El paquete más inesperado
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Se levantó con el sonido del timbre. Abrió la puerta y una montaña de paquetes le recibió, con unas patitas cortas diminutas asomando por debajo. —¿Mateo Crespo? —Sí, soy yo. —Una firmita. Garabateó su nombre en la hoja y el hombrecillo se fue corriendo antes de que pudiera verle siquiera la cara. Empezó a desenvolver el primero. Era un pompero con forma de paquete de tabaco. Si soplabas salían pompas por uno de los cigarro de plástico. —Dios, otra vez no. He vuelto a emborracharme y gastarme todo mi dinero en tonterías de Temu a altas horas de la madrugada. Abrió la app del banco. Volvía a estar en negativo. Siguió con su día como si nada hubiera pasado y como si a la mañana siguiente todo fuera a resolverse por arte de magia. Al fin y al cabo, ¿no era lo que hacía siempre?
Por desgracia, la magia no soluciona una cuenta en negativo. A la mañana siguiente, Mateo intentó mantener su rutina y se preparó un café, dispuesto a ignorar el mundo un día más. Sin embargo, escuchar voces en el pasillo rompió su tranquilidad. No era un asaltante; era su casero que se dirigía a enseñar el piso a unos desconocidos. Al bajar la vista, Mateo por fin prestó atención al sobre oficial que había estado pisando toda la mañana: "AVISO DE DESAHUCIO". Leyendo el motivo del desahucio, escuchó cómo el casero abría la puerta de la cocina.
Sin dudarlo un segundo, Mateo agarró el objeto más preciado que tenía en su posesión y comenzó a caminar lentamente hacia una de las habitaciones más oscuras de la casa. Con paso firme, y sabiendo que tenía un plan, se dispuso sin pensarlo a ejecutarlo. No fue algo premeditado, ni siquiera él había pasado por la razón la hazaña que estaba a punto de realizar. Mateo entró en la habitación y con ese objeto tan misterioso comenzó a llevar a cabo su plan.
Pronto se percató de que todo lo que tenía en mente se caía por su propio peso: un agente externo a su plan alteraba todo lo previamente pensado. A mateo le tocaba improvisar, no obstante la idea seguía latente y su herramienta seria útil para más adelante. Todo parecía en contra pero nuestro protagonista es consciente de que con perseverancia y una dosis de fortuna podrá, al menos, llegar lejos. Mientras tanto su cabeza rumiaba un factor aún no mencionado: su madre está en un estado grave. ¿Qué le deparará el futuro a Mateo? ¿Será capaz de alcanzar su objetivo?
Tantas dudas le atormentan a Mateo pero si algo tiene es resiliencia. Mateo se prepara, está nervioso, toma aire, se ajusta la camisa, ata los cordones y sale de la habitación. Mientras tanto, sus padres esperan su aparición. El ambiente en casa es tenso pero llegó el momento de hablar con Mateo. Se escuchan los pasos como baja las escaleras con firmeza pero sin saber que le espera una noticia que cambiar el día y puede quizá el objetivo. Mientras se pregunta ¿Y si no lo logro? Respira, abre la puerta de la cocina y escucha esas palabras que le dejan desconcertado pero se pregunta..
Cómo hemos llegado hasta ese punto? Se apoya en el marco de la puerta durante unos segundos. - No podemos ocultarlo durante más tiempo - dice ella. - Lo sé, pero tampoco podemos decirlo de cualquier manera - responde Mateo. - ¿Decirme qué? - resuena una voz desde el fondo del pasillo. Ambos se miraron. No pretendían decírselo, no tan pronto. Fuera, el viento golpea suavemente las persianas. Dentro de la cocina, parece que el reloj ha dejado de avanzar. Hasta el tiempo se hace relativo ante las malas noticias.
Las gotas de lluvia se deslizaban por la frente de Mateo hasta empañar las gafas de pasta que solía acuñar. Se sentía solo, desamparado e inmune ante la adversidad que le rodeaba. Todo a su alrededor parecía ir demasiado rápido para lo lento e inseguro que se sentía en esta ciudad que hoy sentía como extraña pese haber sido su hogar desde que tiene uso de razón. Es en este momento donde decide encender uno de sus habituales cigarrillos y recurrir a su fuente de sabiduría para reencontrarse Por eso decidió ir a ver a su hermana, en aquel día lluvioso y donde nada volvió a ser como solía.
Al ponerse los zapatos cayó en cuenta que sus calcetines no eran parejos, lo que le hizo pensar en cuanto de dormido seguía estando. Mientras limpiaba sus legañas y agitaba la cabeza, cogió su paraguas amarillo y salió corriendo por la puerta. Era un día tan gris, que en su cabeza hubo un claro. Dedujo una solución sobre lo que llevaba tanto tiempo rondando su cabeza.
No era elegante, pero podía funcionar. Mateo entró en el salón con la caja que llevaba meses cogiendo polvo en el cajón: DeCita, aquel juego de cartas para parejas que compraron cuando aún se reían juntos. Sara levantó la vista del sofá, con la maleta a medio hacer: —¿En serio? ¿Ahora? —Una partida. Si al terminar sigues queriendo irte, te hago yo mismo la maleta. Sara miró la caja, luego a él. Cogió la primera carta y la leyó en voz alta: —«Cuéntame algo que nunca le hayas contado a nadie». Mateo respiro hondo y dijo la frase que llevaba años callándose.
- Hay algo que nunca os he contado. El silencio retumbaba en las paredes de la habitación. Lo único que se escuchaba era la respiración de las personas presentes, estando la de Mateo notoriamente entrecortada. Después de tantos años se había atrevido a dar el paso. Estaba dispuesto a confesar todo. Ya no podía echarse atrás, solo le quedaba avanzar. - Sé que cuando lo cuente, muchas cosas dejarán de tener sentido, pero no puedo seguir callado - susurró Mateo. Mateo levantó la vista. Por primera vez en años, estaba dispuesto a confesar todo.
Cualquiera afrontaría este momento desde el temblor de la voz, la vista baja y el ir y venir de un lado a otro del lugar, pero él, en cambio, se mantenía firme, preparado para recibir cualquier estocada una vez compartiera su verdad. Si todo le había llevado a este momento, estaba dispuesto a vivirlo con entereza. Había tanto por contar… al menos, sabía por dónde empezar.
Aquel día, cambio la vida de mateo para siempre, salió a la calle como cada día saludando a su vecina. -Hola vecina, buenos días -Buenos días mateo que tenga un buen día. No sabía que aquel día le marcaría para siempre, siguió su paseo tranquilamente hasta que llegó al trabajo.Siempre llegaba a las 8 pero ese día el reloj marcaba más 8:05. Mateo miró el reloj y se sorprendió al ver la hora. -mateo preguntó si el reloj estaba roto. todo el mundo respondió que no Llego tarde al trabajo 5 minutos, cuando todos los días llegaba pronto…
El camino había sido el mismo, con las mismas curvas, los mismos pájaros y las mismas caras. Los mismos vecinos, las mismas miradas, la misma hora de salida, pero hoy el día era diferente. No sé por qué siento que hoy el tiempo no está en mi favor, y que le debo minutos al reloj. El día parece raro, pero son las horas lo que lo hacen así.
No entiende porque tiene que cargar con el peso de la situación, pero si deja que la vida se le pase, no la habrá consumido hasta el último aliento. Tenía que quedar con aquel tipo, ese con pinta rara que le producía un escalofrío en la parte trasera de la nuca. No entendida porque, pero rara vez el instinto falla. Se preparó, no sin antes bucear en los recuerdos de su mente y repasar el plan mil veces. A estas alturas no se puede fallar o el error sería muy caro. Tenía que ser una operación limpia, como si de un cirujano se tratase. Una vez concordado el sitio, solo quedaba esperar que el tío fuera un pringado.
No sabia muy bien que escenario plantear, al fin y al cabo no queria levantar ninguna sospecha acerca de lo que tramaba, incluso ni entendía porque lo hacía. Tanta rabia, tanto rencor, que tiene que sucederle a una persona para llegar a esos pensamientos, tanto odio tenia al mundo o simplemente era a si mismo. Tanta rabia,tanto rencor,que tiene que sucederle a una persona para llegar a esos pensamientos, tanto odio tenia al mundo o simplemente era a si mismo
Fue tras un día desastroso en el que sintió que no le encontraba sentido a su vida y a lo que estaba haciendo que decidió que era momento de cambiar de aires y empezar a hacer lo que de verdad siempre había querido hacer. Aunque por mucha convicción y motivación que tuviera, sabía que es muy difícil dar el paso, pero ¿por algo se empezaba, verdad? El camino de regreso a casa ese día fue diferente: sabía que estaba pasando por las mismas calles de siempre, pero el ambiente se sentía diferente. No sabía si era por el hecho de que ya estaba decidido a hacer el cambio o si era porque el mundo ya había hecho el cambio sin él.
De todas formas, Mateo decidió continuar su trayectoria, no estaba dispuesto a que algo así le dejase fuera de su idea principal. Al final, tanto si el estaba decidido a cambiar como si el mundo habia hecho el cambio por el, el cambio ya estaba hecho, no había marcha atrás, no habia posibilidad de arrepentimiento, y de haberla habido ya se le habia escapado de las manos. Nunca es tarde para arrepentirse dicen, pues esta vez parece que no se cumplió, aunque puede no haber sido así
Notó los pies fríos. Estaban tocando suelo. Sintió alivio. Pocos días atrás, las pesadillas por las noches empezaron, y desde entonces no han desaparecido. La de anoche fue muy realista, tanto que le asustaba que pudiera ser una señal. El único pensamiento que le venía a la mente era de aquello de lo que se arrepentía rotundamente. Ahora estaba de nuevo en el presente, en su habitación oscura. Su lugar seguro que no siempre se sintió tan seguro. Para despejar la cabeza salió a dar un paseo. La brisa matutina y el canto de los pájaros le aliviaban. Reparó en un matojo de flores silvestres.
Las olió. Parecían margaritas, su madre le había explicado cuando era joven que este tipo de planta se podía usar como ungüento para curar diversos tipos de heridas. Mateo prosiguió su camino, con un paso aireado, casi dando trotes. No sabía muy bien dónde se dirigía, pero sabía que cada paso que daba le acercaba hacia su objetivo. Disfrutaba ver la brisa golpeando las copas de los árboles, era un movimiento hipnótico, un patrón que resultaba relajante. Notó una vibración en su bolsillo. Llevo la mano hacia este y sacó el móvil. Había recibido un mensaje: “Mateo, necesito verte”.
Su corazón se aceleró, no sabía qué responder, ni mucho menos quién era el emisor del mensaje, ya que provenía de un contacto sin registrar. Sabiendo que podía ser una oportunidad que podría cambiarle la vida, reunió valor y contestó: "¿Con quién hablo?". El mensaje fue leído rápidamente y aquella misteriosa persona comenzó a redactar, mientras tanto, el corazón de Mateo palpitaba de manera incesante hasta que recibió el siguiente texto: "Soy Pedro, Pedrito... Ya sabes dónde vernos ;)". El corazón de Mateo palpitaba de manera incesante hasta que recibió el siguiente texto: "Soy Pedro, Pedrito... Ya sabes dónde vernos ;)".
Mateo pensaba que se le caía el mundo encima, aquel mensaje había hecho que su corazón pareciera que se salía del pecho. Aún así lo tenía muy claro, pasase lo que pasase, allí iba a estar. “Allí estaré, Pedro” pensó.
Su mente aún no sabía cómo iba a hacerlo posible lo que le había prometido a Pedro, pero aún así, Mateo tenía muy claro que no iba a fallarle a la palabra que le había dado. Después de esto pasaron días, noches y muchos pensamientos por la cabeza de mateo, se preguntaba constantemente cómo hacerlo posible. No paraba de maquinar ideas, pensamientos, maneras de conseguirlo, preguntaba a otros amigos por ayuda y posibles consejos. Hasta que un día pasó. Ese día Mateo se levantó como si por la noche Dios le hubiese iluminado, ese sueño le había despertado una idea. Sabía como ayudar a su amigo Pedro.
Ahora solo quedaba pasar a la acción, se levantó de la cama sometiendo los músculos abotargados por el esfuerzo del día anterior y se metió rápido en la ducha. Su pensamiento estaba centrado en la estrategia para ayudar a su amigo mientras caía el agua sobre su pelo. Cuando supo que su cuerpo ya estaba activado se secó con avidez y se fue a vestir. Vaqueros y unas, camiseta básica y unas Nike viejas y sucias. Cogió de su mesilla lo último importante: el reloj que siempre llevaba puesto Abrió la puerta y salió de casa con un único pensamiento: ayudar a Pedro.
El bueno de Pedro era un amigo de sus abuelos al cual habían conocido viendo partidos de sus nietos, es decir suyos y de su hermano. Sabía que Pedro había sido importante para ellos, especialmente cuando operaron a su abuela Belén de la espalda y Pedro hizo todo lo posible para que su abuelo pudiera estar con ella sin preocuparse de su casa. Así que se montó en su 718 y fue directo a ayudar al "trampas" (como cariñosamente apodaban a Pedro), no sin coger antes el par de cosillas que necesitaría. Aceleró a fondo y el rugido del motor rompió el silencio, esperando que lo que llevaba en el asiento fuera suficiente.
Definitivamente aquello con lo que contaba era suficiente. A veces dudar solo es un reflejo de que existimos. Es por ello que, esbozando una leve sonrisa supo que toda su historia estaba mereciendo la pena. Ahora sólo faltaba avanzar, como si nada más importara, como si tuviese ante sus ojos aquello que más deseaba.
Y si aquello que creía desear no era realmente lo correcto, poco importaba ya. Porque comprendió que no era el destino lo que daba sentido a sus pasos, sino el camino que lo había llevado hasta allí. Así que comprendió que lo único importante era el camino
Una vez entendido que lo importante era el camino, se centró en el fin, su objetivo. hacer que cada persona que sintiese valorada sin importar su experiencia, solo por su talento por que da igual el tiempo o los años que inviertes en algo, lo importante realmente es el fin.El transmitir el mensaje y hacer que resuene en la mente de quien lo lee y sobretodo quien lo siente , nada tiene un tiempo determinados , y sobretodo, nunca llegas tarde a nada, simplemente cada cuenta su historia como puede Cada uno cuenta su historia como puede. Nada se puede juzgar y todo tiene solución.
Así es como Mateo reflexiona ante la inexplicable maravilla de la historia y la humanidad durante toda su existencia. ¿Quién es nadie en esta tierra para juzgar al prójimo? Cada uno nace en sus condiciones y las lleva por la vida como buenamente puede, ya sea mejor o peor. Pero está claro que tanto Mateo como otros viven por primera vez y se equivocan por cuánto nuevas experiencias se aparecen delante suya. Hasta el misterio de la vida aunque a veces no lo parezca es resoluble Al final lo que nos llevamos es la compañía de aquellos que anhelan nuestra presencia y buscan como nosotros en ellos, amor genuino
en ese momento, mateo entendió todo, lo importante era el vivir con sus compañeros de vida, no intentar ser lo que le habian dicho q tenia q ser lo más importante en la vida es ser exitoso personalmente
Eso pensaba Mateo, pero recordó sus fracasos, y eso lo hizo reflexionar sobre si lo estaba haciendo bien. Él sabía que tenía un buen cuerpo. Él sabía que era inteligente, pero eso no le servía como argumento para saciar su culpa. Tener que cargar con ese peso lo hacía pensar y, por tanto, se culpaba aún más por ello. Pensar demasiado siempre nos va a hacer débiles. Pensar demasiado siempre nos va a hacer débiles.
Mateo guardó silencio. La lluvia golpeaba las ventanas mientras las palabras de su amigo seguían resonando en su cabeza. Durante meses había analizado cada decisión, cada error y cada posibilidad. Sin embargo, nada había cambiado. Mateo respiró hondo y marcó el número que llevaba semanas evitando. Por primera vez, no buscó la respuesta perfecta. Solo decidió avanzar. Afuera, la lluvia comenzaba a detenerse, y con ella parecía terminar también una etapa de su vida.
En ese momento se dio cuenta de que todo estaba a punto de cambiar y que no había manera de pararlo, el avance del tiempo es algo inevitable que por más que quieras que acabe no lo vas a conseguir. En el momento que paró la lluvia se quedó pensando en todo lo que había vivido hasta ahora y pensó si valía la pena, si la vida era justa o no, pero para eso no es respuesta y lo tenía más que claro. Intentó olvidarse de esa reflexión pero a su cabeza solo le llegaban flashbacks del pasado. De allí entendió que no podía cambiar el destino que tenía que que entrar a ese capítulo nuevo de su vida sin miedo y con la cabeza bien alta.
Aunque la incertidumbre seguía presente, decidió no dejar que el temor guiara sus pasos. Cada desafío que apareciera en el camino sería una oportunidad para aprender, crecer y descubrir de qué era realmente capaz. Respiro hondo y observo por última vez todo eso que dejaba atrás y sonrió
Sin embargo, esa sonrisa apenas le duró unos segundos. Justo después de dar los primeros pasos, tuvo el presentimiento de que algo no iba bien; seguidamente, empezó a vibrarle el bolsillo derecho del pantalón. Mateo sacó su móvil y, con un gesto de malestar, vio al instante que le estaba llamando un número oculto. De repente, le empezó a invadir por el cuerpo una sensación de angustia como nunca antes había vivido. Tragó saliva, deslizó su dedo tembloroso para aceptar la llamada y se llevó el teléfono a la oreja en absoluto silencio.
Al responder, una voz distorsionada y sin rodeos le dictó una coordenada exacta a las afueras de la ciudad y una cifra con demasiados ceros que resolvería todos sus problemas económicos. Tenía exactamente treinta minutos para presentarse en el lugar si quería reclamar el maletín. El corazón de Mateo latía a cien por hora; el día más gris de su vida se acababa de convertir en una carrera contrarreloj por su futuro. Agarro las llaves del coche, consciente de que aceptar ese dinero cambiaría las reglas del juego.
Y no solo cambiar las reglas del juego, cambiaria algo que sabia que no podría dar marcha atrás. Ese dinero era algo que pondría un punto en su vida, una marca del antes y del después Ahora solo tenia que apretar el acelerador del coche, no mirar el dinero que había en el asiento de atrás y centrase en lo siguiente.
Pero no podía sacarse los últimos momentos de la cabeza. ¿Todo eso había pasado de verdad?. Nada parecia real, pero cuánto antes lo asimilará mejor, sus pensamientos apretaban cada vez más el acelerador. Sus manos sudaban tanto que tenía la sensación de que el volante se derretiría en cualquier momento, y la forma en la que hiperventilaba habría empeñado el cristal de tenerlo más cerca. Tenía los ojos en el pasado, pero justo en el presente, delante suya la carretera llegaba a una curva cerrada. Debía frenar el coche y sacarse el dinero de la menta. Si no ese día no seria solo un día más
Mateo apretó el volante con los nudillos blancos y pisó el freno con fuerza, no le importó el bocinazo del taxi de atrás. Metió la mano en el bolsillo y palpó el sobre arrugado que llevaba desde la noche anterior. Lo sacó, lo miró un segundo de más: quinientos euros que no eran suyos, capaces de arreglarlo todo o arruinarlo. Bajó la ventanilla, respiró el aire frío. “Todavía puedo devolverlo”, pensó. Pero sus dedos ya se cerraban alrededor del sobre, como si tuvieran voluntad propia. Guardó el dinero en la guantera y, justo entonces, alguien golpeó la ventanilla.
En ese momento, el corazón se le paró por un momento. No esperaba a nadie. Levantó su cabeza lentamente y ahí estaba ella. La chica a la que tanto había anhelado. El amor de su vida. Mateo, empezó a recordar en su memoria tantos momentos vividos con aquella chica... y tras un momento de parálisis, bajó la ventanilla nervioso y titubeando: - Je... Jessica! No te esperaba aquí... - ¡Mateo! ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo te va la vida? - Jessica, me alegro mucho de verte. Todo bien, ¿y tú? Jessica, el amor de la vida de Mateo y a la que llevaba sin ver muchos años, procedería a contarle un suceso que cambiaría su vida completamente.
Jessica sonrió, nerviosa. —Mateo, en realidad no es nada grave, solo quería verte. Hace poco volví a la ciudad y, no sé, me dio curiosidad saber cómo te había ido. ¿Sigues sin saber cocinar nada que no sea pasta? —Oye, ya aprendí a hacer arroz —dijo él, fingiendo dignidad. —Quemado o normal? —...normal, la mayoría de las veces. Jessica se rió, y por un momento fue como si los años no hubieran pasado. —Te extrañé, sabes? Aunque sea raro decirlo así, de la nada. —Yo también —dijo Mateo a Jessica—. De hecho, llevo tu número guardado como "No contestar bajo ninguna circunstancia". Su teléfono vibró: un mensaje.
La pantalla del telefono se enciende reflejando al gato negro de ojos verdes muy verdes que tenia de fondo de pantalla, "limoncin", ese personaje que creó y ahora no puede alejar, y justo debajo, aquel mensaje. Mateo sabia que no contestar ese mensaje, era igual a perderlo todo. Pero que contestar era casi lo mismo. El dedo tembló sobre la pantalla justo antes de abrir el mensaje.
Pero se armó de valor. Era un mensaje que podía cambiarlo todo, si. Pero ahí recordó lo que dijo la ilustre publicitaria Casilda Hernández "la felicidad es valorar lo que tienes sin perder la ambición" Se armó de valor y lo abrió. Un mensaje que cambiaría su futuro profesional y personal.
Desdobló la carta con mucho cuidado y con el papel temblando en sus manos procedió a leer lo que ponía el mensaje. El remitente era desconocido pero a él le pareció muy familiar, sobretodo, porque sabía de él muchas cosas que pocos conocían. Cuando Mateo era un niño, descubrió un oscuro secreto familiar. Y ante sí, tenía la carta de alguien que desvelaba lo que realmente habia ocurrido. ¿Cómo es posible que alguien conociera este secreto? y ¿Por qué le llegaba justo ese mensaje en este momento?
el mensaje le llegaria en una carta y seria de un escritor muy sabio, el mensaje diria "viaje antes que destino " la frase retumbaria en la cabeza de Mateo y este reflexionaria en disfrutar mas el camino para no agobiarse con la meta, de pronto llegaria la inspiracion al cuerpo de mateo y este se convertiria en escritor. porque mateo decidio convertirse en escritor? porque le llego este mensaje tan simbolico?
Mateo se convirtió en escritor cuando entendió que había sentimientos imposibles de decir en voz alta. Escribir era su única forma de existir sin filtros. Pero todo cambió al recibir un mensaje de un número desconocido: “Las palabras que no dices siempre encuentran el camino de vuelta”. Se quedó inmóvil. No era solo la frase, sino quién se la había dicho años atrás: alguien a quien amó y creyó haber perdido para siempre. No era solo la frase, sino quién se la había dicho años atrás: alguien a quien amó y creyó haber perdido para siempre.
Lo que no sabía era que aquella frase sería el principio de algo nuevo, algo que nunca se pensaría que pasara. Le persiguió durante años, pero él nunca quiso aceptarlo. Apareció de nuevo en su vida, como aquel que nunca había desaparecido, y todos los recuerdos a la vez. Fue su primera vez de muchas cosas, empezó a vivir de nuevo y cuando se fue, todo cambió; fue el destino o quizá la suerte, nunca se sabrá, o quizá si. Quedan preguntas inconclusas; ¿Realmente conocemos a las personas con las que vivimos? Una pregunta que le perseguía día a día
Sinceramente, no creía ni conocerse a sí mismo del todo. Y a partir de ese pensamiento se vino un poco abajo, no es que fuera infeliz, ¿pero acaso si era feliz? Es una persona tan introvertida, tan cerrada, no sabe si realmente tiene amigos, no sabe si cae bien o solo fingen por educación, no sabe si lo que siente por esa chica (2111) es correspondido o solo es que ella es amable. Siente algo tan extraño por dentro que solo quiere llorar a veces, o al menos entender algo del mundo que le rodea. Pero, realmente, cual es su motivación para levantarse día a día de la cama y seguir adelante.
Esa pregunta golpeó con fuerza a Mateo, era algo que había estado evitando durante mucho tiempo. Aquella noche, bajo la lluvia y un silencio espeluznante, todo iba a cambiar. En un intento de encontrar la respuesta, Mateo sabía que siempre había algo que le empujaba a seguir o quizás tenía miedo a detenerse, algo más profundo le hacía mirar al frente. Y mientras esa duda crecía, sentía que alguien, en algún lugar, conocía la respuesta mejor que él. Y al llegar a casa fue cuando vio el sobre en el suelo, con su nombre escrito a mano.
La brisa de aquella noche de verano le inundó de alegría recorriendo su interior. Condujo sin prisa por la carretera de la costa, dejando que la música del coche se mezclara con el rumor del oleaje. Al detenerse frente al mar, apagó los faros y contempló la inmensidad plateada por la luna. Se dio cuenta de que no necesitaba un destino exacto ni grandes respuestas; A veces la verdadera paz consistía simplemente en eso: reconciliarse con el presente y permitirse, por fin, respirar el momento. Ya habrá tiempo para decidir definitivamente, pero eso no ocurrirá hoy.
Miró sus manos, cansadas de sostener planes que nunca fueron llevados acabo, y por fin soltó el aire. Salió a caminar sin rumbo, descubriendo que pasamos la vida esperando el gran momento, el gran éxito o el gran amor, olvidando que la felicidad es solo el derecho a estar en paz con nuestra fragilidad. Sonrió de lado; una sonrisa rota pero honesta. Hacía años que no habitaba su propio cuerpo. Ya no se sintió un proyecto inacabado. Se sintió vivo, y eso bastaba. Fue justo en ese instante de calma cuando el destino volvió a llamar a su puerta.
El timbre estridente rompió el silencio del apartamento. Mateo Crespo, con el café a medio terminar, suspiró pesadamente. Al abrir la puerta, se encontró con una mujer de traje impecable que sostenía una carpeta de cuero negro. —¿Señor Crespo? —preguntó ella con tono firme—. Necesito que hablemos sobre la herencia. Mateo frunció el ceño, totalmente desconcertado por la situación. —Debe ser un error, mi padre no dejó absolutamente nada. —Eso es lo que usted creía —respondió ella, dándole un sobre.
—¿Qué es esto? —preguntó Mateo. —La respuesta que llevas meses buscando. Mateo notó cómo se le aceleraba el pulso. El sobre estaba viejo, arrugado en las esquinas, como si hubiera pasado por muchas manos antes de llegar a las suyas. —¿Quién te lo dio? —Eso ya no importa. —Claro que importa. Ella lo miró unos segundos antes de apartar la vista. —Ábrelo, Mateo. Con dedos temblorosos, lo abrió. Dentro había una fotografía y una dirección escrita a mano. Al ver la imagen, se quedó inmóvil. La persona que aparecía en la foto no debería estar allí. Porque llevaba tres años muerta.
Mateo volvió a mirar la imagen para asegurarse de que no se equivocaba. Era ella. El mismo gesto, la misma cicatriz junto a la ceja y la misma chaqueta vaquera que recordaba de aquella época. Notó un nudo en el estómago. Dio unos pasos entre la multitud intentando acercarse, pero la persona desapareció tras toda una multitud de gente. Se dio cuenta que había muchas cosas que no sabía, que le habían ocultado. Sacó el móvil y, con dudas, marcó un número al que llevaba años sin llamar. – Soy Mateo. Ya se que han pasado tres años, pero se acabó. Necesito que me digas la verdad sobre lo que le ocurrió a Clara. Se que me mentisteis.
Mateo, Clara era una mente clarividente, demasiado para su edad y para la época que le tocó vivir. Y tenemos que tener claro que todos nuestros actos tienen una consecuencia. Pero no te preocupes, todas las piezas del puzzle terminarán encajando y sabremos qué pasó, ya sabes que últimamente no frecuentamos las mejores compañías y cuando no cumples con los acordado tiene sus consecuencias. Y dime Mateo, que crees que le pasó a Clara, su cuerpo fue encontrado en una posición extraña, de esas que van contra natura.
Mateo mirando el cuerpo de Clara pensó que había sido asesinada por un famoso fotógrafo debido a las señales que mostraba la posición del cuerpo m. El cuerpo tenía en una mano una pastilla de jabón y en la otra una nota escrita a mano. Mateo cogió la nota y vio lo siguiente
Si quieres descubrir la verdad, reúnete conmigo en el Muelle 21 a las 22 pm. Mateo se asustó. ¿Quién lo estaba vigilando y porqué a él? Cogió su teléfono y decidió llamar a María, pero el teléfono comunicaba. ¿Le había pasado algo? ¿Era ella el punto de conexión de toda esta historia? A la mañana siguiente, de camino al trabajo pensaba en lo que había sucedido en la noche. Estaba inquieto y asustado, hasta que de pronto no podía creer lo que estaba viendo. La casa de María estaba en llamas. No entendía nada. Marcó el 112 en el teléfono pero no había respuesta. ¿Y si María estaba en apuros?
Mateo guardó el móvil, dispuesto a entrar. El humo negro ya devoraba el porche de madera. —¡María! —gritó con la voz rota por la tos—. ¿Hay alguien ahí dentro? No hubo respuesta, solo el crujido sordo de las vigas cediendo. Desesperado, se quitó la chaqueta, se la envolvió en la boca y avanzó hacia la puerta. Si esperaba a los bomberos, sería demasiado tarde. Desesperado, se quitó la chaqueta, se la envolvió en la boca y avanzó hacia la puerta. Si esperaba a los bomberos, sería demasiado tarde.
Mateo avanzó entre el humo, tosiendo y casi sin aire. Para darse valor, recordó la última vez que vio jugar al Atlético: noventa minutos peleando cada balón sin rendirse. Con esa imagen en la cabeza, empujó la puerta de un golpe y entró. No había tiempo para el miedo. Al abrir la puerta, descubrió que el fuego era el menor de sus problemas.
El fuego había consumido parte del salón, y ella estaba ahí, corrió hacia ella y la cargó. Rápidamente abandonó la casa y consiguió llegar hasta la acera de enfrente. En ese momento, todo se vino abajo. La casa de su infancia ya no existía, se redujo a unos recuerdos, todo lo que había construido y lo que le había llegado a donde está, desapareció en un instante En ese momento, levantó la mirada y ahí estaba él
Camiseta blanca con el tabaco al hombro, vaqueros ajustados y botines de punta. Se preguntó cómo podía verse tan bien… Se acercó a él con ganas de entablar conversación y ver si aquello podía conducir a una de las noches más memorables de su vida pero justo cuando estaba apunto de empezar a hablar algo increíble sucedió.. no podía creer su mala suerte, quizás el destino le estaba hablando y solo tenía que hacerle caso. Pero como saber si es el destino o una simple casualidad
Quizás la respuesta no estaba en los signos, ni en las coincidencias, ni en las señales que uno se empeña en interpretar, sino en la forma en que algo dentro de ti se mueve cuando ocurre. Porque hay encuentros que no se explican, momentos que parecen escritos antes de suceder, y silencios que dicen más que cualquier palabra. Aun así, la duda seguía ahí, insistente, como una sombra que no se despega. Tal vez la única forma de saberlo era avanzar, permitir que el camino se revelase. Tal vez la única forma de saberlo era avanzar, permitir que el camino se revelase.
A veces el camino que creemos que es bueno nos lleva a chocarnos Elige siempre bien el camino correcto
Mateo Crespo se quedó inmóvil frente a la puerta del despacho. Su móvil vibró por tercera vez. Era su hermano. Le dijo, si cruzas esa puerta, ya no habrá vuelta atrás. Mateo observó el sobre que llevaba en la mano. Dentro estaba la prueba que podía cambiar su vida y arruinar la de alguien más. Respiró hondo. Durante años había esperado una oportunidad así, pero ahora comprendía que no todas las victorias merecen la pena. Guardó el sobre en su mochila y dio media vuelta. No sabía que alguien había estado observando toda la escena desde el coche aparcado enfrente.
—Cuando miras el océano, ¿qué ves? —susurra una voz. —El corazón de una mujer es un profundo océano de secretos —contesta Mateo. —Si optas por la tarea de mirar, te percatarás de su olor salado, su color azul y su forma irregular. Pero si te entregas a la tarea de observar, sentirás cómo una brisa te abraza; notarás que su color siempre complemente el cielo; y contemplarás no una, sino infinitas formas desordenadas en su propio orden. Y, aun así, siento que se me escapa algo —suspira la voz. —Sí, complementa el cielo sin importar la estacion del año —contesta Mateo—. Un misterio diáfano.
Sigue la dirección de su mirada y entrecierra los ojos. - ¿Y que tiene de misterioso? Mateo sonríe tímidamente mientras contesta. - Que siempre esta ahí, podemos verlo, pero nunca es igual. Los dos se quedan callados, reflexionando, mientras miran al cielo viendo como el viento mueve no solo las nubes si no su pelo, las flores, las hojas,... - Supongo que las personas también somos así, por eso me gusta tanto mirarlo.- Contesta mientras se quedan mirando el uno al otro
Mateo desvió la mirada solo un segundo, intentando ordenar lo que sentía, pero la presencia de ella seguía ahí, firme, cálida, casi demasiado cercana. Cuando volvió a alzar los ojos, encontró en los suyos una mezcla de curiosidad y algo que no se atrevía a nombrar, como si ambos estuvieran a punto de decir algo que podía cambiarlo todo. Y entonces, sin pensarlo demasiado, Mateo dio un paso más hacia ella.
Mateo al dar el paso sintió como su cuerpo ejercía una presión fuerte hacia el suelo no podía moverse como si el nerviosismo pudiera con el como si el dar el paso fuera un duelo que necesita batallar para lograrlo, ella mientras lo mira confusa pensando en que le puede estar ocurriendo Entonces ella se acerco y le dijo
“Siempre supe que ibas a elegirte a ti.” No era un reproche. Era peor, era una conclusión. Mateo reconoció en su voz el tono de alguien que ya había llorado todo lo que tenía que llorar. Ella recogió su abrigo como si recogiera los últimos pedazos de algo que ya no tenía arreglo. Y Mateo, por primera vez en su vida, no tuvo más excusas.
Así que fue a por todas, sin miedos, sin que volvieran los errores y fantasmas del pasado solo pensando en el objetivo. Se fue en busca de respuestas sobre si mismo. Y empezó por el único sitio que sabia que tenia alguna conexión: Finisterre. Emprendió el viaje a Finisterre sin saber que le depararía el futuro pero con la certeza que era mejor arriesgarse para encontrarlo
Si bien es cierto que el no estaba convencido del todo, el viaje comenzó como se planificaba. El viaje se preveía sencillo, sin embargo nunca podría saber qué dificultades le podrían esperar. Eso solo el tiempo se lo diría. Sin saber se emprendió hacia su futura aventura.
Mateo no había hecho las maletas. Nunca las hacía. El que planea demasiado no llega a ningún sitio, solo ensaya la huida. Cogió las llaves, el móvil con la pantalla rota y nada más. En el asiento del copiloto había una chaqueta que no era suya. La olió. Perfume caro, con algo ácido debajo. Como una mentira bien vestida. Arrancó sin mirar atrás. El teléfono vibró y el nombre en pantalla llevaba dos años siendo una herida abierta.
Tiró el móvil al wc y tiró de la cisterna. Sacó una botella de whisky que le habían regalado hacía tiempo y estaba reservando para una ocasión especial. Y esta lo era. Se sirvió una copa y se la bebió con la misma tranquilidad que da una conciencia en paz
Tras saborearla lentamente, fijó su mirada en la puerta frente a el. Ese largo y oscuro pasillo dejaba a la vista una larga sombra. Manteniendo la mirada fija en la puerta, dejó la copa sobre la mesa y esbozó una sonrisa.
—Pensé que jamás volverías —dijo Mateo. Después de seis largos años de espera, por fin apareció por casa. Una casa que se sentía completamente vacía por todo lo que habían sufrido en silencio. Quizás ella podría haber vuelto antes, pero no sabía cómo reaccionaría Mateo si aparecía por sorpresa. Mateo se acercó con los brazos abiertos y se tiró hacia ella. Ese abrazo fue inmenso y efímero; ambos sabían que lo necesitaban. —Pero antes de seguir con todo esto, deberíamos hablar —añadió.
—Pero antes de seguir con todo esto, deberíamos hablar —añadió. Mateo Crespo dejó de caminar. La ciudad seguía igual: carros, ruido, gente con prisa. Sin embargo, aquella frase parecía haber detenido algo dentro de él. —¿Hablar de qué? —De cuándo fue la última vez que tomaste una decisión por ti y no por miedo. Mateo no respondió. Comprendió que había pasado años intentando no equivocarse, sin notar que también se estaba perdiendo la oportunidad de vivir. Mateo abrió la boca para responder, pero algo en la mirada de ella le hizo entender que aquella conversación apenas estaba empezando.
Mateo cerró la boca y sonrió apenas. Había preparado respuestas, alguna excusa incluso, pero ninguna servía ante aquellos ojos que le miraban. —Entonces dime la verdad —susurró ella. Él bajó la mirada hacia la carta arrugada que aún guardaba en el bolsillo. —La escribí hace cinco años. Nunca tuve el valor de entregártela. Ella extendió la mano algo temblorosa. —Quizá todavía estés a tiempo. Y, por primera vez en mucho tiempo, Mateo creyó que el pasado no estaba cerrado. Sólo esperando ser leído. Y, por primera vez en mucho tiempo, Mateo creyó que el pasado no estaba cerrado. Sólo esperando ser leído.
Durante mucho tiempo no hizo más que repasar cada uno de los momentos, cada una de las palabras. Lo revivía en su cabeza una y otra vez. No era capaz de imaginar otra versión alternativa a todo lo sucedido. Y, sin embargo, solo podía pensar en cómo habría cambiado todo si una sola cosa hubiera sido distinta. - A lo mejor ese es el sentido de la vida…- murmuró para sí mismo- quizá sea humano no saber qué habría pasado, no debo darle más vueltas, al contrario, tengo que seguir adelante. Así que Mateo, aún con dudas, tomó la decisión de encaminarse en un nuevo capítulo de su vida sin dejar atrás todo lo que había aprendido.
Con una mochila llena de curiosidad, dio pasos hacia lo desconocido. En el camino encontró un mapa, que señalaba la ubicación de un lugar misterioso. ¿Qué sería? Sin pensarlo dos veces, Mateo decidió seguir las pistas...
No quería esperar más. Necesitaba moverse y empezar a buscar. Necesitaba resolverlo. Se ató un cordón que se había soltado de su zapato, y comenzó a andar. Tenía miedo de lo que podría descubrir, pero llegados a este punto, no hacerlo no era una opción. Aunque no supiera bien lo que estaba haciendo, ya estaba en movimiento. Ya estaba siguiendo las pistas. Dar la vuelta no era una opción.
Debía comenzar por el principio, pero le aterraba encontrar lo que buscaba, pese a ello cogió su mochila y comenzó a caminar hacia donde le llevaba la primera pista, no sabía bien lo que buscaba por lo que permanecía atento a todo lo que sucedía a su alrededor, cuando llegó al lugar a lo lejos vio una silueta, parecía de un hombre esbelto, con un sombrero que cubría sus canas, Mateo no pudo verle la cara lo que le creaba más curiosidad y comenzó a seguirle parecía de un hombre esbelto, con un sombrero que cubría sus canas, Mateo no pudo verle la cara lo que le creaba más curiosidad y comenzó a seguirle
Sin tener en cuenta la repercusión que podría causar en su vida, cambiándola por completo de un momento a otro. Cuando ya estaba cerca, sintió un leve escalofrío. Aquello, cambió su manera de actuar, dejando atrás a aquel hombre
Decidió simplemente hacerle caso a su corazón y guiarse por su instinto. Así Mateo siguió su camino sin detenerse, pero sin preocuparse demasiado por donde acabaría. Siendo consciente por primera vez en mucho tiempo de que a veces no tener un rumbo fijo que seguir estaba bien. Ese pequeño detalle le permitía por fin relajarse un poco y disfrutar de las aventuras que se iba encontrando por el camino, a valorar cada detalle. Así empezó a permiitirse disfrutar aún sabiendo que las cosas se acaban.
Tras ello, decidió irse al ordenador y es que siempre viene bien distraerse un poco. No tenía muy claro qué quería hacer ahí, pero vio un juego, ese que tanto había jugado de pequeño. ¡Jugaría un poco! Disfrutó, pero se cansó y se fue a la cama. Entonces escuchó un ruido que procedía de fuera.
Mateo dejó la taza de café sobre la mesa y asustado se dirigió hacia la puerta. Con miedo y pudor abrió la puerta y no pudo creer lo que vio. Apareció un chico que estaba completamente asustado, tembloroso por el miedo y con los ojos llorosos como si hubiese visto algo que jamás iba a olvidar. Mateo le preguntó que había ocurrido mientras le dejaba pasar a su caso, a lo que el niño le comentó que su madre necesitaba ayuda ya que no podía respirar, y este desconocía el motivo. Mateo decidió ayudarle socorriendo a la madre del niño.
En su cara se podia percibir el sentimiento de empatía mientras la ayudaba, al mismo tiempo que la madre, sin formular palabra alguna, le agradecía con lágrimas en los ojos. Fue uno de esos momentos que el pequeño recordará pasados los años. Pasadas las horas, Mateo no dejaba de pensar en esa familia y como su forma de actuar pudo evitar un trágico final
Se sentía tan mal, que para tratar de despejarse un rato llamó a un amigo suyo para hablar. Llamó a su amigo y quedaron para hablar.
Quedaron para hablar del partido entre el Córdoba CF y la UD Las Palmas, estuvieron discutiendo sobre quien era el mejor equipo pero los dos llegaron a la conclusión de que porque hablar y discutir de fútbol habiendo otros temas, el primer amigo le dijo que sí mañana quedaban para ir a un concierto de Quevedo y Elvis Crespo en Las Canteras y vieron en la cartelera que iban a cantar el álbum del Baifo y se pusieron contentos, se despidieron y se dijeron, ¡HASTA MAÑANA!!! ¡Hasta mañana!!!!!!!!!
Pero el mañana está lejos, tanto como el ayer, así que es ahora!!. Nada de lo que soy depende de lo que pienso, pensó. Aun así, hay silencios que ya no pueden seguir siéndolo. Girar la mirada hacia dentro no separa, revela que dos presencias son, en el fondo, una sola quietud. Ofrecer un compromiso es decir en voz alta lo que el silencio ya sabía. Si el reconocer es amar, ser, enraizar... iba siendo esto lo que llevaba tiempo esperando. Y comprendió: la pregunta era el sí mismo... Comenzó a correr y ya no pararía nunca, hasta que paró y levanto la cabeza ...
Y vio lo que nunca se imaginaría ver, una figura luminiscente, creyó que significaba algo divino o tal vez algo infernal, pero algo extraño estaba ocurriendo… nunca imaginó que se encontraría en tal punto, ¿será por la noche de ayer? quién sabe pero estaba completamente roto nunca imaginó que se encontraría en tal punto, ¿será por la noche de ayer? quién sabe pero estaba completamente roto
Mateo Crespo abrió el móvil. Tres mensajes de Yisas Villegas, todos de buenos días y emojis de corazón. El mismo que llevaba meses cediendo datos de sus seguidores a marcas sin pedirles permiso, saltándose la ley de protección de datos como quien ignora un semáforo en rojo. Falso. Calculado. Como todo en él. La gente así llenaba las redes exactamente como la plaza Callao un sábado: mucho ruido, mucho movimiento, nadie va a ningún sitio de verdad. Mateo cerró el móvil. Borró los mensajes. Lo peor no era la traición. Era que Mateo lo había sabido siempre y prefirió no verlo.
A pesar de ello, tomó la decisión de no hacerlo público y jugar sus cartas. Esto ni iba a quedar así y tenían en mente vengarse. Para ello bajó a su zona preferida del parque y pensó cuidadosamente las acciones que llevaría a cabo, tenía que ser meticuloso y muy discreto para hacerlo todo perfecto y que cayese en la trampa. Para acometer tal hazaña, le contó este descubrimiento a su mejor amigo, el cual no solo le apoyó si no que sería una parte fundamental de la trama. En esa llamada, que se mantuvo durante varias horas, se fraguó el plan para llevar a cabo la venganza ante semejante traición.
Mateo colgó el teléfono pasada la medianoche. La conversación había durado horas, pero ambos tenían claro lo ocurrido. La traición ya no era una sospecha, sino una certeza. —No puede salirle gratis —dijo una voz al otro lado. —No lo hará —respondió Mateo. Durante los días siguientes reunieron mensajes y documentos que demostraban el engaño. Cuando tuvieron todas las pruebas delante, supieron que había llegado el momento de pedir explicaciones.
Mateo Crespo las observó una por una, esperando encontrar una grieta, un error, algo que devolviera el mundo a su lugar. Pero las pruebas no hablaban; solo estaban allí, inmóviles, como espejos. —¿Y ahora qué hacemos? —preguntó alguien. Mateo tardó en responder. Comprendió que la verdad no servía para reparar nada, solo para derribar las últimas ilusiones. Miró por la ventana. La ciudad seguía su curso, indiferente. Como siempre. Como si nada hubiera cambiado, aunque para ellos ya nada fuera igual.
Se sentía vacío, como si ahí no encajara. Se levantó y se acercó a pasos lentos hacia su espejo, observando su propia belleza, ¿porque? se preguntaba el mirándose al espejo, ¿porque yo?
El espejo le devolvía una pregunta que no era suya, sino prestada de todas las miradas que había temido. Cuántos años cabían en un segundo frente al cristal, cuánta vida gastada en ensayar la cara que esperaban ver. Afuera el tiempo seguía corriendo, indiferente, llevándose los días como quien se lleva monedas sin contarlas. Y comprendió que el reflejo no le pertenecía a él, sino al miedo de no gustar, y que ese miedo le había robado más horas que cualquier reloj. Tarde supo que la vida no se mira en el espejo, se vive de espaldas a el.
Así que se puso en pie y decidió vivir su vida, sin pensar en qué dirán, sin pensar en las consecuencias, solo en hacer lo que él quisiera. Por un momento, Mateo se olvidó del mundo y se centró en sí mismo. Pensó en aquel consejo que le solía decir su madre de niño: “hijo, debes hacer lo que sientas que es mejor para ti, y pasar de la opinión de los demás”. Recordó aquel niño aventurero y soñador que era y que un día, sin más, desapareció. Sintió algo de nostalgia, pero mezclada con algo amargo. Se sintió algo mal por los antiguos recuerdos, pero le sirvieron para coger valor y salir a lograr su mayor objetivo
Con todo ello, y por mucho dolor que pudiera causarle, recordó que el día de hoy era el lunes más lunes de toda la vida, pero no su lunes más lunes, el lunes más lunes de cientos de personas, y no podía permitirse flaquear. Mateo Crespo se levantó de la cama y con paso decidido se aproximó a la puerta, había que acabar con esto, tenía que terminar con el dolor y lo haría por mucho que le costase. Caminó por la habitación hasta llegar a la entrada de esta, Miró una última vez hacia atrás, y cruzó la puerta.
Allí estaba la oscuridad, pero también esa nueva historia que buscaba Mateo, como cuando abres un libro nuevo y no sabes lo que te espera, te emocionas y quieres seguir leyendo. - ¿Hay alguien allí?- gritó, pero no obtuvo respuesta. Entonces la vió, no estaba seguro de que fuera ella, pero sin lugar a dudas había alguien allí. Emocionado se acercó.
Al principio caminó rápido, pero redujo el paso cuando estuvo más cerca. La reconoció antes de verle la cara: la forma de quedarse quieta, el pelo moviéndose apenas con el viento. Ella también lo había visto. Durante unos segundos ninguno dijo nada. Mateo había imaginado demasiadas veces ese momento como para saber qué hacer cuando por fin ocurría. Ella respiró hondo, sonrió apenas y dijo: “Pensaba que esta vez tampoco ibas a venir”
Mateo Crespo no respondió de inmediato, contuvo la respiración y afirmó que había atasco y por ello su retraso a la cita. Clavó la mirada en aquella joven y le expresó que aunque le amaba de corazón, él no podía continuar a su lado, no podía seguir sacrificando su futuro y su vitalidad por continuar en la relación que no le permitía desarrollarse profesionalmente. Tras ello, se despidió y le dijo, “espero que cumplas con todo lo propuesto”
Fin
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