El lunes más lunes de toda mi nueva vida
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Tras ese punto y final, supo que su vida iba a cambiar para siempre. Una decisión que le quitó el sueño más noches de las que estuviese dispuesto a admitir en público. Un giro de guión al enfoque de su nueva vida, que ni el conejo de Donnie Darko hubiese sido capaz de vaticinar. Tremendo bichejo el conejo ese, por cierto. Y ahí se encontraba, un Lunes normal para algunos, y para otros, el Lunes más Lunes que se recuerde. Mirándose al espejo de aquel baño antiguo, iluminado con el menor sentido estético y feng shui que puedas imaginar. Cogió aire y dijo en alto, pero para sí mismo: —Yo soy Mateo Crespo y, desde hoy, mi vida será escrita por gente ajena a mí. Ellos decidirán mi historia, mi personalidad, mi pasado, mi futuro y mis traumas. Al soltar lo que llevaba meses madurando dentro de él, con una convicción que pareció otorgar realidad a las palabras acerca de su nuevo destino, salió del baño con decisión y se dispuso a empezar el Lunes más Lunes de toda su vida. Su nueva vida.
Cruzo la puerta de la oficina como quien entra por última vez a un sitio que ya no le pertenece. Meses de dudas, de noches largas — y ahora, solo tenía claro. Se sentó, miró la pantalla apagada y pensó en el único sueño que siempre había tenido. Esa mañana tomó la decisión más importante de su vida: Luchar por sus sueños.
De enfrentarse a sus mayores miedos, pero él sabía que nadie iba a hacerlo posible, que habría días malos, días difíciles, pero habría que sacar las fuerzas hasta debajo de las piedras para salir adelante, solo o acompañado, pero no dejaría de intentarlo hasta poder acercarse a su objetivo, el suyo propio, su propósito en la vida, lo que le mueve, lo que hace que cada mañana se levante con un objetivo claro. Nadie más iba a luchar por él, era el momento para hacer que su vida cambiase por completo.
Mateo cerró la puerta de su piso y guardó el sobre anónimo en el bolsillo. —¿Y si es una broma? —murmuró. En la nota solo había una dirección y una hora: 23:17. Llegó al local abandonado. Dentro, un móvil encendido reproducía un vídeo suyo de esa misma tarde. —Esto ya no es normal… El teléfono sonó. —Mateo, llegas justo a tiempo. —¿Quién eres? —Alguien que lleva más tiempo contigo del que crees. El móvil vibró: una foto tomada a su espalda. Y entonces entendió lo peor: no había estado solo en ningún momento.
Mateo Crespo la abrió con el pulso acelerado. Era él caminando por la calle… pero detrás, pegada a su silueta, había otra sombra. Más fina. Más retrasada. Como si no imitara del todo sus movimientos. Otra vibración: “NO ES SOMBRA. ES LO QUE TE QUEDA CUANDO TE SALTAS UNA DECISIÓN.” Mateo se giró. No vio nada. Pero al mirar su reflejo en el cristal de un coche, su sombra estaba dos segundos desincronizada. Y por primera vez, no imitó lo que él hacía… decidió algo distinto. Y la sombra levantó la mano antes que él, como si ya supiera lo que iba a hacer.
Mateo Crespo miró la mano de su sombra y sonrió casi con rabia. —Hasta ella se mueve antes que yo —murmuró… En el móvil seguía abierta la nota de siempre: ideas, proyectos, nombres posibles, todo esperando un día perfecto que nunca llegaba. Mateo borró de si mente la primera excusa, después la segunda, y escribió una frase simple pero que cambió todo, “Hoy empiezo todo” Esa noche empezó todos sus proyectos antes de esperar a ese momento que nunca llegaba de sentirse preparado. Esa noche empezó todos sus proyectos antes de esperar a ese momento que nunca llegaba de sentirse preparado.
No fue nada fácil para mateo, la gente, los nervios,la presión se le comian vivo. Miro hacia atrás y penso, he pasado momentos peores y pude con ellos. Pasaban los dias y no llegaban las respuestas. Hasta que ese gran momento se hizo realidad, la respuesta a esos miedos apareció como no se esperaba
Mateo pausó el podcast que estaba escuchando para aprender francés y guardó su teléfono. No podía creer que por fin le hubieran contestado. ¿Qué se supone que debía hacer? Todo parecía haber encajado los días previos en su cabeza, pero ahora que tenía que hacer frente a esta situación, no era capaz. Elegir entre hacer el bien y ayudar a la humanidad o ignorar ese mensaje y seguir ocultando su secreto, al menos por un tiempo más.
Abrió los ojos y supo, con la misma certeza absurda con la que una remolacha sabe que va a ser arrancada, que ya había decidido. Nada de seguir dándole vueltas como un idiota. No le quedaba ningún tipo de duda: como las piezas de un Lego, todo encajaba. Iba a soltar el secreto al mundo como quien abre la ventanilla de un coche a trescientos por hora. Le daba mucho vértigo, pero en el fondo sabía que era lo único que tenía que hacer. Y justo cuando abrió la boca, todo se quedó congelado como si el universo esperase sus palabras.
Quien iba a hablar era Tomás, su colega de toda la vida y la mente más pragmática que Mateo conocía. Con esa calma tan suya, finalmente rompió el silencio. -Los números no mienten- soltó, directo al grano-. La idea tiene potencial, pero sin una base realista te vas estrellar. Tomás se inclinó sobre la mesa y lo miró fijamente, esperando una respuesta que Mateo no estaba seguro de querer dar.
Mateo: Si! Podemos hacer esto y más , pero necesito ayuda vuestra, todos a una como fuentevejuna . Mateo se levantó lo soltó y la gente se quedó fascinada con la frase y empezaron a gritar. “Mateeeeooooo Mateeeeeeoooo” La gente ánimo a Mateo para que siguiera su sueño de poder hacer el trabajo con sus compañeros y Tomás
Pero Tomás, ahora convertido en su archienemigo, no se lo pondría nada fácil. No estaba dispuesto a dejar que Mateo se volviera el popular del grupo. Un martes de una semana especialmente, durante el descanso, Tomás les dijo a todos los compañeros que Mateo se había escondido en el baño porque tenía diarrea. Al salir del baño, Mateo vio como todo el mundo le miraba de soslayo y murmuraba. Sus miedos más internos volvieron a aparecer. A nadie le caía bien. Los ataques de pánico volvieron. Mateo corrió de nuevo al baño, esta vez para esconderse. No podía parar de temblar.
Allí todo parecía tranquilo, por un momento incluso pensó que todo estaba solucionado; tanto es así que incluso se atrevió a asomar la cabeza por la puerta del baño, pero ahí seguía mirándolo con los mismos ojos que mira un león a su presa. Mateo sabía que no tenía por dónde salir, estaba completamente encerrado en un baño enano; cuando todo parecía perdido lo escuchó, volvió a escuchar la voz de su hermano, salía del exterior, de la pequeña ventana que había encima de la ducha De un salto subió al retrete y consiguió salir por la ventana tomando la mano de su hermano, pero sin tiempo para reencuentros ambos echaron a correr
Tras una larga carrera y apenas sin aliento se fundieron en un largo y cálido abrazo. Nunca se había imaginado que un brazo de su hermano le daría tanta paz. No llegaba a entender como se había metido en ese embrollo pero lo que sí tenía claro es que bajo ningún concepto volvería a separarse de ese chico pecoso, de pelo rizado y nariz aguileña. Porque juntos saldrían de todo lo malo y volarían a la gran ciudad, esa de la que tanto habían hablado cuando eran pequeños y fantaseaban con viajar. Porque juntos saldrían de todo lo malo y volarían a la gran ciudad, esa de la que tanto habían hablado cuando eran pequeños y fantaseaban con viajar.
Mateo se ajustó la mochila sobre su hombro, tratando de disimular la ansiedad con una sonrisa que le quedó más torcida que un vagabundo en cierta ciudad de Estados Unidos. -¿Y si nos perdemos?- preguntó su compañera mientras observaba el mapa -Perderse es parte del plan mi loca- dijo Mateo con aire de filosofo de serie de Netflix- Ademas tengo un as bajo la manga. El as resultó ser Nil Ojeda, que apareció de la nada con su típica gorra ladeada y el movil en modo selfie. -¡Chicos bienvenidos al caos! - gritó Nil, casi saltándolos en backflip de la alegría, lo típico que haría Nil Ojeda.
Detrás de él, había una sala roja enorme con las puertas abiertas de par en par. Nadie sabía qué había dentro. Solo que Nil llevaba semanas diciendo que estaba preparando el proyecto más absurdo de su vida. —¿Se puede saber qué hacemos aquí? —preguntó Misho desconfiado. —¿Se puede saber qué hacemos aquí? —preguntó Misho desconfiado.
Mateo no tenia muy claro que responderle ¿Era hora de contarle toda la verdad? ¿Cómo justificar todas las mentiras que había contado durante estos días? Todo tenia que ir según lo previsto…el plan siempre había sido el objetivo número 1 -Misho, tienes que seguirme- Le dijo Mateo sin titubeos-Entiendo que esto suene extraño para ti, pero si no conseguimos llegar al fondo de lo que ocurrió en esta casa, todos los esfuerzos que hemos hecho habrán sido en vano Pero si no conseguimos llegar al fondo de lo que ocurrió en esta casa, todos los esfuerzos que hemos hecho habrán sido en vano
Necesitaba un nuevo punto de vista, alejarse para poder verlo más claro, asi que Mateo tomó una decisión drástica: al día siguiente iba a coger un avión. Cuando se despertó a la mañana siguiente esa idea seguía en su cabeza, así que cogió lo básico y se dispuso a ir al aeropuerto. Durante el trayecto se preguntaba a donde debía ir, pero eso no importaba, era mejor que fuese sorpresa. Una vez en el aeropuerto se fue a al mostrador y pregunto: ¿Cual es el primer vuelo que sale? Quiero un billete, por favor .
—Solo queda uno —respondió la empleada mientras tecleaba sin levantar la vista—. Sale en treinta minutos. Mateo miró de reojo la pantalla del móvil. Tenía siete llamadas perdidas y un mensaje que no se atrevía a abrir. —Me da igual el destino —dijo, deslizando la tarjeta sobre el mostrador—. Solo necesito irme antes de que llegue.Y Entonces una voz, justo detrás de él, pronunció su nombre. Apretó la mandíbula nervioso. Tenía que enfrentarla. Tenía que saberlo.
Tenía que saberlo. Se giró y la encontró a pocos metros de él. —¿Por qué me bloqueaste? Ella soltó una risa breve, nerviosa. —¿De verdad has esperado un año para preguntarme eso? —No. He esperado un año para dejar de preguntármelo. Por primera vez, ella no tuvo una respuesta inmediata. Y eso le hizo pensar que quizá la historia había sido más complicada de lo que siempre creyó. Por primera vez, ella no tuvo una respuesta inmediata. Y eso le hizo pensar que quizá la historia había sido más complicada de lo que siempre creyó.
Cuando la miró a los ojos no vio un solo ápice de culpa, ni intención alguna de redimirse. Era consciente de lo sucedido y, probablemente, actuaría de forma distinta si volviera a ocurrir, pero no parecía lamentarlo. No estaba seguro de querer escuchar la versión que tuviera que contarle, ni siquiera de si sería capaz de creerla del todo. Pero su corazón lo convenció. “Después de todo lo que habéis vivido” La invitó a pasar y a sentarse. Dispuesto a escuchar todo lo que pasó,cuando aún estaban juntos.
Ella aceptó, aunque no parecía del todo convencida. Se sentó en frente suya y parecía evitarle la mirada, víctima de su timidez. - Tranquila, solo te estoy escuchando yo. - Lo sé, es que fueron momentos muy difíciles para mí. - El amor no siempre es justo, a veces das mucho por alguien del que no recibes nada, es ley de vida. - No es el amor... Los dos nos queríamos mucho cuando estábamos juntos. - ¿Entonces? Fue entonces cuando me miró a los ojos y pude ver cómo le saltaba una lágrima. - No es el amor,nos queríamos mucho cuando estábamos juntos. -Entonces? Fue entonces cuando me miró a los ojos y pude ver cómo le saltaba una lágrima.
Me he dado cuenta que el problema es que no me quiero a mi. Tengo que aprender a valorarme, a saber lo que verdaderamente quiero y ha decir no. Al escuchar eso, frunció el ceño y la mandíbula se le tensó. Intentó parecer comprensivo pero su rostro habló por él
Esa expresión seria pero a la vez alegre demostraba que aún así lo tenía alguien de confianza. Por mucho que dudes, hay esperanza
Pensó que parecía hasta un mensaje divino, ¿a quien no le viene de perlas un buen mensaje motivador? A Mateo le vino genial, eso desde luego, el pensaba que esas frases solo podían venir de un cuerpo con experiencia y con una buena vida. No quería creer en esas cosas al cien por cien pero se veía tan identificado que debía hacer caso a aquella voz. De repente a Mateo le sonó el telefono, el descolgó y…
Sonó un: “¿Hola?” Mateo descompuesto, sin decir una palabra, con una gota de sudor frío que le bajaba por la frente. Contestó: “¿Quien es?” No obtuvo respuesta, de repente el teléfono se colgó y quedó sonando el clásico “piiip”. Decidió salir a fumar, a pensar que había pasado. ¿Quien era? ¿Por qué le llamaba a esas horas? ¿Que quería? ¿Y por qué le resultaba tan familiar esa voz? Después de esa llamada Decidió salir a fumar, Quien era? Por qué le llamaba a esas horas? Que quería? Y por qué le resultaba tan familiar esa voz?
Aún recibiendo el aire fresco de la Sierra de Madrid, no pudo sacarse la idea de la cabeza. Esto no le podía estar pasando a él, después de todo lo que había hecho por su hermana en el pasado, él se merecía otra cosa. Tras acabarse el pillo, decidió acostarse, ya mañana sería un nuevo día. A la mañana siguiente, intentó seguir con su rutina normal. Se preparó su café (esta vez bien cargado), se lavó la cara, se puso sus pantalones pillo de confianza y salió a la calle. ¿A dónde debo dirigirme primero? ¿Es mejor que lo enfrente en persona o debo adelantarle lo que está pasando por teléfono?
Me quedé paralizado, no sabía qué debía hacer. Finalmente, me decidí por contárselo en persona. De camino a su casa ya me estaba arrepintiendo de mi decisión, estaba muy nervioso, no sabía cómo podría reaccionar. Al llegar a su casa no tuve que tocar la puerta, estaba ahí, de pie, mirándome fijamente como si estuviera cansado de esperarme. No me salían las palabras pero tuve que decirle lo que estaba pasando. Realmente se sentía como un alivio, por fin podía decirle eso que me estaba consumiendo por dentro.
Tras soltarle todo, se quedó aliviado. Tanto como cuando te acaricia la mejilla una ligera brisa. Estuvieron minutos hablando, hasta el punto q les anocheció. Es por ello, q se despidieron y se fueron cada uno a su casa. Pero durante el camino no podía dejar de pensar si realmente había hecho lo correcto. ¿Acaso no debería de haberse lo contado? Sin darse cuenta llegó a su habitación. Una habitación llena de penumbra y pensamientos que no le dejan dormir. Pero, finalmente, consiguió dormir.
Porque sabía, muy en el fondo, que había encontrado una razón para seguir. La tranquilidad de poder irse, conciliar la idea de que esté, pudiera irse, y sin embargo, tener la certeza de que valió la pena. La vida a veces es eso, saber que lo que estás haciendo te genera esa tranquilidad, esa seguridad de saber que estás haciendo y porque lo estás haciendo. ¿Porque de que sirve la vida si no es para vivirla con libre albedrío?
Mateo asintió lentamente, dejando que la pregunta flotara en el denso aire del bar. Afuera, la ciudad seguía su ritmo frenético, ajena a la rebelión que acababa de nacer en su interior. —Se acabó —dijo, con una firmeza que sorprendió a su acompañante. Llevaba años atado a las expectativas de los demás, interpretando un guion perfecto pero ajeno. Era el momento exacto de romperlo y tomar sus propias decisiones. Sin dudarlo un segundo más, marcó el número que tanto temía.
—¿Sí? Mateo no respondió al instante. Escuchó la respiración al otro lado, contenida, como si también dudara. Se apoyó en la encimera, mirando el reflejo apagado del móvil. Había imaginado ese momento demasiadas veces, pero ahora todo parecía más simple, casi incómodo. —Soy yo —dijo al fin—. No sé si llego tarde. Hubo un silencio breve. Luego, una risa suave, difícil de interpretar. —Depende de para qué. Mateo cerró los ojos. Por primera vez en mucho tiempo, no tenía claro qué quería arreglar. Entonces escuchó algo que no esperaba.
Se levantó rápidamente y persiguió ese ruido. El sonido parecía venir de fuera, por lo que, tras meditar si era seguro salir o no, se armó de valor y se dispuso a cruzar la puerta. Lo que se encontró ahí fuera le dejó helado, perplejo ante la situación: esto lo cambiaba todo. Pese a pensar que nada podía cambiar su situación hasta el momento, la persona que se encuentra rompe todo lo que hasta ahora tenía establecido
-No lo entiendes- dijo el desconocido. Mateo dio un paso atrás . El hombre sonrió y le dijo que era el dentro de treinta años. Antes de que responda le mostró una foto
No podía creer que aún conservara aquella foto consigo, sus ojos brillaron al punto de casi caer una lágrima pero se contuvo para poder así responder a su pregunta -Si, todavía y mucho. No pudo controlarlo y salió la lágrima. Este encuentro estaba siendo lo bastante montaña rusa para Mateo, tenía muchas ganas de
marcharse, pero decidió quedarse. Frente a él Laura evitaba mirarlo. -lo siento me equivoqué. Mateo guardó silencio un instante. -me quedé hecho polvo. -lo sé. La tensión se respiraba entre los dos. -lo siento me equivoqué. Mateo guardó silencio un instante. -me quedé hecho polvo. -lo sé. La tensión se respiraba entre los dos.
Mateo no sabia muy bien que hacer o decir en aquel momento pero simplemente se dispuso a recordar el porque de que ella fuera tan importante para él. -Sabes cuando te conocí me enamore de ti y cada día un poco más que el anterior, de verdad que yo no se como he podido equivocarme de tal manera. Mateo la miraba a ella como aquel que recibe un rayo de sol tras un largo invierno. -Sé que tal vez no lo he hecho de la mejor manera pero créeme que quiero construir un futuro contigo. Tras esas palabras Mateo la miraba expectante, como si esperara una respuesta ante tal declaración de amor. Ambos, mirándose tuvieron esa conexión.
Entonces, Mateo al notar esa conexión tan poderosa del amor, en un efímero instante decidió marcharse. Mateo sabía que embaucarse en un viaje de amor podía ser catastrófico por las cosas que por su cabeza pasaban, algunas buenas, y otras quizás muy oscuras. Así que, Mateo, se fue caminando, sin mirar atrás y sabiendo lo que no quería en su vida. Hasta que llegó a un río, el Río Segura, en Murcia. Aunque, aún, Mateo, no conocía lo que el destino le tenía guardado en aquel lugar.
Mateo: "¿Qué me deparará continuar por aquí?" Se adentró en aquel lugar con ganas de aprender, descubrir y vivir nuevas experiencias. El miedo le persigue al no saber que hacer, al no saber decidirse por algo, pero... A Mateo le depara todavía "La Vida." al continuar por ese pasaje.
Es curioso como, a veces, creemos tener el control de todo y en cambio otras tantas dejamos que otros nos guíen… ¿pero no es eso mismo tener el control? Tener el poder de decidir no decidir. Mateo había pasado ya demasiado, en diversas ocasiones se vio superado. Quizás no le quedaba mucho tiempo pero quería aprovecharlo. Ahora mismo Mateo Crespo quería y necesitaba una aventura, un paseo por algún lugar mágico y, ¿porqué no? ENAMORARSE. Enamorarse de la vida para así vivir al máximo. Es verdad, Mateo tenía un sueño y lo que empezó un buen Lunes debía seguirlo durante todo el tiempo que le quede y pueda.
Es por esto que Mateo no tiró la toalla, aunque numerosas veces lo había pensado. Pero esta vez sería distinto a aquella vez, conseguiría llegar hasta el final, aunque el precio por conseguirlo fuera perderla por el camino. Tuvo claro cuál era su futuro y cuáles eran sus prioridades. Mateo se levantó a la mañana siguiente dispuesto a recoger sus cosas para abandonar esa casa para siempre, hasta que una llamada cambió todo el curso de los acontecimientos. No estaba preparado para recibirla aun. , hasta que una llamada cambió todo el curso de los acontecimientos. No estaba preparado para recibirla aun.
Esa llamada fue la que lo cambió todo para Mateo semanas después Mateo seguía dándole vueltas a aquellas palabras como si las escuchara de nuevo cada los días eran normales hasta que un día recibió una llamada que no se esperaba el mismo número de aquella vez Mateo no sabía si cogerlo o colgar pero se armo de valor y decidió cogerlo al otro lado de la línea le esperaba algo que el no esperaba una noticia impactante capaz de alterar toda su vida pero decidió seguir escuchando Por primera vez Mateo no supo qué hacer ya que esa llamada le había revelado muchas cosas que el no se imaginaba
Se quedó pensando por un momento y pensó que debía ser valiente… al fin y al cabo, así era como había sido educado. Aunque con miedo, empezó a recapacitar sobre lo ocurrido y después de darle vueltas , decidió hablarlo con su mejor amigo. Le llamó, tenemos que hablar le dijo,- Mateo , estás bien ?respondió. No te preocupes, solo necesito hablar contigo. No te preocupes, solo necesito hablar contigo.
Entonces Mateo dudó. Notaba el bombeo del corazón cada vez más acelerado, un calor empezó a subirle por el esternón hacia las mejillas y gotas de sudor frío le caían por la frente. De los nervios Mateo se puso a reír. No podía parar. -¡Claro, hablemos!- dijo, pero ni él mismo sabía si podría parar de reír y tomarse el asunto en serio. Lo intentó de veras, pero cada vez que se serenaba volvía a reír. No sabía cómo explicarle que no era gracia lo que le hacía, solo quería seguir siendo amable. -Hablemos hasta el amanecer si es necesario- dijo Mateo
Mateo se dejó caer en el sofá de cuero gastado y, con un gesto deliberado, apagó la pantalla de su teléfono móvil para dejarlo bocabajo sobre la mesa de cristal. Afuera, el murmullo incesante del tráfico y las luces parpadeantes de la ciudad recordaban que el mundo seguía su curso habitual, ajeno a la tormenta silenciosa que llevaba meses gestándose en aquel pequeño apartamento. -No sé si tenemos tantas cosas que decirnos, Mateo- respondió ella, con la voz apenas un tono por encima del susurro.
Pero el pensaba que si, que aun les quedaban muchas cosas por decir, muchas otras por vivir y otras tantas que repetir porque decirle , le habia dicho muchas cosas pero no de ese modo en que sonaban en su cabeza. Tenia que saber explicarse y temia no tener tiempo. Y se quedó pensativo y solo quiso abrazarse a ella tan fuerte que pudiera sentir todo lo que pasaba por su cabeza. La miro a los ojos , tratando de ocultar el miedo que sentia y la abrazó. En su cabeza mil pensamientos y aquella canción :
La miro a los ojos, tratando de ocultar el miedo que sentía y la abrazó. En su cabeza mil pensamientos y aquella canción: “The Night We Met” sonando de fondo, como si hubiera sido escrita para ese preciso instante. Cada acorde parecía recordarle todo lo que había perdido y todo lo que aún no estaba preparado para dejar ir. Aun así, la estrechó un poco más entre sus brazos, aferrándose a la esperanza de que algunas historias merecen una última oportunidad. Y justo cuando estaba a punto de decirle la verdad, ella se adelantó.
Con el corazón en puño, la respiración entrecortada y la mirada clavada en esa esplendorosa sonrisa, supe que todo estaba a punto de explotar, ante dicha situación, sabíamos que algo estaba a punto de cambiar para siempre No sabíamos si era la última vez que nos íbamos a ver, pues ante esta situación todo parecía posible de suceder, todo había cambiado…
Mateo, sorprendido ante esta situación decide tomarse un tiempo sólo, alejado de todo el mundo. Refugiado en una casa alquilada donde el pueblo más cercano se encuentra a 200 km Él, y su ordenador portátil con acceso a un internet pésimo
Aquella combinación era lo único que mantenía a flote la tarde. Mateo contemplaba la rueda de carga girar en la pantalla con fijeza hipnótica, sintiendo cómo el silencio del salón se volvía denso. La barra de progreso se había congelado, desafiando su paciencia. Era una ironía flagrante: la humanidad enviaba sondas al espacio capaces de transmitir datos a millones de kilómetros a través del vacío, pero él estaba allí, mendigando bytes para abrir un maldito zip. Cerró los ojos y respiró hondo. Fue justo en ese instante de rendición cuando el teléfono móvil comenzó a vibrar con insistencia sobre la madera.
Mateo agarró el teléfono y miró de quien era esa llamada, un numero raro, que no tenía en la los contactos, preguntó con nervios quien era y una voz grave y misteriosa contestó. Esa extraña voz, con acento extranjero dijo: ya lo hemos eliminado, hemos hecho nuestra parte del trato ahora te toca a ti. Mateo pensó que esa llamada había sido por error pero esa idea cambió cuando el hombre al teléfono dijo su nombre, se quedo quieto, sin decir ni una palabra y colgó la llamada. Tras esa llamada Mateo sintió una sensación extraña, como si le vigilaran. ¿Quien me ha hecho esa llamada? Se preguntó a si mismo.
Se le vinieron a la mente un sinfín de opciones pero ninguna parecía cuadrarle. ¿Habría enfadado a quién no debía? ¿Fue pura casualidad? La curiosidad y la impotencia del no poder saber quien le había provocado el nerviosismo, que ahora no podía quitarse de encima, iba aumentando a cada segundo que pasaba. Comenzó a dar vueltas sobre si mismo mientras se mordía las uñas hasta que dio con la tecla. Tenía por ahí el típico libro de páginas amarillas que todo hogar español ha tenido alguna vez, así que buscó en él el número que le llamó y cuadraba.
En efecto se trataba de un número de "el Bierzo", una comarca de León. Provenía de un pueblecito minero para ser más concretos en el cual se ubicaba un ayuntamiento y había tenido lugar un accidente ferroviario del que sus abuelos le habían hablado. Sabía todo esto porque aquel era su pueblo, así que Mateo se montó en el 718 con su hermano y se dirigieron hacía allí para hablar con el dueño de aquel número de teléfono. Eso si no pudieron evitar el manjar de su abuela antes. Más tarde, solo quedaba tomar la decisión sobre que hacer con aquella información. ¿Deberían informar a alguien sobre ello?
Sinceramente, lo mejor sería no revelar nada, ya que eso puede llevar a Mateo a cometer un grave error. Mateo no es una persona demasiado pensativa, así que no le importará prescindir de lo que se le ocultaba. - No creo que el chaval merezca esto que le estamos haciendo. - Lo hacemos por su bien, no debemos exponerlo a semejante bombazo. Finalmente se decidió guardar la información para evitar males mayores, pero había un imprevisto. Se habían dejado un cabo suelto que más tarde Mateo descubrió. -No me lo puedo creer, nunca hubiera imaginado que alguien que quiero me iba a hacer algo así.
Y es que la vida nunca sale como esperamos. Era alguien que mi abuelo siempre decía: si quieres hacer reír a Dios, simplemente cuéntale tus planes. Todo estaba preparado, lo único que faltaba era que Víctor apareciera con Ana para que pudiera decírselo mientras él inmortalizaba el momento. - ¿Cómo que estáis cenando los dos juntos? - Sí, Víctor me llamó esta tarde diciendo que tenía algo importante que contarme. La mente de Mateo no entendía porque su mejor amigo le fastidiaría el plan así. ¿Acaso era cierto lo que decía la gente y él era el ciego que no quería verlo? Su mejor amigo, Mateo no lograba entender la situación.
Aún así pensó. Pensó en si se había lavado los dientes aquella mañana, o quizá si había dejado las llaves de casa en el lugar de siempre, o puede que en sus gatos. No lo sabe bien. Pero sí que hay algo en lo que siempre pensaba: sus ojos. Esa manera de mirarlo y esa forma de hacerlo temblar desde el otro lado de una habitación. Su voz, en parte distorsionada por la distancia y el tiempo. Y cada encuentro y mirada que tuvo con esa persona. Lo revive, una y otra vez. Como si pudiera cambiar algo. Y aunque le asusta, lo deja en manos del destino. Quizá por cobarde, o quizá por ser cauto, no lo tiene claro todavía.
Eligió seguir su corazón y aunque quizás no sea el camino correcto, es su camino, lo que lo hace importante y podrá cometer miles de errores pero nunca arrepentirse. Siguió su corazón aún sin saber si era el camino correcto.
-Espero no estar cometiendo un error. Murmuró para si. Decidió seguir su camino, lo que su corazón le indicaba, pues ya no había vuelta atrás. Sabía que en algún momento algo malo podía pasar, pero no se esperaba que iba a ser tan pronto. Todo au alrededor se empezó a oscurecer y el sentía el agobio y terror en su interior. Alomejor esa no había sido la mejor opción, pero ya no había vuelta atrás
Tenía que continuar , levantó la cabeza y miró hacia el horizonte con decisión y valentía . Sabía que no iba a ser fácil, un camino incierto y probablemente con obstáculos en su camino pero aún así, entendió que la vida no espera y que hay que vivir, buscar, encontrar, disfrutar , enamorarse, reír, llorar y un sin fin de emociones para sentir. Respiró hondo y se lanzó. Empieza su aventura , su sueño, sus ganas de comerse el mundo sin saber que , hay varios obstáculos que tendrá que aprender a lidiar y que superará
Y pesar de la oscuridad en la que estaba inmerso las ganas de superarme no permiten rendirme. Adentrarme en la oscuridad de un camino incierto donde la incertidumbre es mi aliciente como en aquella noche de lunes donde una inmensidad por descubrir me invade y me da fuerza para seguir y no rendirme afrontar la batalla que está por suceder. Y aún inmerso en la oscuridad puedo alzar la cabeza y coger impulso para poder seguir y conseguir la que solamos
Lucho contra la idea de que si no veo luz es porque no la hay, y reniego el pensar que si toco fondo es porque debo quedarme ahí. Tocar fondo, impulsarme, y apoyarme para llegar a la superficie: lo que he hecho desde que nací. Bueno, lo que hemos hecho, porque a veces hace falta un apoyo. Alguien que te dé la mano para sacarte de donde estés, alguien que te acompañe y que crea en ti. De repente, me topé con un cálido amanecer, que me sugirió que estaba donde tenía que estar. Las olas del mar, la brisa marina y los primeros rayos de luz me hicieron darme cuenta de que yo era solo un elemento más del mundo que me rodeaba.
Permanecí en silencio, observando cómo el océano continuaba su curso sin importar nada ni nadie. Pensé en todas las veces que había luchado por controlar aquello que nunca dependió de mí. Mis preocupaciones, que durante tanto tiempo habían parecido enormes, se reducían ahora a algo pequeño y pasajero. Tal vez la vida no consistía en dejar una huella imborrable, sino en aprender a formar parte de algo más grande sin resistirse a ello. Entonces recordé aquello que había intentado olvidar durante tanto tiempo
Ahí estaba, mamá. Aunque ya haya pasado tiempo, aunque intente mirar a otro lado, ella nunca se va. El dolor ya no es el mismo pero sin embargo el amor si. Supongo que solo mueren aquellos que son olvidados y esque, no esque quiera olvidarla sino, poder seguir adelante. Lo que está claro es que la vida sigue, y si tu no sigues con ella, ella no parará por ti, y sí, así de egoísta es el mundo. Tu lo pierdes todo mientras que todo continua su transcurso tranquilamente por mucho que quiera olvidarlo, siempre encuentro el camino de vuelta.
No logro alejarme de lo que fui, creo que en eso radica mi propósito...entenderme, y aprender a llevar esa maleta para mi próximo destino. Quizás aunque no lo entienda ahora, esa será la piedra que me haga tropezar para entender las dificultades de mi camino a lo que quiero ser. Aunque me desconozca ahora y no entienda los porqués, estoy dispuesto a emprender este camino de mi ser.
Y continuo su camino, llegando a un pueblo llamando Daimiel, precioso al igual que caluroso donde un hombre le dijo Mateo, pero Mateo donde vas con este chicharrete! Y se resguardo bajo un olivo cerca de una clínica dental donde trabajaba una maravillosa mujer A veces la valentía se consigue con pasos pequeños
esos mismos pasos que son de un alma gigante, y que poco a poco construyen algo más grande. Pero como siempre uno puede dudar hasta de si mismo, la paciencia se va perdiendo e incluso el optimismo, pero tal vez, eso es lo que Mateo necesita. Que la vida le coja de los hombros y le diga: -No pierdas la esperanza y ves hacia delante, se tu mismo pues el mundo depara algo que no esperas. -Y si realmente no hay nada? Esa es la duda con la que se come su cabeza, pues también tiene ideas de grandeza. Pues el coraje es la armadura que todos portamos, amando cada instante del camino, pero sobretodo, los pequeños logros que conseguimos.
Me costó llegar hasta donde estoy ahora porque el camino ha sido duro pero nunca me arrepentiré de hacer lo que hice, ni de todo lo que he sufrido porque me ha llevado a ser quien soy ahora. De todo se aprende, y de este camino yo lo he aprendido todo. Paula me escuchaba muy atenta y un poco incrédula porque estaba pasando por muy mal momento, estaba viviendo una tormenta, se sentía atrapada en un boquete del que no podía salir, y ella veía imposible el creer que después de sufrirlo todo, podría llegar la calma y la felicidad a su vida.
No fue hasta que horas después, pensó entonces en aquel lunes. El lunes más lunes de toda su vida. Recordó que en ese momento sintió que había soltado las riendas de ese caballo que es la vida y se había dejado llevar por todas las cosas pequeñas que le rodeaban. Los sonidos agudos o graves determinaban cosas diferentes, el olor a café era buena señal. Quizá, la vida podía volver a tener esa esencia tan suya y sus ojos esa chispa tan peculiar. Si no hubiese decidido aquel lunes comenzar una nueva dinámica, nunca habría llegado aquí.
Con esa nueva dinámica, Mateo llegará todos los días antes a la oficina; lo que no sabe, es que la persona que le vigila desde la ventana de enfrente de su casa, también estará vigilando desde el piso de enfrente de su trabajo. Conocerá sus pasos, sus rutinas, a la hora qué toma el café o coloca los archivos. Quizá, haber sido un abogado de éxito, le traerá cambios negativos y no tanta felicidad.
Cuando Mateo consiguio el caso que lo convirtio en uno de los abogados mas prestigioso del pais, descubrio que el exito tenia un precio silencioso. Las llamadas sustituian las cenas, las victorias cada vez sabian menos, y el tiempo parecia escaparse entre casos. Fue entonces, cuando un dia al llegar a casa y encontrarse el salon vacio, entendio algo incomodo: habia ganado el caso mas prestigioso de su vida mientras perdia parte de ella.
Al darse cuenta de esto procede a irse a su casa a gran velocidad, sin saber del todo el porqué. Es en ese miso instante cuando se tropieza con una mujer rubia de ojos claros. Mateo Crespo ve un gran atractivo en ella, y al momento le pregunta:
-¿Cómo te gustaría que te recordaran después de morir? Ella se pone un mechón de pelo detrás de la oreja y responde:
-No es lo que tu crees- dice ella. Pero su voz tiembla justo en la última sílaba, y a Mateo no se le escapa. Hay algo en como aprieta el bolso contra el pecho, como si dentro guardara una respuesta que pesa mas de lo que quiere admitir. Fuera, la lluvia empieza a golpear el cristal del café. Ella mira el reloj, luego la puerta y finalmente a el. -Tenemos 15 minutos antes de que llegue, asi que necesito que me escuches sin interrumpir, ¿de acuerdo? El asintio sin saber que lo cambiaria todo Ella le pide 15 minutos de atención antes de que alguien llegue
y les vea conversar. Mateo no aguantaba la incertidumbre y preguntó: - ¿Que es tan importante para que solo tengamos 15 minutos? Ella esbozó una leve sonrisa y replicó: - 15 minutos nunca serán suficientes. ¿Te has preguntado alguna vez porque tenemos cosas favoritas en la vida? Siempre hacemos la misma pregunta: ¿Cuál es tu película favorita? ¿Y canción favorita? No quiero saber cuál es, quiero saber el porque. Que te hizo sentir, que hace que sea tan importante para ti. Después de esa conversación tan intensa, lo único que Mateo tenia claro era que
Tenía que seguir para adelante, que aunque la vida sea muy dura, el tenía que continuar y que nada ni nadie le podría parar. Después llamo por teléfono a su amiga Daniela para contarle la conversación que tuvo antes y ella le estuvo apoyando en todo momento a que siguiese adelante a pesar de todas las difícultades y que tomase las decisiones pertinentes. No obstante, durante la conversación Mateo se rompió a lloranr de toda la presión que llevaba encima. Después de que Mateo estallase a llorar en medio de la calle, al subir la mirada hacía arriba, no se pudo esperar quien se había encontrado.
Era alguien que le había marcado durante toda su infancia, una persona que le había regalado muchas sonrisas y momentos buenos, tan buenos que no se lo podía creer, estaba junto a él su ídolo de la infancia, ni mas ni menos que el gran Pablo Motos. Mateo tenía una mezcla de emociones dentro suyo tan fuertes que no se le ocurrió otra cosa que, después de quedarse paralizado durante unos minutos, gritó tanto que se escuchó en toda la calle y se fue corriendo de allí. -Esto no puede ser real! -Exclamó Mateo mientras huía corriendo entre lágrimas
Casi sin mirar atras huyó cogiendo sus cosas entre pretenciosas y ridiculas volteretas y acrobacias Casi sin mirar atras huyó cogiendo sus cosas entre pretenciosas y ridiculas volteretas y acrobacias
pero una vez estuvo a salvo, se dio cuenta que había olvidado una cosa súper importante, algo sin lo que no podría sobrevivir pero una vez estuvo a salvo, se dio cuenta que había olvidado una cosa súper importante, algo sin lo que no podría sobrevivir
Le faltaba el libro, esa pequeña libreta en la que apuntaba todo lo importante, tenía que volver. Sin pensarlo retomó el camino de vuelta, sin prisa pero sin pausa, no podía dejarse la libreta. Al llegar al lugar en el que parecía estar la libreta empezó a notar temblores, sudores fríos que te recorren el cuerpo sin pedir permiso, cansancio… En ese instante, Crespo comprendió que algo no iba bien, el mecanismo de su cuerpo fallaba. Se encontraba francamente mal, no podía continuar así y descansó en la calle intentando comprender que podía haber fallado. Repaso mentalmente.
Se centro en cosa que hizo, cada paso que dió, cada persona que miró, pero finalmente recordó lo que llevaba olvidando tanto tiempo.
¿Y que es realmente el olvido? Algo puede estar en tu mente sin materializarse durante años y un día aparece. ¿Es eso olvidar? ¿Y qué es el recuerdo? De alguna manera es lo mismo. Puedes estar días horas o días sin pensar algo y a la semana recordarlo. Entonces, ¿qué es realmente olvidar y recordar?
La reflexión no salia de mi mente, olvidar y recordar… Me fui a casa con el runrun en la cabeza. Mis pensamientos me ahogaban. Necesitaba gritar. Entonces se me ocurrió, cambié de dirección y me dirigí hacia el bosque, me adentré hacia el que había sido nuestro lugar secreto hacía ya mucho tiempo. Aquel claro al lado del río, donde los pájaros solían cantar y el viento nos daba en la cara mientras reíamos y confesabamos nuestros secretos más oscuros. El sol estaba cayendo, la noche se imponía ante mi, y entonces en aquel claro grité con fuerza. Solté todo ese odio acumulado hacia el pasado…
Todos esos pensamientos que no era capaz de decir en voz alta, cobraron vida. Me sentí mucho más aliviado después de aquello, fue como si me hubiera quitado un dolor que nunca pensaba perder No fue hasta la noche cuando llegue a casa muy cansado escuche un grito muy cerca mío….
el sonido provenía de una habitacion escaleras arriba, con paso tembloroso me dispuse lentamente a ver de que se trataba. Finalmente, lo vi. Al asomarme a la puerta pude ver de reojo lo que parecia un rastro de fluido teñido de rojo, efectivamente, era sangre, o ketchup, ni idea la verdad. Asi que para salir de dudas, hice de tripas corazón y entré al cuarto, encendí la luz con pulso tembloroso y vi lo que parecia un loro sangrando junto a un árbol de peluche, que clase de escena es esta?
Era todo muy raro, volví a mirar con incredulidad al loro, ¿como podría haber pasado esto?. Me preguntaba una y otra vez, todo era tan raro pero sabía que podía salvar al loro después de todo, el era mi mascota, mi animal favorito y lo que más quería en el mundo. Encontré al loro herido, mi mascota, y me dispuse a salvarlo.
El corazón de Mateo dio un vuelco al ver el plumaje esparcido por el suelo. Reaccionó casi por instinto, envolvió al animal en una toalla y desbloqueó el móvil para llamar a la única persona que podría ayudarlo en este caso. —Por favor, mi loro apenas respira, voy hacia allá —exclamó Mateo, con la voz rota. —Trae al animal de inmediato, pero prepárate para lo peor —respondieron al otro lado de la línea. Mateo colgó, salió al pasillo sosteniendo a su loro herido y al presionar el botón del ascensor, se dio cuenta de un detalle aterrador.
la sangre que manchaba las plumas de su loro también estaba en el suelo del pasillo. Formaba un rastro irregular que se alejaba de su puerta y terminaba justo frente al ascensor. Mateo frunció el ceño. Era imposible. El loro se había herido dentro del apartamento y él acababa de salir. Entonces las puertas del ascensor comenzaron a abrirse lentamente. Allí dentro no había nadie. O eso parecía. Entonces las puertas del ascensor comenzaron a abrirse lentamente. Allí dentro no había nadie. O eso parecía.
Mateo se miró al espejo, se hizo un poco el guapo, cerró los ojos y suspiró. Cuando los abrió, no estaba solo, una hermosa chica le acompañaba entre esas 4 paredes. A dónde vas tú- preguntó la chica. A casa de mi madre- respondió Mateo. Tras unos segundos se abrieron las puertas a la altura del cuarto piso. Hasta luego- con una sonrisa exclamó la desconocida. Esa corta conversación, se le quedó grabada, le había llamado mucho la atención esa chica, tenía que encontrarla sea como sea. Se abrió el ascensor
No podía olvidar sus ojos, su mirada, su olor a libertad. Y no hacía más que pensar en todo lo que podría haber dicho. Y saliendo la encontró. Divina solución a su pesado andar, a su cabizbaja mirada, al ansia de esa libertad. Que supo satisfacer la sed de tal musa, topándose torpemente con él bajo el arco del alto techo, que amparaba su soledad, y hacia dibujar para sí una fina sonrisa. Esa digna de los que sueñan con tocar el fuego y no quemarse, porque al menos el calor de esa llama es hogar. Y con el alma en las manos, se encomendó al oficio, sin saber el desenlace, sin creer en nada, pero sabiendo que es su deber.
Mateo Crespo respiró hondo antes de entrar en el edificio. Había dudado muchas veces durante los últimos días, pero ya no podía echarse atrás. —¿Estás seguro de esto? —le preguntó Laura por teléfono. —No lo sé —respondió él—, pero si no lo hago, me arrepentiré toda la vida. Al llegar a la puerta del despacho, se quedó inmóvil durante unos segundos. Sabía que al otro lado estaban las respuestas que llevaba meses buscando. Finalmente giró el pomo y entró. Lo que vio allí hizo que se le helara la sangre.
Al girar el pomo, su corazón comenzó a latir de manera enérgica, tan fuerte que parecía que iba a salirse fuera del pecho. Las gotas de sudor comenzaron a deslizarse por su cara mientras que sus ojos no podían de parar de mirar lo que estaba sucediendo en esa sala. Por su mente comenzaron a brotar pensamientos, sin emitir ni un sonido ni medio por su boca. Durante unos minutos se quedó estático, con la mano en el pomo, como si sus pies se hubieran quedado pegados al suelo. Pero tras esos minutos de incertidumbre, se armó de valor y comenzó a alejarse de la puerta.
Mateo apretó el paso por la acera , sintiendo el peso de la mochila sobre los hombros. Sacó el móvil para revisar la hora; el brillo de la pantalla iluminó su rostro cansado. En ese momento, una voz conocida a sus espaldas lo obligó a detenerse en seco. —¡Mateo, espera! ¿Vas a dejarlo así? —le gritó alguien desde la otra acera. Él suspiró y se giró con amargura. —Ya no hay nada que hablar —respondió con firmeza. Sin embargo, el destino tenía otros planes y una llamada inesperada cambió su rumbo por completo.
entonces Mateo Crespo se sintió tan nervioso y feliz. Se reunió con el socio al que le ejecutó la llamada. Mateo Crespo: -¡No puedo creer que estoy aquí! Socio: -Le llamo porque quiero que seas parte de la empresa de la IA que vamos a fundar. Mateo Crespo: -¡No puedo creer que estoy aquí! Socio: -Le llamo porque quiero que seas parte de la empresa de la IA que vamos a fundar.
Joaquín bajó la voz. Hace un mes te echamos por "reestructuración". No fue eso. Grabamos tu trabajo seis meses y estuvimos entrenamos un modelo contigo. Mateo miró el contenedor de basura por la ventana, lo único honesto en esa llamada. - Me cambiasteis por una ia. -Y funciona. Por eso te llamo: la empresa nueva quiere hacerlo con otros puestos. Tú decides cómo. O te quedas mirando cómo lo hace otro. Silencio. Mateo se miró las manos y supo que debia entrar en la empresa. Mateo colgó, miró sus manos vacías y susurró: -Si voy, dejo de ser yo. Si no voy, ya he dejado de serlo.
Lo que no sabía es que esa decisión unía su camino con el día alguien más, alguien que siempre estuvo a la sombra, uno de esos miles de ojos que acechaban. Siempre estuvo esa persona en el público, entre ese ruido era una de las voces que nadie nunca se paró a escuchar pero por primera vez alguien le pondría el foco, ya que infuria de una manera irreversible. Mateo aún no sabía a qué se enfrentaba pero sabía una cosa solo, no había vuelta atrás.
Sin pensárselo dos veces se adentró en la oscuridad. Poco a poco , y sin ver nada, en ese misterioso lugar empezó a aparecer todo eso de lo que había huido durante tantos años y que tanto había intentado evitar. Se armó de valor y conteniendo la respiración se propuso enfrentarse a todo aquello. Ya no tenía ninguna otra escapatoria. Este era el momento.
Después de días dándole vueltas a la situación, Mateo lo hizo. Le contó la verdad a aquellos que no lo creían porque se merecían saberlo. Nadie en el mundo sabe lo mal que se pasa cuando no se comprende lo suficiente a las personas o cuando no se les escucha. Ese momento era necesario, no solo para él sino para su alrededor. Nadie sabía lo que iba a pasar después de aquello, pero era necesario hacerlo ahora más que nada en el mundo.
"Preparados, listos, ¡ya!". ¿Cuántas veces había escuchado aquellas palabras? De pequeño, las usaba muy a menudo para cualquier reto con sus amigos. Pero ahora ya no, ahora ya no era un niño. La vida adulta había atado sus talones a la rutina y lo había dejado indefenso. Sus huellas cada vez más invisibles y su alma cada vez más vacía por el cansancio. Automáticamente le vino la frase de su abuela a la cabeza: "Mateo, la vida te cambia en un abrir y cerrar de ojos". Así que tomó la decisión. Automáticamente le vino la frase de su abuela a la cabeza: "Mateo, la vida te cambia en un abrir y cerrar de ojos". Así que tomó la decisión.
No sabía si en algún momento se arrepentiría, lo único que tenía claro era que nada impediría lo que estaba a punto de hacer. Cogió las llaves y se montó en su clase A, hecho un mar de dudas pero siempre con la verdad por delante. Condujo hasta aquel lugar lo más rápido que puedo, sin apenas pensar en las terribles consecuencias que eso tendría. Al bajarse, una intensa brisa alocó su cabello engominado. Todo parecía normal hasta que la vio. Todo parecía normal hasta que la vio.
Mateo Crespo frenó en seco. Era Jesus Villegas, en persona, firmando autógrafos en la puerta de un centro comercial. Cola de veinte metros, gente empujando, como la plaza Callao un sábado de rebajas. Se acercó sin pensar. Llevaba días con una pregunta en la cabeza. «Oye», dijo cuando llegó al frente, «¿sabes que llevas meses cediendo los datos de tu comunidad sin su consentimiento?» Yisas sonrió. La sonrisa de siempre. «Eso lo gestiona mi equipo.» Mateo asintió despacio. Claro que sí. Detrás de él, la cola seguía creciendo. A nadie le importaba nada de lo que acababa de pasar.
Fin
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