaba llevar por sus sentimientos. Por que sin sentimientos no estaríamos vivos.
Se dejó empapar de sus viajes, sus amores, sus experiencias, sus errores, sus pérdidas y de todo aquello que le había dejado marca, ya fuera de manera positiva o negativa. Supo aceptar, tras todo lo vivido, que una única visión ante todo lo que llevaba detrás le llevaba a condenar en una jaula su futuro. Por lo que a la vez que su vida cambiaba, quiso tomar una "visión polisémica" sobre su vida. Suceso objetivo, pensamiento subjetivo polivalente. Puso entonces en marcha un cambio radical en su vida que consideraba fundamental. Pasó de ser influenciado, a ser influyente sobre sus más queridos.
Estuvo, mucho tiempo para pensar en cómo cambiar, pero consiguió empezar su gran cambio, durante el cambio se dio cuenta que nunca se iba a sentir arrepentido, se empezó a sentir mejor con el mismo, Ya no se reconocía pero fue lo mejor que puedo hacer para seguir adelante
A pesar de los obstáculos, no había tiempo que perder, tenía que salir adelante y aquello tendría que servir, le gustará o no. Cruzando la calle de la marmota, llegó al lugar en el que había quedado con su contacto. Si la suerte le sonreía, el plan todavía podría salir adelante sin ningún problema. Pero la suerte nunca estaba de su parte. Apretando el paso, llegó al lugar acordado. Al entrar, no encontró a quién buscaba. Más bien, no encontró mas que una sala vacía, le habían tendido una trampa, y había caminado directo a ella.
Mateo se quedó en la entrada, no podía creer que hubiese caído en la trampa. Su móvil vibró, “ya es tarde”. Encima de la mesa había una cartera, la reconoció enseguida, era de su amigo, de Javier Díaz, no era una pista, alguien sabía que iría allí. ¿Pero quién? ¿Quién podía haber sido? ¿Acaso alguien me espía…?
Mateo miraba de un lado a otro, primero con los ojos, después con la cabeza y a los segundos con todo el cuerpo. Se sentía observado, nervioso y ¿Feo? Ahora que se daba cuenta, llevaba un pijama manchado de lejía y unos calcetines rotos. Sacudió la cabeza, no tenía sentido pensar eso si podían querer hacerle daño. “A lo mejor lo subí a alguna red social.” Pensó para convencerse de que no había nadie tan interesado en él. Y mientras le seguían observando, él borraba información propia de sus redes sociales con el dedo gordo del pie al aire.
Si bien la escena era un tanto ridícula, no iba a ser él quien a esos fisgones le contara todo su pasado. Emborronó todo lo que tenía que ver con su vida. Todo lo que le podría delatar, por peculiar que fuese. Reels de Instagram, trends de TikTok e incluso esos berridos que pegaba en Twitter cuando su equipo favorito de fútbol perdía. Miró a su alrededor. Tuvo que estirar su dedo gordo varias veces después de aquello. Los mirones seguían ahí, pero al menos ya no iban a saber de él.
Fue girando despacio. Arrastrarse, eso era, como si fuera una lombriz. Avanzaría sin que lo notarán y, cuando lo hicieran, él ya estaría lejos. El suelo era áspero, la tierra se clavaba con cada centímetro que conseguía progresar. Y si eso era todo. Ojalá que ella pudiera verle en ese instante. Se sentiría orgullosa. Quizá algún día en la cabaña del monte viejo volvería a dormir desnudo a su lado.
-Sin embargo sé que nunca será posible llegar a dormir al lado suyo, así que seguiré mi camino sin mirar atrás. - Cuanto más caminaba mas rápido me daba cuenta de lo difícil que era crecer en este mundo, sin embargo un día me cruce con alguien que me hizo pensar. - Esta persona llevaba muchos años a sus espaldas y me ayudo a seguir caminando, me enseño mucho de este mundo. Después de un tiempo con esta persona a la que llamaremos Guillem ,Mateo se dio cuenta de las malas intenciones que tenía. Me enfrente a la dura realidad de haber conocido a Guillem
Pero bueno no le quedó más remedio que afrontarlo. Y en ese mismo momento compró un Porche GT3 RS para retarle, Se llamo Mateo Crespo pero lo que si se le encrespo, la piel, al pegar el primer acelerón y notar como la sangre corría por su cuerpo y como el aire rozaba su cara. Estaba contento pero no sabía realmente el significado de todo.
Fin
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